
La palabra y sus magos
de Juan Sáez Burgos
Buenas noches a todos:
En la página 44 de este libro, sección subtitulada Poemas portátiles, el autor ha colocado un corto poema de nombre Estrategia de bienvenida que dice así:
El poeta
Aguarda.
Tiene paciencia de decir.
Busco morada.
Espero encontrar
Mi domicilio en ti. (p.44)
Con esta sencilla expresión de encuentro, el artista nos remite al fenómeno comunicativo del arte poética; a la búsqueda de la identificación del poeta en tanto hacedor de arte y al ser humano que respalda con sus vivencias a esa otra faz de su personalidad que es el creador de versos. Esa paciencia de decir presume la elaboración paciente y esmerada del producto literario, en tanto la espera el aguarda presupone el intervalo temporal que no se puede medir en tiempo biológico (aunque no lo excluye) para que el proceso de re- creación entre lo comunicante y lo comunicado germinen dentro del mundo íntimo del lector dando por resultado el objetivo del ciclo comunicativo: es decir la transmisión de los códigos con que han de entenderse el autor y su lector y, finalmente, el fin último de esta fusión mágica de la palabra, que es la estadía permanente dentro del sistema emotivo-mental y cultural del receptor.
Esa estrategia que nos da Sáez Burgos, tan sintéticamente esbozada en los versos referidos, nos define a todos los comunicadores del arte de la palabra. De ahí el título plural, extraño para un libro de lírica, y que, sin embargo, se hace congruente a medida que el lector se ahonda en su intramundo poético, tal y como ha sido recogido en esta antología poética.
No sé si fue Walt Whitman quien dijera : quien este libro toca, un hombre toca, algo por el estilo, la idea la evocamos para corresponder a la sensación que supone la lectura, el contacto vital con los versos de Sáez Burgos. Esa busca de mi domicilio en ti con que define la estrategia artística eventualmente, redundará en el desenvolvimiento de unos poemas originales en su factura formal, agudos y sentidos, que traducen la personalidad poética que aflora ante el lector para conmoverlo con sus preocupaciones humanas y sociales, para hacerle partícipe de su amor y aun de su dolor, de su ingeniosidad y su formidable cultura vital. Asistimos a un descubrimiento de alma, entendible ésta como la íntima manifestación sentimental, intuitiva e intelectual con que el hombre, y por ende el artista, se expresa a través de sus formas.
De tal descubrimiento comparto la organización de este poemario en la forma de una antología poética que reúne la quintaesencia de la alquimia a la que Sáez Burgos se ha dado, como los magos de antaño, para transmutar sus experiencias humanas en la forma más condensada y teúrgica de todos los géneros que es la poesía lírica. Aquí se establecen las fechas de 1962 a l997 y al hacer la aritmética podemos calcular nada menos que 35 años de granada producción poética, humana, autorreflexiva, vitalista y amatoria y como arte que se hace conciente de sí mismo. Esto se manifiesta hasta en el mismo nombre de La palabra y sus magos que parece más título de un tratado que de libro de versos y, sin embargo, nos conecta con su afán de extrapolar la experiencia individualizada con el propósito de trascender del yo particular hacia un nosotros, especialmente, pero no en exclusiva, de la parte que corresponde a Un hombre para el llanto. Esta característica ubica al artista generacionalmente con los poetas de la generación llamada del 60 en nuestro ámbito y se reafirma en la filiación, pues al libro lo precede no un escrito prologal, sino un poema de Wenseslao Serra Deliz, de la mesa directiva de la revista Guajana, puntal indicativo de los poetas de esa hornada y quien da la bienvenida al compañero diciéndole afectivamente:
Qué bueno saber, hermano
Que has corrido más que el viento,
Que bajaste malherido y quemado al infierno
Y saliste al fin con pecho de vidrio
Y un explosivo corazón de verbo hirviendo. (Acuse de recibo)
El orden del libro pasa del período temporal, más o menos inmediato 1990-1997 y cruza hacia la década identificada en el orden como Los ochenta (donde se ubican Poemas portátiles y Relato del encantador). Le sigue la sección cuyo título es Comienzo de la cuica que nos sirve de puente a la próxima década, identificada sencillamente por Los setenta (nuevamente alberga dos segmentos: Las maquetas del viento y Las piedras de la aurora). Nunca en el mismo sitio se fecha en México, l967; de ahí pasamos a Un hombre para el llanto, libro que ocupa en nuestra lírica un sitial destacado, y que obtuvo premio de poesía en el Certamen del Ateneo Puertorriqueño en 1963. De ahí se va a la parte identificada Los sesenta y, luego del recorrido, regresa otra vez , a los inicios temporales con un manojo de poemas de 1997, fecha que identifica la parte del final del conjunto.
El libro nos recibe con una agrupación de poemas cuya unidad general se organiza en torno a la celebración y cántico de un amor que se ha dado fresco, nuevo, extemporáneo; un amor que tiene que reinventarse para no repetir, tanteo del encuentro como quien viene de la vida. El primero, titulado Hicimos Buena cama afirma:
A mi edad y experiencia
La primera sorpresa contigo fue el noviazgo
Ésto (sic)de enamorarse poco a paso.
Vivía resignado no sin pena
A que esto ya no es, ya no se puede
A que era parte viva sola mente de los tesoros
Míos del
[recuerdo.] (p.3)
El poema cuenta y enmarca el desarrollo de una relación, con las típicas situaciones de lo que en este tipo de dinámica habitualmente genera:
Nos presentamos amistades mutuas.
Caminamos las calles.
Hallamos sitios nuestros.
…………………………
Te pregunté te dije
Yo no puedo creerlo, somos novios.
Reímos entre el riesgo de lo cursi y lo cierto
De aquella
Ya verdad sobre la tarde. (p.4)
El poema detalla toda la relación amorosa, desde el conocerse hasta el entramado que redescubre el encanto del enamoramiento, el despliegue de las feromonas y de los intercambios de gustos y sentires:
Se dio el viaje en la cama
……………………………
Entre sábanas brazos almohadas muslos
Pies enlazados
Hubo ese mundo de paisajes nuevos
Ojos a ojos
Exhaustos y serenos y sudados
Vivimos los parajes nunca vistos ni en sueños (p.5)
El poema finaliza: Que dure mucho mucho este comienzo. En los poemas siguientes ya la relación ha tomado curso y se habla del amor espigado:
El corazón sembrado
Que por más que regué
Que aboné
Nunca fue planta
Saltó hasta el hueco izquierdo
De este pecho
Llegó acá
Se ubicó
Ha seguido bombeando sangre nueva. (p.7)
La amada de estos versos se identifica con un anagrama misterioso que el poeta destaca en cursiva como Ajmarmarlar. Se habla de ella como una mujer poeta:
Una mujer completa hermosa poeta
Que me asume en palabras
Me convoca a sus ritos desde su sala sola (p.14)
Aún más, el poeta exalta el grado de su compromiso amante:
Esa mujer, la mujer que digo
Me quiere yo la creo
Me crea yo la quiero. (Ibíd.)
En estos versos, plantea el grado de fusión emotiva y ontológica:
Saber que en algún momento en esta noche
De viaje a madrugada
Va a llegar el instante
En que acune dormido
Y de las dos mujeres que en silencio me miran
Es la poeta
Es la mujer, es ella
La que alcanza mis sueños
Se encarama
Y me escribe. (Ibíd.)
En este amor, el poeta destaca su grado de intensidad y decisión , con grave apasionamiento:
Me tiro de cabeza sin medir profundidad
En esto del amor sé que somos raíz.
Si lo peor es que me parta el cuello triture la
Cabeza
Vale la pena el riesgo. (Logística p.26)
A partir del poema Fin de semana con lunes se anuncia tiempo malo para la relación:
Qué Lunes lento éste
Lo he pasado esperando esa llamada
No sé si va a llegar. (p.27)
Entonces la voz poética declara:
Qué trampas nos tendemos
Podría fácilmente agarrar el teléfono
Y llamarla.
No hay nada que lo impida.
Sólo que he decidido deliberadamente no hacerlo
Así
No sé por qué. (Ibíd.)
Y luego:
Son las dos de la tarde de acuerdo a este reloj
Que nunca que recuerde había mirado tanto. (Ibíd.)
En Clave de desamor el poeta recurre a la amarga ironía, reflexionando desde la pena nueva:
Ella es joven joven
Joven, triste y bella
La víctima perfecta.
La engatusas
La atrapas
La capturas.
La encierras en una jaula de oro
Que tenías dispuesta.
No le haces el amor
La preñas
Para encerrarla más. ( p.32)
Autocrítica dura que finaliza en agria filosofía:
Triste Viejo y sabio maquinador
Perdiste en dos detalles:
Se te olvidó cerrar la puerta,
Y el ala que cortaste
Le creció.(Ibíd.)
Hay otros poemas en el manojo no relacionados con la historia amorosa, como Autorretrato, un homenaje a Juan Ramón titulado No la toque ya más que así es la rosa y un emotivo Minuto con ventanas en recuerdo del fundador de esta institución, Ramón Aboy.
La sección Los ochentas se compone de dos partes nombradas Poemas portátiles y Relato del encantador. En la primera, sorprendemos el afán cotidiano, la evocación que se descubre en la dedicatoria a sus hijos “por las nanas que no supe escribir (dice) a su debido tiempo”. Los poemas tienden a ser breves, acaso juguetones en el lenguaje, precisos y brillantes. En algunos momentos recuerdan la estética imaginista: la vinculación con los versos japoneses haiku o los kohanes budistas. El tema del amor como en toda la obra se hace persistente, cobra aquí significación en los dedicados a la amada que se esconde tras el tú de los versos eróticos, especialmente aquellos fechados y ubicados en los ochenta y en Boston, Ma. Hallamos el afán de reflexionar sobre el poeta y su oficio más destacadamente en esta parte aunque no es exclusiva de esta pues representa una particularidad temática de Sáez en toda su obra. La poesía es, para él, algo que se lee alrededor, en el entorno, en la vida, el poeta camina calles, se relaciona con los demás, se sienta en los parques, en lugar de la imagen tradicional del poeta como ente contemplante, aquél que sirve de monitor a su mundo interno desde su torre de marfil. La imagen del poeta en Sáez es la del hombre doliente y cotidiano, la del ciudadano, hombre sospechoso a las autoridades, por su oficio mismo:
Todavía lo buscan al poeta
Han publicado anuncios
Edictos recompenses.
Lo acusaron lo acusan lo señalan.
Le fabrican crímenes delitos aventuras
Le inventaron leyendas.
Lo sigue la Interpol la KGB
la CIA
lo buscan como sea
dondequiera. (p.54)
Y la razón:
…su vida
es riego de los otros
por las cosas que inventa. (Ibíd.)
Los poetas dice Sáez Burgos han dicho cada día que son abel cain buda la noche la ventana el sentimiento el alma. El poeta destaca esa excesividad de los poetas en su Nocturno bucólico:
A veces siento
que le exprimo poemas a las noches
a las tetas de la noches
que no escribo poemas
los ordeño.(p.91)
Sabe, pues, en un verso único, que es todo un poema, precisamente titulado Arte poética, el cual dice únicamente así: La frágil permanente magnitud de la belleza. De esta suerte nos hace saber que la poesía: En este mundo la poesía cabe/cantando respirando conviviendo. Afirma con dolor que los poetas somos llorones: los llorones más grandes de la tierra. Ya en la sección Relato del encantador el locus amenus de su escritura es nada menos que un fire escape. Allí se esconde el mago a crear. El poeta nos habla de esas regiones del alma donde puede serenamente andar, glosando unos versos suyos, introduce la temática de las alfombras mágicas y el juego de palabras con la palabra olvido a la que llama una doblecleta. Obviamente, lo lúdico se torna más climático en el poema La risa que conduce y finaliza en un festín de juego de palabras.
La parte de esta antología nombrada Comienzo de la cuica, abre con un epígrafe de Mayakovski. Nos topamos con una gran conciencia de otredad y de alienación. Dice el poeta:
Siempre fui minoría
Soy zurdo
además
hombre de izquierda (p.89)
Esta parte del libro contiene el poema que da título a toda la colección La palabra y sus magos y en la que ensaya un ars que, mediante una suerte de alegoría, evanece vocación y método, fondo y forma, significante y significado vital del oficio artístico. Sujeto a otras docilidades de interpretación, dentro del contexto exclusivo de lo artístico, aparece el juego y rejuego entre la vocación y la vida, el poeta y su obra y, acaso como postulación de la irrealidad del mundo aparentemente real. Dice el poema:
Se esconde la persona del camino.
El camino la busca,
No se asoma.
Se le esconde el camino a la persona.
La persona lo busca,
No se asoma.
Se esconde la persona y el camino.
Se buscan el camino y la persona.
No se asoman. (p.90)
Se hace notable la intención de la palabra como objeto de arte-poesía y la persona como mago-poeta en esa agónica persecución dialéctica, búsqueda evanescente que cancela el fin dialéctico donde no ocurre síntesis, sino la reiteración de la separatividad: camino-persona. Es decir, alejamiento que resuelve en la Nada. No la nada filosófica que implica vacuidad, sino más cerca del concepto hindú de pralaya que es una nada que lo contiene todo. Y que recomienza el universo en una perpetua pendulación entre lo manifiesto y su tendencia a la disolución de lo manifiesto, todo lo cual no es otra cosa que el maya es decir la ilusión de realidad. Si esta interpretación pudiera ser coincidente con el vínculo que hace el poeta y el conjunto antologado, podríamos especular que Sáez Burgos hace de la palabra el oficio poético, no solamente el suyo, sino el oficio poético en general y a los magos los poetas como los escrutadores que están en constante pugna con ese camino que es el arte, o el fruto poético. El poema alegórico de Sáez Burgos puede recomenzar ad infinitum como indicativo de que toda obra de todo poeta es siempre un segmento de una gran obra poética infinita en la que todos los poetas habidos y por haber no hacen sino añadir su parte, idea que ha expresado o citado más o menos e forma similar, Borges. Pienso así por la tendencia, en los versos de Burgos, a identificarse con el hombre en colectivo, tendencia que notamos más destacadamente en Un hombre para el llanto, pero que no es exclusiva de este libro. Y hombre colectivo es poeta en colectivo para el artista de la palabra. De todas formas, a nivel del libro mismo el título intrigante se aclara al repensar que no es necesariamente más apto para tratado sino que bien puede cobijar una antología de un poeta. Pues al abarcar su vida poética abarca los hombres y de algún modo los variados poetas que puede ser a lo largo de su fructífera creación vital. La pugna del camina y la persona, sus escondites y posibilidades es la manifestación que da esa forma concreta de la palabra escrita que es el poema.
En esta parte del libro se prosigue con el tema de la creación ya visto anteriormente compartido con versos de amor íntimo, a media voz, partícipes de la técnica de la sugerencia, de lo entre visto o entrevivido, también la experiencia de dolor transmutada, dice en Caricia:
Tengo bien merecido este dolor
que llevo
en mí
me lo sudé
me lo gané a bandazos
ahora
tengo que olerlo y saborearlo
cargar con él a ratos
aprender a quererlo
o por lo menos
tratar de acariciarlo (p.115)
La dramaticidad de todos estos versos alcanza su cima de ironía cuando el poeta anticipa un posible epitafio, que es más una afirmación de vida:
Aquí descansa nunca en paz
y
para siempre
aquel
el otro
Juan
el peligroso
*espacio para fechas
________________ (p.120)
Pasamos a la sección Los Setenta: La maqueta del viento y Las piedras de la aurora. En ambas se mantiene la persistencia en la cotidianidad, la afirmación en el quehacer literario, cierta amarga rebeldía existencial, la identificación como puertorriqueño y como isleño, su interés por el fenómeno del arte, especialmente la pintura,, su oficio de mago de la palabra reiterando el afán comunicativo, como en el poema Misa laica:
Derramo totalmente
mis de Nuevo palabras para todos
oficio su salida y su regreso
dejándolas alzar su libertad (p.153)
Para finalizar, diciendo:
nuestras propias de Nuevo las palabras
hablándonos las cosas como puedan
debajo y por encima de dos cuerpos
Amén (Ibíd.)
Ya ese afán comunicativo ha sido manifiesto:
No tengo nada más que un poco de palabras
y las dejo caer dese mi boca
como quien suelta al viento una paloma
una paloma viva
la raíz de este encuentro entre nosotros
(Un poco de palabras p.125)
Se hace evidente el interés por el otro, el semejante que, en más de un momento, se expresa como la amada, como la poesía, como alguien (interlocutor), amigo u enemigo(aquellos que buscan destruirnos/aquellos que nos hurgan en las llagas/)dirá. Por otro lado, en Las piedras de la aurora prosigue y reitera el cántico vitalista y humano pues, dice: (…)es necesario siempre a mucha gente/un poco de palabras bien hermosas. Entonces, vuelve el amor a ocupar sus instancias y se enlaza a la tierra y a la obra, con aliento de dignidad y de lirismo intenso:
Esta tierra
es mi tierra y es tu casa.
Cuando vengas recuerda
que esta tierra, entre el sol y aquellos mares
es mi tierra.
Que la he visto crecer y la he sudado.
Que es mía su energía y su belleza
como suya es mi vida y mi trabajo. (p.177)
Llegamos a Nunca en el mismo sitio “producto de una increíble noche de junio”, nos dice, “con la esperanza de que sirva de algo en algún momento.” Los poemas de este grupo resultan más lúdicos, más experimentales, revierten a la pasión característica de ese monumental trabajo que es Un hombre para el llanto:
Empezaré a vivir como resucitado
Tragándome todo.
Respirando de nuevo.
Arrancando este miedo a las paredes
al olvido
a mis ojos
a este diálogo solo seco ciego
con que me he sostenido en estos días a fuerza
del cerebro (p.182)
Como hemos reiterado Sáez Burgos sostiene, a lo largo de su obra, un diálogo consigo, con los otros , con la amada de turno, con la poesía misma. He ahí sus obsesiones Podemos deducir su congruencia al dar el corte transversal que implica sumergirse en esta antología y verificar que, en este cántico vital, el artista opta por la celebración de la vida, por el reconocimiento de la tierra para la vida, por la afirmación ante los otros. En esta serie de versos, el poeta se nos demuestra más conciente, pues pisa ¾se infiere¾suelo ajeno. Afirma:
Camino por la acera. Lo cual es siempre una
experiencia. Me detengo frente a alguna tienda.
Esta vez la que más colores tiene. Me requedo a
jugar con tantas cosas. Esto es una película, una
fiesta. Bailo contodas ellas. La música quizás a
veces sobre ti un rato. Esa tienda fue mía , la
derramé debajo de mis ojos y la soñé soñando.(Guión p.194)
En otro poema su voz asume el tono confidencial, espontáneo, coloquial, humorístico:
Ese poema lo escribí una noche
en que empezaba a ponerme serio
y decidí tirarme entre la almohada
para reírme de mis calzoncillos que eran largos
de invierno. (El tuerto p.203)
O este otro que afirma que : Es que está loco ya/el vecino del lado/el de la nariz entumecida/y los dientes nublados. Y en unos versos que bordean la superrealidad, o el lenguaje del delirio:
he conocido el pez
me lo he tragado
esquiado en la siembra
eseado el conejo y la
gallina
hablado con la ardilla sobre el árbol
rodado entre la hierba
reído con un pino
dehecho la colmena. ( Como una tierna bestia p.205)
Para finalizar la sección con un poema que indica: llevo una noche larga que quiero sacar fuera. Poema que es autorreflexivo sobre su composición.
El segmento Un hombre para el llanto nos coloca frente a un poemario memorable de nuestra lírica. Pleno de fuerza y de vivencia, aquí se deja en el final como génesis retroactivo de la obra de Sáez Es un apasionado cántico de solidaridad humana, de vitalismo desgarrado que expresa una explosiva fuerza de sacudón existencial y amargo; pero hace mucho más: trasciende el trauma dolorido y recupera en el cántico la afirmación decidida y vital.
Entonces fui el herido por la vida.
Convaleciente alma,
triste cuerpo.
Sombra de amarga sangre de derrota.
Efigie ante la pena muerto. (UHPL, Parte primera, VI p.214)
El poeta nos dice su visión:
Yo,
que hasta soñé cambiar el rumbo de la Tierra
y escaparme a los límites del tiempo. (Ibíd.)
Que da como consecuencia un despertar:
Entonces
vi que el Mundo era de veras
lo que en los libros se llamaba infierno.
Arde y arde el dolor,
te quema el fuego.(Ibíd. p.215)
Y de esta conciencia dantesca surge el sacudimiento existencial:
Fue naciendo del fondo de mi tiempo
este cuerpo de hombre que ahora cargo.
Esta existencia triste que ahora llevo,
este horrible sentirme,
este amargo saberme,
este ser que es ser hombre
un hombre como yo,
un hombre para el llanto! (p.217)
Esta desilusión y pena intensa es el sacudimiento ante los horrores del mundo, las injusticias sociales y políticas, afirma: me enseñaron que los hombre traicionamos la Tierra. Pero hay afirmación:
Traje sangre de amor por estas venas
y choqué con un Mundo que levanta
sus tenazas de odio
y su condena,
por eso es que maldigo,
que hablo duro. (p.223)
Pero el poeta sobrecogido, presa de un estremecimiento cósmico y terrible, afirma sin embargo:
El estar respirando me hace amigo del aire,
el estar respirando da calor por el cuerpo,
qué bien el estar vivo.(p.226)
Luego concluirá: Ahora mi poema va a la vida.(Ibíd.)
Versos sentidos y conmovedores son los de este libro; versos de afirmación humana y compromiso de vivir en plenitud, de conciencia colectiva: Yo existo con la rabia del que siente,/del que mira,/que ve,/del que se aterra. Porque el poeta se hace representante sígnico de la entidad abstracta que llamamos hombre y la dota de su propia esencia, de su su propio padecer:
Somos muchos y todos diferentes
somos la piel humana de la Tierra.
Somos hombres que todo lo inundamos,
y extraño sentimiento,
somos solos en medio de la gente. (p.222)
Y en este otro poema, dice más claramente:
Destino mi poema
a que se quede
con este hombre de llanto
que en mí habita,
destino mi poema
a que se quede
diciéndole a los hombres
de mi vida. (p.227)
Mucho habría que explorar de ese poema largo y hondamente humano, pero baste para prueba lo citado. En la sección Los sesenta incluye poemas de estos años evidentemente época de juventud del artista. Los versos guardan correspondencia con los del UPEL. Se reafirma en los mismos la temática que aborda el compromiso de lo humano y lo sentido: Como en Tríptico I Poema hombre, cuando dice: Quiero un poema duro hecho de carne y hueso; así insta a su obra, a su poesía, diciéndole:
Quiero un poema que se atreva a ser hombre
Que sienta todo el peso de un mundo de miseria.
Y que arrastre con fuerza su cuerpo por la tierra (p.235)
Para luego insistir en Poema Isla:
Alza tu tronco cuerpo ante nosotros.
Háblanos duro con palabras fuertes
háblanos libre frente al mundo tierra (p.237)
Con su verso, el poeta insiste en el hombre corriente, no el abstracto; la humanidad concreta:
Son las viudas
Los huérfanos
Los hombres
Las mujeres los niños los países
que andan viviendo por el siglo veinte
violentamente hambreados y explotados (p.243)
En esta sección, nos topamos con poemas de corte borincanista en la tradición de Gautier, Lloréns Torres, Corretjer, Matos Paoli como el titulado De los cuatro costados malheridos, poema que no sólo se instala en dicha corriente, sino que comparte un anhelo trascendente a la tierra natal y se vincula a la tierra continental, Amerindia o las Antillas, desde el tronco de las imágenes del paisaje y de los hombres cuyos nombres son símbolo. Se tratan los temas de la soledad, la patria; aparecen los que fechan el momento: Malcom X, Vietnam, los estudiantes, los obreros; El Che Guevara. La última parte de la antología recoge el conocido Sal poema, antologado por Antonio Rosario Quiles en su Nueva Poesía Puertorriqueña, donde Sáez Burgos ejemplariza la evolución histórica del rol del lírico en los tiempos modernos cuando ya los poetas no poseen la augusta magia de antaño, ante el poder bursátil del capitalismo:
hubo un tiempo en que hasta fue distinguido
en que pudo decirse:
¾ Soy poeta
y se creía que pasaba algo. (p.268)
El poema finaliza con un tremendo gesto de amarga ironía:
Esto es distinto ahora:
¿Quién conmueve a Wall Street con un poema? (Ibid)
La última parte de la antología hace una curva y es regreso temporal al inicio de 1997. Como si habiendo empezado allí nos hubiese dado un viaje por su tiempo personal y cronológico y retomarnos a fin de libro en el inicio. Estamos en el presente del inicio, parece decir. Por eso el poema que abre la sección se titula El mago y sus palabras, ahora vinculado su título del nosotros al yo. Aquí dicho vínculo es también la amada Ajmarmarlara la mujer-poeta que se describe en la relación de inicio. Hay un poema, muy curioso, cuyo título dice: Mensaje necesario a la editora/o antóloga/o Y es un poema del desdoblamiento, semejante al juanrramoniano aquél que dice: Yo no soy yo/ soy este que va a mi lado sin yo verlo, etc. En esa tónica nos trae el tema del doble, que también Julia de Burgos cantara en versos memorables, haciendo dicotomía entre la mujer y la artista. Sáez Burgos de igual forma escinde el hombre y el poeta y le dice a la antóloga/editora:
El es palabras nada más.
Yo soy de hueso y cepa.
Yo soy el camina calles el que besa
él, un camuflaje a las verdades.
Termina la sección y el libro con el poema Peregrinación gitana que es la indagación al viaje de la vida y al viaje del artista en su vivir. La imagen del poeta como romero (en el sentido que León Felipe daba a este término). Porque Sáez Burgos guarda un vínculo, no de influencia, sí de afinidad, con ese dolido e hirsuto poeta español, León Felipe Camino. Tomaría un espacio, que no es éste, componer las tangencias de ambos creadores. Bástenos, hoy, ofrecer a ustedes la lectura de una obra poética madura, de solidez probada no por mis palabras sino por las del mago que las unto de la suya personal y sentida.
Bueno es señalar la hermosísima edición con una portada que completa la imagen interior. Efigie del poeta en medio de una actividad desplegando la bandera del país junto a otros. No es el individualismo lírico lo que se destaca, es el hombre en actividad, en favor de otros. No hay pose, es espontánea. Buena idea. El color y composición destacan seriedad y los colores amarillo y blanco tienen algo de mágico contra el fondo color vino. Por dentro, los poemas y su titulación se salen de lo acostumbrado, lucen muy agradables a la lectura. Hay en la edición algunas erratas, la mayoría no tan graves, pero unas cuantas plantean dificultad, incluso a la lectura por contexto. Para futuras reediciones, se recomienda tomar nota de ésto. Aun así, La palabra y sus magos es una experiencia de lectura como pocas. Demos la bienvenida calurosa a un libro que ha venido a enriquecer nuestra valiosa cuenta de buena y necesaria poesía lírica.
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