Por: Reynaldo Marcos Padua

2 y 14 de diciembre de 2002, 5:00 p.m.

 

 

RMP: Marcos, ¿que es para ti la poesía?

 

MRF:  La respuesta a eso depende del estado de ánimo del poeta.  Podríamos decir que es una especie de diálogo con uno mismo.  A veces, es un borbotón de emociones y, a veces, también es una suerte de comunicación con los otros.  No debemos tratar de reducir tanto a definición a una disciplina que es parte de la conducta de toda la humanidad.  Normalmente (como norma, quiero decir), yo no escribo a menos que no sea urgente.  No soy poeta profesional ni tengo línea de ensamblaje.  Mis poemas,  por lo menos en su fundamento, son muy auténticos.

 

RMP ¿A qué edad te iniciaste como poeta?

 

MRF:  En la escuela intermedia, entusiasmado con Bécquer y otros poetas de mucho sentimiento y mucha claridad.  Algunos, incluso, de poca persistencia en el gusto literario de los iniciados.

 

RMP:  ¿Además de Bécquer y esos que dices, podrías mencionar otros que te interesaran?

 

MRF: Probablemente Neruda, Rubén Darío y algunos otros; después, advine al conocimiento de Miguel Hernández y también de la Generación del 27 en España.  Por ese tiempo descubrí  a Neruda, pero el que me impresionó inicialmente fue Bécquer.  Yo había leído a Palés Matos, a Gautier Benítez..., pero fue Bécquer, por su claridad de palabra, quien me conmovió.  Otro poeta importante que descubrí también lo fue José Antonio Dávila.   Verás, cuando yo llegué a la Escuela Superior Central me leí todos los libros de poesía que había en la biblioteca.  (Que no había muchos, dicho sea de paso).

 

RMP:  ¿Y Buesa?

 

MRF: Buesa es muy corto de vuelo; andaba por ahí como en confetti, la accesibilidad ante el público es porque es un poeta coherente, y de gran dominio de la expresión; y como él hay un montón de poetas.  Aquí, una vez vino Alvarez Silva, autor de Clepsidra, cubano.  Yo me ponía a comentar con Francisco Matos Paoli de estos poetas poco conocidos, y él decía: “Hay que tener cuidado, porque [su poesía] puede ser puras frases.”  Don Paco era un estudioso de la expresión literaria y especialista en poesía.  Hay veces que me decía: “Marcos, la música, todavía, es ruido.”

 

RMP:  Marcos, ¿crees que la poesía, la literatura, esté condenada a desaparecer?

 

MRF: Creo que, como otras formas de expresión artística, siempre habrá, aunque sea, un círculo pequeño, relativamente, de personas que la van a disfrutar, aparte los poetas, claro...  Es lo que pasa, por ejemplo, con la ópera.  Ciertamente, la poesía ha perdido importancia como género artístico; y, seguramente, si la cosa  madura como pinta (como se dice), va a seguir perdiendo importancia.  No puedo prever una situación en que retorne a la importancia que parece haber tenido en épocas pasadas.

 

RMP: Háblame de tu vínculo con la revista Guajana.  ¿Qué me puedes decir?

 

MRF: La revista Guajana fue el vehículo que ideamos crear, el grupo de poetas que nos conocíamos desde bastante antes, desde que éramos niños que jugábamos con canicas.   Cambiamos las canicas por poemas.  Alrededor de nosotros, o con nosotros, coincidió otro número de personas interesadas, que ya estaban creando versos.  Puedo recordar a Juan Sáez Burgos, Ewin Reyes Berríos y otros poetas más.  En alguna ocasión, nos reunimos en un lugar que no puedo precisar bien ahora, no sé si en el Instituto de Cultura o algún otro sitio, y decidimos crear un vehículo de expresión.  Entonces, empezamos a barajar nombres, como es normal, y yo sugerí Guajana.  Tampoco te sé decir si alguien no me lo sugirió a mí, pero yo lo sugerí al grupo y ese fue el aceptado por los muchachos.  Al cabo de, creo, la tercera década de existencia de la revista, José Emilio González nos preguntó  por qué el nombre Guajana, tratando de  saber si había algún vínculo entre ese nombre y la realidad agrícola.  No había tal cosa.  Adoptamos el nombre porque nos gustó, por ser algo nacional y, además, una palabra muy eufónica y que designa un airón de la caña que nos parece muy hermoso, parte de nuestro paisaje.  Fue una preferencia por gusto, no porque tuviera ningún vínculo ideológico ni de ninguna otra naturaleza.

 

RMP:  Te voy a preguntar, Marcos, sobre los Festivales de Navidad del Ateneo Puertorriqueño.  Tú ganaste el premio dos años consecutivos, con dos libros de poemas. ¿Qué me puedes decir sobre esto?

 

MRF: Esos libros eran más extensos, pero, como el concurso requiere que sean obras inéditas y algunos de esos poemas habían salido lo mismo en la revista Guajana que en otros lugares, entonces, hubo que separarlos, para presentar el libro al concurso del Ateneo.  Como tú, presumo que sabes, los poetas no escribimos libros, escribimos poemas y después hacemos, armamos libros con esos poemas, de manera que no hay  nada de irregular, para unos fines u otros, que uno añada o quite de un libro  poemas, y eso fue lo que yo hice en esa ocasión con algunos poemas que separé de un libro y otro para poderlos presentar.

 

RMP:  Esos poemas que sacaste, ¿en algún momento fueron reintegrados o están en proyecto de ser integrados a los libros originales?

 

MRF: No, porque yo no he reeditado esos libros y tampoco he publicado ninguno otro.  Lo que yo pienso es que esos poemas, los que de ellos valgan la pena, como se dice, van a ir a la antología nuestra, que tenemos proyectada hace algún tiempo, que no acabamos de formalizar, pero que lo haremos en cuanto tengamos el tiempo suficiente.

 

RMP: Además de esos dos libros, Arbol prohibido y Todo el hombre, ¿has continuado el oficio poético aparte de tu trabajo profesional?

 

MRF: Lo he continuado, pero con cierto ritmo muy esporádico.  Yo no me dedico, como he dicho antes, a escribir  poesía ni lo hago como una disciplina; yo, cuando ciertamente tengo urgencia de decir poéticamente, me dispondo a hacerlo.  Por mero gusto o por necesidad de expresión o por lo que sea, pero cierto grado de urgencia debe de haber.  No es esto una artesanía y no creo que ni a la humanidad le haga falta mi poesía ni se va afectar nadie en particular porque yo deje de escribir hoy o mañana.  Poesía tenemos en el mundo, que nunca terminaremos de leer, de forma que, creo, eso un poco contribuye a que lo que yo he escrito, por lo menos después que uno es jovencito, incluso cuando se inventa situaciones para escribir poesía es una obra auténtica en cuanto expresa o intenta expresar emociones, pensamientos, sentires de uno mismo.

 

RMP: Marcos, tú, también, has explorado la narrativa. ¿Qué dices sobre esto?

 

MRF: Eso lo he hecho muy poco.  No es disciplina regular, y he escrito algunos cuentos, que han sido premiados porque los he enviado a concursos, pero no es una cosa  que yo cultive regularmente.  Ciertamente, me gusta mucho el relato corto.

 

RMP: Tú has viajado mucho como parte del grupo Guajana y has tenido la oportunidad de conocer otras culturas hispanas y de otras raíces.  ¿Cuál ha sido tu experiencia al ir a estos lugares como poeta, como hombre?

 

MRF: Bueno, yo he viajado primero como dirigente estudiantil de la Federación de Universitarios Pro Independencia y, después, privadamente, algunas  veces en compañía de compañeros poetas. Y normalmente, cuando yo he viajado, lo he hecho con un propósito de conocer determinada cultura nacional.  Yo, antes que ir a ver museos y cosas de esas, prefiero sentarme en las plazas de las ciudades a donde yo voy,  ver cómo la gente actúa y ver si hay alguna particularidad que los diferencie de nosotros los puertorriqueños.  Me he encontrado que la gente hace, normalmente, las mismas cosas que  hace la gente aquí en la plaza; que los pueblos son muy parecidos, que lo que hacen es trabajar, comunicarse sus miembros entre ellos, y contarse sus preocupaciones, sus querencias, sus objetivos, y luego, solicitarse y darse ayuda, cosas como esas  que se hace en todas partes.  Y, luego, continúo con esa inclinación de observar a las gentes sencillas de los pueblos donde yo visito; luego, claro, si hay tiempo, voy a ver museos, voy a galerías de arte  y cosas de esas, pero me interesa lo que es la conformación elemental de esas culturas, el aspecto de la ciudad, la idiosincrasia  de la gente, cosas como esas.

 

RMP: ¿Has ido a leer poesía a  Cuba o a otros países?

 

MRF: He leído poesía en Caracas, en Santiago de Cuba, en Santo Domingo, en Buenos Aires.

 

RMP: ¿Qué puedes decirme en relación con tu poesía en algún momento futuro?  ¿Tienes algunos planes?  Mencionaste una antología.  ¿Qué otras cosas tienes en mente?

 

MRF: Seguir creando en la medida de la necesidad, sin hacer una poesía forzada, sin obligarme a hacer poemas porque tenga que preservar un título que me hayan reconocido de poeta.  Como te dije ahorita, la poesía debe ser auténtica, debe expresar una condición emocional o unas ideas muy personales del poeta.  El poeta es el ser indiscreto por excelencia,  y creo que ese es el valor de ese género literario.

 

RMP: Los poetas de Guajana han tenido un vínculo con la plástica, con la pintura, y veo que tienes en tu casa muchas obras de arte. ¿Cómo ves la relación de la poesía con la pintura, por lo menos, en ti, en tu persona?

 

MRF: Desde que Guajana salió impresa y ahora en Internet, cada edición trajo aportaciones gráficas de los más importantes artistas del país.  En esos números, hay colaboraciones de autores plásticos como Rodón, Tufiño, Antonio Maldonado, Luis Alonso, muchísimos más que de momento no me vienen a la mente, pero con quienes he tenido el privilegio de relacionarme.  Yo creo que, de esa misma manera, el arte plástico y la gráfica se complementan con la poesía y viceversa, porque es juntar dos manifestaciones artísticas que no tienen nada de contradictorio entre sí y que, por el contrario, pueden llegar a ser complementarias.

 

RMP: ¿Has intentado expresarte como artista gráfico?

 

MRF: Nunca, nunca.

 

RMP: ¿Qué podrías decir a los jóvenes poetas?  ¿Qué le podrías recomendar a personas que comienzan en el oficio?

 

MRF: Lo que yo siempre recomiendo a los jóvenes  es que deben persistir en la lucha con la palabra.  Crear poesía no es fácil.  Puede ser que ese borbotón de inspiración que puede aparecer en un momento dado pueda parecerles satisfactorio, pero ese material hay que redomarlo para que, en realidad, sea poesía; es decir, tienen que reducir la expresión  a su mínimo, de manera que el verso sea una vía de imaginación para el lector.

 

RMP: He observado que eres una de las personas más concientes en el uso del idioma, que tienes una enorme conciencia de responsabilidad en el uso del idioma.  ¿Podrías abundar sobre esa actitud idiosincrática tuya?

 

MRF: Yo disfruto mi idioma.  Entonces, estoy muy interesado en que se mantengan sus caracteres, su particularidad, que no se pierda, con el contacto con otras lenguas, su forma autóctona.  A veces, por el roce entre el inglés y el español, se tiende a utilizar vocablos que son parecidos, pero que no tienen el mismo significado.  Yo estoy muy pendiente de eso.  No es que hable perfectamente sino que tengo esa preocupación siempre, de tratar de que no se utilice una voz de otra lengua extranjera con la acepción de ese otro idioma y no con la propia.  Me parece que por esa vía se desnaturaliza el idioma.

 

RMP: Parte de tu poesía es de carácter comprometido.  ¿Cómo  te sitúas ahora ante ese tipo de literatura?

 

MRF: La poesía siempre ha tenido esa inclinación a comprometerse cuando es necesario, pero es necesario, además, que se preserve la calidad poética:  No basta con que se digan cuatro consignas para que se haga buena poesía.  Y, en realidad, si no es buena, ni siquiera es poesía.  Por eso, hay que tener mucho cuidado con expresiones ideológicas políticas o de otra índole, porque podría parecer que da más importancia al contenido de las consignas, de lo que se dice, que a su calidad poética.  Se puede hacer poesía comprometida, se puede hacer poesía, incluso, militante y ser claro en la expresión, pero hay que mantener un nivel poético que no se puede abandonar.  No  se justifica, de ninguna manera, el uso de expresiones políticas o raciales o, lo que sea en ese momento:  El compromiso que en ese momento se expresa no justifica la  pérdida del nivel poético.

 

RMP: Marcos, ¿crees que pueda ser antagónico el ejercicio de la abogacía con la obra literaria?

 

MRF: Puede ser antagónico y  puede ser coadyuvante, porque la práctica del derecho y el estudio del derecho te dan una conciencia de la significación de la lengua, de lo que se expresa.  También en esa disciplina es importante la precisión lingüística.

 

RMP: Como Lloréns Torres, que era abogado y poeta.

 

MRF: Claro.  La precisión es importante; el uso de la lengua es importante.  Por ese lado, ganas; pero, por otro lado, el ejercicio del derecho es un oficio que te acapara mucho la atención y el tiempo, de manera que puede, en ese sentido, hacer difícil el cultivo de la poesía o de cualquier otro arte.  Yo recuerdo a Francisco Manrique Cabrera, cuando se enteró de que yo estudiaba derecho, me contó que él había estado en la Escuela de Derecho y salió corriendo de allí porque entendía que le impedía el cultivo de las artes y de la literatura que a él le interesaban tanto.

 

RMP: Yo conocí a un poeta, don Gaspar Gerena Bras, que se lamentaba de que, si no se hubiera dedicado a las leyes, habría podido hacer muchas otras otras cosas.  Un excelente poeta dicho, sea de paso.

 

MRF:  Yo lo conocí personalmente.  El problema es que no se puede vivir de la poesía.  Del derecho, puede uno vivir, aunque no se hace rico, (digo, si uno lo practica honestamente) como todo el mundo presume,  pero, ciertamente, es un oficio para uno vivir decorosamente.

 

RMP:  Bueno, Marcos, te doy las gracias compartir este tiempo y opiniones conmigo, y en otro momento propicio retomaremos esta conversación tan amena e ilustrativa.

 

MRF: Bueno.                                                 

 

 

 

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