Artes y Espectáculos
Diario la Voz del interior del día Domingo 10 de Junio de 2001

 

Los Piojos y gente muy divertida


"Lo mal que se vive, lo bien que se está". Eso escribió Andrés "Ciro" Martínez en el disco más exitoso de su grupo Los Piojos, que el viernes por la noche tocaron ante 10 mil personas en el Pajas Blancas Center.
La frase, perteneciente al ignorado hit Verano del ‘92, resume a la perfección la intención de estos rockeros bonaerenses que establecieron alianzas certeras con la murga, el tango y todo lo que engrampe con su rock & roll de modalidad stone.
Si parece que no hay más remedio para la franja de población de 15 a 24 años (una encuesta reciente del Indec dice que el salario promedio de los jóvenes trabajadores es de 174 pesos), el consejo de Ciro es algo así como: "Seamos felices con lo que tenemos y sin dejar de luchar".
Y el consejo encuentra eco en casi todo el país, algo que lo prueba un salón con banderas representativas de Salta, Jujuy, Ushuaia, Mendoza, Santa Fe...
El show de Los Piojos comienza como su último disco (Verde paisaje del infierno), con la entradora canción María y José. No bien termina, llega una explicación del cantante: "Nos incomoda un poco tocar el día de un paro general, pero quiero que sepan que lo hacemos porque es difícil cambiar una fecha armada desde hace tiempo; sobre todo por respeto a muchos de ustedes, que vienen de tan lejos".
Ciro sigue un rato más despotricando contra las privatizaciones menemistas y confiesa estar del lado de los trabajadores. Luego, se saca su remera de "Salvemos a Aerolíneas", empuña su armónica, instrumento que toca muy bien, y da la orden para largar con Taxi.
La multitud delira. El grupo suena bien y muestra haber apaciguado la impronta candombera desde que se fue el baterista Daniel Buira. Su reemplazante Sebastián Cardero es más "palo y a la bolsa" y entra en buena sintonía con la saturación guitarrística de "Tavo" Kupinski y Daniel "Piti" Fernández. Así, lo que suena es más Pop (Iggy) que Roos (Jaime). El bajista Miguel Rodríguez, por su parte, es un instrumentista preciso que va a donde vayan todos.
Llega el momento en el que Ciro demuestra que debe ser el mejor frontman en Argentina a la hora de manejar corporalmente a una multitud. Cuando suena Ay, ay, ay, él mueve sus manos de aquí para allá y marca los compases con un aplauso. Los pibes lo imitan, lo que genera un espectáculo casi gimnástico. Este es un clisé en Los Piojos, pero vale la pena verlo. Mucho más si la multitud es de 10 mil personas y los brazos en alto 20 mil.
Ciro supo decir que no lo emocionan los ganadores de buena cuna sino los héroes que se hicieron solos. Cree que Maradona es uno. Y le rinde culto mostrándole a la multitud los botines Puma que el 10 le regaló y tocando Maradó, un rock & roll tanguero con una letra que no es tan condescendiente con el ídolo.
En tiempo real se proyecta un compilado con las jugadas menos difundidas de Diego (Argentinos, Barcelona).
Como Maradona, todos Los Piojos son héroes de la clase trabajadora. Hoy, justo que el país se hunde, les toca vivir en una situación de bienestar.
De todos modos, no se aburguesaron ni se pusieron a hacer canciones más humanas y menos sociales. Sin intenciones de adoctrinar, le cantan a su público sobre la globalización, imperialismo, Jauretche. Educan, en algún sentido, en un país donde la educación no es prioridad.
"Quién es el que gana, quién es el que pierde, en qué lugar estoy yo si ganar no me convence", canta Ciro en Quemado. A esa altura queda claro que triunfar no es la premisa. La cosa pasa por ser feliz.

Extraído del Diario la Voz del interior del día Domingo 10 de Junio de 2001

 

Los Piojos: entre el infierno y el bienestar

El grupo bonaerense Los Piojos toca mañana en el Pajas Blancas Center. Desde las 22 y en el Pajas Blancas Center, presentará Verde paraíso del infierno, su último disco de estudio que insinuaron en la primer edición del Cosquín Rock.

Los piojos es un grupo que empezó bien de abajo. Arrancó su historia extasiado por el rock stone de los Perros Calientes y Ratones paranoicos, la promedió asimilando el tango y la murga y la extendió hasta estos días con retratos precisos sobre el "chabón" urbano y otras canciones de amor (o desamor) que hacen vibrar a adolescentes que no tienen nada que perder.


Los piojos vivieron en carne propia todos los planes de ajuste del menemismo y los actuales. Sin embargo, crecieron y son exitosos. Vendría bien un racconto que explique cómo lo lograron desde la prescindencia absoluta de las corporaciones y con contactos medidos con la prensa. Y lo hace Andrés "Ciro" Martínez, su cantante, en diálogo con LA VOZ DEL INTERIOR.


"De movida, recuerdo que tocamos la noche del Estado de sitio de Alfonsín, que fue el show más frío de nuestra carrera porque había una sensación de inseguridad, saqueaban supermercados. Qué se yo, fuimos siempre al interior sin ningún tipo de idea de cómo nos iba a ir. Y nos ha tocado perder, o meter mucha gente y no hacer ningún tipo de diferencia económica. Siempre la hemos piloteado y, por suerte, conseguimos que la gente se interese en nosotros. Detrás de esto no hay ninguna fórmula más que tener la suerte de gustarle a la gente y poner todo a la hora de tocar", monologa un Martínez recién despierto. La entrevista sigue.


—En las etapas previas de la edición de un disco, ¿proyectan algunas canciones como hit, son independientes que se muestran interesados en sonar en las radios?


—Hacemos las canciones como salen y después, sí, vemos que uno puede andar como tema de difusión más que otros. Pero no nos proponemos un hit. Para nada.


—¿Y la cuestión esta de ser mesurados con los medios? ¿Qué hay de estrategia en eso?


—En realidad, es producto de la experiencia más que nada. Y la experiencia nos dice que nos tenemos que recurrir a los medios sólo cuando es necesario, cuando se tiene algo para decir. No nos interesa estar figurando todo el tiempo. No es productivo.


—En el "Cosquín Rock", al limpiar el escenario de periodistas y al salir por una puerta alternativa, quedó la sensación de que existe cierta fobia hacia la prensa.


—No. De hecho dimos una especie de nota a El Rayo. Pasa que preferimos estar concentrados en lo que vamos a hacer y no sobre lo que vamos a hablar acerca de lo que hacemos.


Sobre la fama


—¿Afecta el bienestar económico tu mirada sobre lo social?


—Lo económico no me afecta. Me afecta, sí, la cuestión de la fama. Lo que yo hacía cotidianamente, viajar en tren, en colectivo o estar vagueando en la esquina, ahora lo tengo que limitar. Eso no lo percibí hasta que un buen día tomé conciencia de que las perdí. Poder caminar como un anónimo, es una situación que perdí y eso hizo que tenga nuevas sensaciones cotidianas como que me toquen el timbre. Eso, insisto, me afecta más que haber pasado de no haber tenido un mango a tener mi propio auto.


—¿Escribirías una canción sobre "eso"?


—Las canciones salen. Nunca las hago desde cosas juzgadas. Si me sale escribir sobre esto, lo haré. No suelo escribir sobre cuestiones personales. Tengo en cuenta algunas cuestiones mías pero para que sean presentadas como algo más abierto. Puede que se me escape alguna referencia sobre cómo vivo.


—Entonces, vas a seguir siendo el ojo avizor de lo que le pasa a tu público.


—Esa es un poco mi idea. Por otro lado, a mí me puede ir bien, pero mi vieja labura en PAMI y mis hermanos están tan jugados como los fans. A Los piojos nos puede ir bien pero hay cuestiones que se cortan, que se vuelven complicadas. Creo que es mayor la fantasía sobre lo que podemos haber ganado o lo bien que nos puede haber ido. Económicamente, hay más de fantasía que de realidad. Me acuerdo que cuando se dio lo de Tercer arco, tíos y familiares míos creían que me había vuelto multimillonario. Yo, quizá, también lo creería así. Pero te aseguro que no pasa. Pero esa no es una cuestión que me preocupe demasiado. Me preocupa mucho más la supervivencia artística de la banda.


—¿Qué parte de tu fantasía te hace presuponer que el infierno es verde?


—El título tuvo que ver con una visión que tuve. Esta fue la primera vez que hicimos un disco en un lugar realmente cómodo. Alquilamos una quinta para ensayar. Era un lugar bárbaro, de verde alucinante. Allí trabajamos al tiempo que, afuera, la cosa se iba poniendo dura. Y, a modo de profecía, todo lo bueno que tuvo el disco se atenuó con el problema que tuvimos con el baterista (Nota de la R: se refiere a la salida de Daniel Buira, hoy en La Chilinga). Ese fue nuestro infierno intestino.


—Los Piojos tocan en un día de paro general, ¿no es una contradicción en una banda progresista?


—Me molesta que el paro tenga un trasfondo político, que no hayan saltado cuando Menem estaba privatizando todo. Sin estar muy informado, digo que tengo dudas sobre el alcance de un paro. No estoy de acuerdo con el Gobierno pero tampoco tengo claro que parar sea lo mejor.


Germán Arrascaeta



Tres razones


* Los Piojos presentarán su nuevo disco, en el que Andrés Martínez hace un solo con la flauta de los afiladores. Si eso no es rock experimental...


* Seguramente tocarán Ruleta, una canción en la que Los Piojos muestran estatura pop y Martínez su condición de showman equidistante de Mick Jagger y Sandro.


* Un concierto de Los Piojos siempre es una buena excusa para eludir la abulia cotidiana. Si no hay colectivos, la producción prevé que salgan unidades especiales desde el Dante, Parque Autóctono y ex Abasto.

 

<<Volver a Notas>>

Hosted by www.Geocities.ws

1