Suplemento NO - Página 12
Pequeñas escenas de la vida cotidiana de Los Piojos, vistas desde
el presente grande de 1998 hacia atrás. Miki, el bajista todoterreno, no se
caracteriza por una gran predisposición ni voluntad de despertarse a tiempo.
Puede dormir en cualquier circunstancia y contra cualquier aviso de
despertador, en todas sus formas y variantes. Sus compañeros, amigos desde hace
mucho tiempo, disparan el tema y así nace un largo relato sobre sus peripecias
en algunos trabajos compartidos, hace ya bastante tiempo. "Yo llegaba
tarde y el patrón me decía ¿qué pasa?. Lo llamaba y atendía todo dormido:
¡Miki! ¡Boludo! ¿Qué hacés ahí?. Encima tenía que hablarle todo bajito, porque
el tipo estaba controlándome ahí al lado", recuerda Andrés, representando
aquel momento y aquel lugar. Los demás ríen de buena gana. Las anécdotas sobre
personas que han pasado, dormidas, de largo de la estación de trenes de la que
debían bajar, que incluye a varios piojos, surgen espontáneas. Es cosa seria
esto de despertarse. Lo mismo puede pasar con Tavo y su pasión futbolera.
"Se incendia cuando en la platea putean a un jugador nuestro",
informan sus habituales compañeros de domingo en el Monumental, Miki y Pity. Andrés
dice que una vez firmó la gorra de un pizzero y que eso le pareció
extraordinario. Cosas de la popularidad.
-¿Este disco es el primero en
el que toman conciencia de la cantidad de gente que va a escuchar estas
canciones? Cambió bastante el panorama en estos dos últimos años.
-Andrés: Hay una sensación, pero no lo charlamos. Es el progreso real del
ejercicio, de hacer algo ... ¿Viste la facultad que tiene cierta gente de
despertarse siempre a las seis de la mañana, sin despertador ni nada? Eso es
increíble, pensá que están sumando segundos inconscientemente y que su cuerpo,
a las seis de la mañana, se despierta. Creo que es eso, el ejercicio, sin
mayores preocupaciones, que surge como algo natural. No creo que estuviéramos
menos preocupados por el sonido en Chactuchac ... Sólo que aquí fue muy
natural, y no digo que sea bueno: por ahí sería mejor que nos preocupásemos más
de lo que lo hacemos.
-En este tiempo, después de
Tercer arco pasaron muchas cosas. Hoy, viéndolo hacia atrás, ¿se pasó bien, se
hizo difícil? ¿Cómo es esto de ser popular?
-Miki: Así se pasa la
vida, momentos en que estás bien, momentos en que estás mal. Pero estamos
felices de que haya pasado como pasó.
-Andrés: Creo que pasa por ejercitar determinada cosa y que, a partir de ahí,
te acostumbres a eso. Hay un momento medio paranoico en que te la pasás
diciendo Loco ... ¿qué pasa conmigo?. No es normal que entrés a un lugar y por
lo menos diez personas, a partir de ese momento, empiecen a mirar a ver qué
hacés y qué no hacés. Si una chica ya te conoce, si le gusta lo que hacés y así
se hace más fácil el acercamiento, decís ¡sirvió para algo, tanto tiempo! ...
(risas). No, en serio, creo que finalmente es muy bueno que la gente reconozca
y te reconozca, pero como toda cosa muy buena tiene un costado negativo. Porque
si vos te subís a un escenario es para que te vean, y si de repente te ven un
montón, bueno, algo lograste. Y por otro lado, también es importante que
siempre te encuentres con muy buena onda. No me pasó que nadie me dijera algo
malo o me encarara mal, y si alguna vez sucedió, se pudo hablar también.
-La cuestión de la
credibilidad del músico para con el público parece haberse vuelto fundamental o
básica en la relación, ¿eso se vuelve una carga en algún momento?
-Andrés: Lo bueno de eso
es que te ayuda a buscar tu propia sinceridad, tu propia verdad, más que si
quizá laburaras en el correo. Eso en un punto te pone en un lugar en el que te
cuestionás eso y me parece interesante. Por otro lado, te rompe un poco las
bolas, te cuesta romper ciertos moldes mentales, tuyos y de la gente. A veces
eso es algo contra lo que tenés que luchar.
-Pity: No creo que la gente te vea como igual. Si no, no te pedirían
autógrafos, una púa ... Hay toda una película que la gente se hace y,quizá, vos
estás más cerca de ellos de lo que realmente creen. La gente te puede hacer
preguntas sobre los demás pibes, de acuerdo con la imagen que se han ido
haciendo de ellos, y no lo podés creer.
-Andrés: Puede haber dos tipos de público para eso. El que quiere comerse esa película
y el que no se la come, el que se identifica con la banda por cómo las hacemos
o las decimos. Pero creo que todo es relativo, porque de alguna manera todo
esto del rock es una ilusión. Uno vive de ilusiones: quizá si nosotros no
hubiéramos pensado y creído que los Rolling Stones vivían una vida
extraordinaria, no nos hubiésemos metido en esto. Eso de me gusta, quiero y
sueño con llegar a algo difícilmente se dé con alguien al que le vaya mal.
Pensás ésta es la vida, la felicidad, los tipos tienen todo ..., después,
claro, vas creciendo y te das cuenta de la verdad. Pero esa ilusión, en un
momento, fue motor de algo. En realidad, creo, es que también estás haciendo
ese papel, porque es eso: me parece bien si un tipo tiene un drama en su vida
privada y sube al escenario, y finge que todo está bien. Esto es así.
¿Y la fama repentina? Las radios que pasan lo que la gente quiere y que
bombardearon con Los Piojos, para "esa gente que le preguntan ¿qué música
te gusta? y contestan ¡toda!, y que en realidad le gustan uno o dos temas de
cada disco. Eso es una mierda, gustarle a esa gente es lo mismo que nada. Capaz
que es un poco mejor porque te compran el CD... ", dice Andrés.
Inevitable, es el diagnóstico general. Las versiones Tinelli y bailanteras de
los clásicos "El farolito" y "Verano del ‘92". La noche que
alguien llegó a la sala de ensayo con el compact, trucho por donde se lo mire,
titulado Enganchados brasileños, Los hits del verano o algo así. 30 segundos de
cada canción, ideales para el trencito de madrugada en un casamiento (risas
generales). "La sensación fue terrible, te ponés a pensar cómo alguien
puede hacer esa marcha-cumbia con tu canción", reflexiona Dani. "Muy
berreta", define Andrés. En Videomatch cambiaron la letra de "Verano
del 92" para contar la detención de Guillermo Coppola. Todos corean el
inicio de aquella letra apócrifa. "El la puso en el jarrón, parabán,
parabán...", cantan y se ríen. Dice Andrés: "Hay gente que cree que
triunfaste porque en el programa de Tinelli cantan tu canción". Dani tiene
un vecino que le repite la muletilla "¿Y ... cuándo van a la tele?"
Vuelta a la seriedad, o más o menos.
-Todo esto junto, ¿no genera
lo que suele llamarse sobreexposición y que al artista en cuestión lo termina
abrumando?
-Andrés: Me parece que
por esas cosas del destino, todo gravitó en un momento: cuando pegamos el salto
y nos vimos en el aire. Estábamos recolgados y cada uno en la suya: no
tocábamos, y por eso no estábamos obligados a ensayar. Era mirarse y decir
¡Epa! ¿Qué pasa ahora? O me estrello contra el piso o trato de aprender a
planear. En algún momento de la grabación, me acuerdo, discutimos alrededor de
una canción que iba a incluir batucada y pensamos no ... van a creer que es
otro "Verano del 92".
-Es que Azul empieza de manera poco complaciente, denso y arrastrado. No parece
haber celebración de nada, al contrario: "Vals inicial" es como el
anticomienzo para un disco...
-Dani: Es que tenía que empezar así, ya por la música o la letra. Está
anunciando algo, es el comienzo. Así queríamos que quedara.
-Andrés: Es como decir bueno, OK, yo vendí tantos miles de copias ... ahora
quiero empezar con un vals. Sin capricho, porque no es eso, querés contar con
los elementos que a vos se te aparecen para la canción y que puedan ayudarla.
Quisimos aprovecharlo como inicio, que desde el arte de tapa tiene un aire de
historieta o pequeño cuento. El objetivo fue hacer un buen disco ...
-¿Y salió?
-Andrés: Un discazo ... (Risas.) No sé si está bien o está mal que uno opine de
esta manera. Creo que el equipo funcionó de una manera muy copada, incluyendo
al productor, al ingeniero y a los plomos. Era todo para adelante, las piezas
no friccionaban. Todo estaba bien, si te cansabas de algo, salías, jugabas al
metegol, pileta, fulbito. La palabra es concentración.