Musgos de soledad y silencio

 

Sombras en las piedras

 

Me levanto de la silla 

 

donde descansa la última distancia 

luchada con los puños 

 

pienso en tí

en tu forma de anudar un pañuelo

en el cuello

de sostener una copa 

 

en el aburrimiento

de tostar un domingo en la alfombra

la manera de laminar el aire

de incubar la tristeza 

 

Debo sentir en el labio 

 

el camino que la piedra abotona 

que se incuba tan sin afán 

tan a puro tropezón 

 

de Jadear el cero inoportuno 

Silenciosamente

he dejado un sueño con el pecho azul

la metálica fuente

el calor abrigado de la piedra

Musicalmente hablando 

 

el tiempo lesiona

las fusas y semifusas 

 

Desde luego es saludable

que todos arranquemos en fa

sin nada de semántica en el pie

como si nada pasara en la esquina de un ala

 

como si de repente naciera una montaña 

 

en medio del estruendo que se siente

cuando muere un edificio

cuando me levanto a recoger la luz

que se abriga en el pico de la noche

He dejado el guante que suaviza la voz

la canción deletreada del pan en la tierra 

 

la silla en que me siento 

 

a leer las señales

que dejan las sombras en las piedras

 

30 de enero de 1977 

 

 

1