Un lugar fuera del tiempo

                    Prólogo          

Todo camina bien, y de momento,

al doblar una esquina

el día se pone gris,

como un gorrión hundido en el follaje

con su pechito ocre allá distante.

Goterea la lluvia.

Una malla de niebla envuelve al mundo:

es la ciudad y sus mañas con un hombre

que anduvo la niñez

a campo abierto

y conoció la noche en un pueblito

ingenuo y estrellado.

:Los caminos se ensanchan.

Uno prosigue solo.

La costumbre de andar y de estar vivo

mueve el cuerpo, lo tira a la intemperie,

por vueltas y recodos,

uno sigue buscando los encuentros

y de repente el muro,

la ciudad con sus nombres y lugares.

Me doy cuenta que todos son los mismos

 

Son uno mismo buscándose en las cosas,

prolongando en el tiempo y el espacio

esa casa perdida, el laberinto

de la infancia y sus juegos, la memoria.

 

 

 

Por más gasa, trasluz, perfil oscuro,

no es otro que el rostro de mi madre

que llega, se arrodilla y me contempla

tendido en el traspatio de la casa.

Por más canción, rodeo, ritmo suelto,

la repetida imagen se disuelve

en el mismo saguán que da a otra puerta,

 más adentro del cuarto, a los rincones,

al tacto antiguo, al susto de la noche,

y los pies y las manos enmudecen.

 

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