San Jerónimo, (c. 345-419),
erudito bíblico, Padre y Doctor de la Iglesia, cuya obra más importante fue la
Vulgata, traducción de la Biblia al latín.
Eusebius Hieronymus, su nombre en latín, nació en Estridon, en la
frontera entre las provincias romanas de Dalmacia (en la actual Croacia) y
Panonia (en la actual Eslovenia), hacia el año 345. De formación pagana, después
de estudiar en Roma y viajar a Antioquia (donde se convirtió al cristianismo),
marchó al desierto y allí vivió como un asceta y estudió las Sagradas
Escrituras. En el 379 fue ordenado sacerdote. Pasó tres años en Constantinopla
con el Padre de la Iglesia oriental san Gregorio Nacianceno. En el 382 regresó
a Roma, donde trabajó como secretario y consejero del Papa Dámaso I, quien le
encargó revisar la antigua traducción de la Biblia (de donde surgieron el
Salterio Romano y el Salterio Galo); allí empezó a ser muy influyente. Ejerció
como director espiritual de numerosas personas, entre las que se encontraba una
noble viuda romana llamada Paula y su hija, con las que peregrinó a Tierra
Santa en el 385. Al año siguiente estableció su residencia en Belén, donde
Paula (más tarde santa Paula) fundó cuatro monasterios, tres femeninos y uno
masculino, este último dirigido por el propio Jerónimo. Allí continuó con
sus trabajos (que darían como resultado la aparición de la Vulgata) y polemizó,
no sólo con los herejes Joviniano, Vigilantio y los seguidores del
pelagianismo, sino también con el monje y teólogo Rufino y con san Agustín de
Hipona. A causa de sus conflictos con los pelagianos tuvo que vivir escondido
durante dos años. Regresó a Belén, donde falleció poco después. Su
festividad se celebra el 30 de septiembre. Su vocación eremítica inspiró a
numerosos pintores del renacimiento y del barroco (como El Greco o José de
Ribera), que suelen representarle en algunas etapas de su vida con mayor edad de
la que realmente tenía.
La
Orden
tiene por origen al Santo del mismo nombre: (Stridon, año 342-Beln, año 420). Peregrino en Jerusalén, vivió tres años como eremita en el desierto de Siria, de donde pasó a Constantinopla de regreso a Roma. Al cabo de algún tiempo viajó por Siria y Egipto para establecerse en Roma. Una rica discípula suya, edificó allí tres Monasterios de mujeres y uno de hombres, en el que residió aquel que más tarde fuera Santo. La constitución de la Orden se llevó a efecto en el año 1.373 por Fr. Pedro Fernández Pecha y Fr. Fernando Yáñez, en Lupiana (Guadalajara) estando su Curia Generalicia en el Monasterio de San Jerónimo de Yuste (Cáceres) y contando con otro Monasterio más, el de Santa María del Parral, en Segovia. La Regla de la Orden Jerónima es la de San Agustín y los monjes se dedican a distintos trabajos, según su aptitudes y habilidades. No faltan en sus monasterios los talleres de arte, de carpintería, herrería, granja, huerta, etc...Todo monje recibe su paga, no en dinero, pues ateniéndose al voto de pobreza no puede disponer ni de un sólo céntimo, pero sí recibe todo lo necesario para su sustento, hábito religioso y otras necesidades. Todo les es común y a cada uno se le asiste según lo que necesite. La vida de un monje jerónimo es la vida de la oración, silencio y trabajo. Se trata de una vida monástica que, en resumidas cuentas, es una síntesis de la vida cartujana, trapense y benedictina. No es la soledad extremada del cartujo, ni la continua vida de comunidad del trapense, sino una conjunción de ambas. De sus Monasterios, el de Yuste fue fundado en 1.408 y ampliado en el siglo XVI, concluyendo las obras en el año 1.554. Fue aquí donde se retiró el emperador Carlos V después de su abdicación, hasta su muerte ocurrida en 1.558.
El otro Monasterio, al que vamos a referirnos con más amplitud, es el de Santa María del Parral. Su fundación siempre ha sido muy discutida. Unos la atribuyen al Marqués de Villena, por haber salido con bien de un lance muy curioso. De acuerdo a esta versión, cuya veracidad no podemos confirmar, cierta tarde, estando en Segovia, salió el Marqués al despoblado, llegando hasta las proximidades de una pequeña ermita, donde iba a cumplir un desafío con otro noble. Pero allí se encontró con la desagradable sorpresa de que su adversario, mostrando ser muy poco escrupuloso, le aguardaba acompañado de dos espadachines. El Marqués se juzgó perdido, pero de pronto le asaltó una idea y gritó: "¡Felón, mal caballero, de nada te valdrá tu villana acción porque si uno de tus compañeros me cumple su palabra y se pasa a mi lado, quedaremos iguales!". Y la estratagema surtió efecto porque cundió la desconfianza entre sus adversarios, lo que aprovechó Villena para atacarlos, herir a uno y huir indemne. Ya a salvo, meditó de como se le había ocurrido el remedio y llegó a la conclusión de que el milagro se lo había sugerido la Virgen María por lo que decidió convertir la humilde ermita en suntuoso Monasterio. Pero otros, y acaso con más rigurosidad histórica, recogen como fundador al príncipe don Enrique, hijo del rey Juan II y se da el caso de que es esta versión la que sostiene el famoso cronista de la Orden de los Jerónimos, Fray José de Sigüenza, atribuyéndole los siguientes motivos: Al príncipe don Enrique le gustaba mucho vivir en Segovia ya que en esta comarca satisfacía sus aficiones a la caza. Siendo muy piadoso, cavilaba por la construcción de un Monasterio que le sirviera de refugio y donde podría oir el oficio divino. Por aquella fecha eran muy numerosos los conventos en Segovia por lo que el príncipe pensó fundar uno de Jerónimos pareciéndole que con esto obtendría lo que deseaba. Confió su idea a don Pedro Pacheco y este no sólo la alentó sino que se dispuso a emprender la obra que daba gusto a la voluntad del príncipe. Donde ahora se levanta el Monasterio existía una pequeña ermita que era conocida como Nuestra Señora del Parral, por estar cubierta por una parra antigua.
En 1.447, don Fernando López Villaescusa, tesorero del Cabildo y Capellán Mayor del Príncipe, presentó al Cabildo cartas de este, por las que demandaba la cesión de dicha ermita y huertas para la fundación de un Monasterio. Después de laboriosos trámites, se contrató con el príncipe las condiciones de cesión, previa la entrega por este de un privilegio real de diez mil maravedíes, como así lo efectuó. El Obispo de Segovia, don Juan Cervantes, ausente en Sevilla, dió la licencia y poder necesarios al Deán y Cabildo, "acatando la religión de San Jerónimo, ya en mucha veneración por la santa vida de sus religiosos". Fray Rodrigo de Sevilla, Prior del convento de San Blas de Villaviciosa y después primer Prior del Parral, el 7 de diciembre de 1.447 presentó al Cabildo carta de Fray Esteban de León, Prior del Monasterio de San Bartolomé de Lupiana y General de la Orden, recibiendo la casa y fundación, de la que tomaron posesión los monjes jerónimos el dia 10 de diciembre de aquel mismo año. El Papa Nicolás V, en Bula pedida por el rey don Juan, autorizó la edificación del Monasterio y le concedió las mismas gracias e indulgencias de que gozaba el de Nuestra Señora de Guadalupe. Pero debido al abandono en que el Marqués de Villena había dejado la nueva fundación, los monjes de la Orden Jerónima estuvieron a punto de abandonarla, siendo socorridos por nobles familias segovianas entre ellas, la de la Hoz, que construyó después, a sus expensas, una de las capillas laterales de la iglesia en la que todavía puede verse su escudo. Coronado que fue rey don Enrique IV, en 1.455, tomó a su cargo la fundación que tanto había deseado, dando gran impulso a la fábrica del Monasterio, poniendo en sus muros su escudo con las granadas abiertas y el mote: "Agrio dulce es reinar". Hizo al Monasterio muchas donaciones, concediéndole privilegios y diole ornamentos para el culto y reliquias insignes, entre ellas la espada de Santo Tomás de Aquino que hizo traer de Toulouse, dando una cadena de oro para hacer el relicario. Se creyó que Enrique IV destinaba la iglesia del Parral para su sepulcro, pero habiéndosela pedido el Marqués de Villena, se la cedió a perpetuidad para él y sus familiares. En 1.835, el decreto de desamortización promulgado por Mendizabal tuvo la consecuencia de que el Estado se incautó de todos los edificios y bienes religiosos y los sacó a pública subasta. Se suspendió la vida jerónima porque la Orden no tenía casas fuera de España. Santa María del Parral quedó desierto y despojado de su mobiliario y tesoro artístico. El edificio, abandonado, comenzó poco a poco a resquebrajarse amenazando ruina. Años más tarde, el rey Alfonso XIII se interesó por su conservación y se trazaron los planes para su restauración. Por Real Orden de 6 de febrero de 1.914, el Monasterio de Santa María del Parral fue declarado monumento nacional.
Visitar
San jerónimo el Real es viajar a través del tiempo, hasta retroceder al sigloXV,
cuando los Reyes Cato1icos ordenaron construir aquí, junto al Paseo del Prado, un
monasterio de jerónimos que sirviese de aposento real en Madrid, lugar frecuente de paso en su incansable ir y venir
por toda España. Ya el hermano de Isabel la Cato1ica,Enrique IV de Castilla, había
fundado a orillas del Manzanares, junto a la actual Puerta de Hierro, un monasterio de
jerónimos, en 1463, complacido por unas
justas allí celebradas, en las que su favorito, don Beltrán de la Cueva, había
desafiado amistosamente a cuantos caballeros quisieran medir su fuerza y habilidad con la
lanza y el caballo.
Aquellos días de fiesta junto al Puente verde sobre el río Manzanares se habían
organizado como bienvenida al duque de Armanach, llegado a la Corte española
como embajador del duque de Bretaña. En 1470 Enrique IV concedió a esta
fundación de jerónimos las tercias reales (impuestos) de Valdemoro, Parla y
Polvoranca "...para que los frailes del monasterio celebren cumplidamente sus
oficios divinos y
recen por la salud y vida del rey y por el alma de Don Juan, su padre... ".
Debido a la escasez de cauce del río, las aguas quedaban estancadas y la abundancia de insectos se convirti6 en causa de enfermedades para los monjes que allí
habitaban.
Fue entonces cuando se dio cl aspecto definitivo a los jerónimos, siguiendo las
trazas del arquitecto Enrique Maria Repu1less, quien se reinvento el interior de
la iglesia, eliminando las tribunas del siglo XVI y decorando con nuevas
molduras cl conjunto, para acentuar el ambiente gótico-renacentista que
caracteriza al interior del templo.
En cl magnifico, conjunto resultante tras la decora fin de Repulles destaca
cl Retablo Mayor, con las tablas pintadas por José Méndez, inspiradas en viejos
retablos del siglo XV.
Esta ampliaci6n consistió en el denominado Cuarto Real, junto al lado del Evangelio del presbiterio, desde cuyas habitaciones
podía asistir el Rey a los oficios litúrgicos, de forma semejante a corno lo hacia desde sus estancias privadas en El Escorial.
Su nieto Felipe IV, hacia 1630, utilizaría los jerónimos corno punto de partida para construir aquel ambicioso palacio que se
conoció corno el del Buen Retiro, y del que aun conservarnos el Cason (Salón de Baile), el
Salón de Reinos (donde estuvieron Las Lanzas y los cuadros de batallas), y sus espléndidos
jardines.
En 1808 Napoleón utilizo el palacio del Buen Retiro y el monasterio de San jerónimo
para albergar a parte de su ejercito, llevándose gran parte de las obras de arte
que decoraban sus paredes.
Tras la Guerra de la Independencia el conjunto qued6 herido de muerte. Fernando V11 orden6
demoler lo que ya se encontraba ruinoso y conviriti6 la iglesia y el monasterio en cuartel de
artillería.
Los jerónimos no volvieron a recuperar esta iglesia, que pasaría años mis tarde a ser parroquia de este elegante barrio. Tambi6n perdieron los jer6nimos El Escorial, que
paso a custodia de los agustinos, actuales usufructuarios de este monasterio. Los jer6nimos conservan el
Monasterio del Parral, a los pies del Alcázar de Segovia,
Desde los jardines del Museo del Prado, con la bella escultura del pintor en primer
termino, podemos contemplar la fachada de la iglesia que form6 parte del monasterio de San
jerónimo el Real, levantada en tiempos de los Reyes católicos en estilo gótico-renacentista.
Yuste, donde se retiro el Emperador Carlos V, antes de morir. De monjas jerónimas
existe en Madrid el convento de Las Carboneras, muy popular por la excelente calidad de sus dulces.
En 1854, el rey consorte, Don Francisco de Asís Borbón, dedicado a recuperar las viejas iglesias
madrileñas como las Calatravas o esta de los jerónimos, encarg6 al arquitecto de palacio, Narciso Pascual y Colorner, un proyecto de restauraci6n que
tuvo corno resultado las nuevas torres-campanario, situadas en la cabecera del templo siguiendo la
estética del gótico flamígero.
En esta fachada, el escultor Ponciano Pozano. que ya había trabajado con Pascual y Colorner en la
decoración del Congreso de los Diputados, realizo el bajorrelieve del tímpano, a la entrada del templo, con el terna del Nacimiento de la Virgen Maria.
En 1878 el Real Patrimonio, en plena Restauraci6n Borbónica tras la caída de la Primera
Republica, cedió el templo al Arzobispado.
Fue entonces cuando se dio el aspecto definitivo a los Jerónimos, siguiendo las trazas del arquitecto Enrique Maria
Repulles, quien se reinvent6 el interior de la iglesia, eliminando las tribunas del siglo XVI y decorando con nuevas molduras el conjunto, para acentuar el ambiente
gótico-renacentista que caracteriza al interior del templo.
En el magnífico conjunto resultante tras la decoraci6n de Repulles destaca el Retablo Mayor, con las tablas pintadas por
José Méndez, inspiradas en viejos retablos del siglo XIX.

La Iglesia de San Jerónimo El Real cumple 500 años
La Iglesia de San Jerónimo
El Real celebra este año el V Centenario de su fundación, coincidiendo con el V
Centenario de la muerte de la Reina que lo mandó construir, Isabel la Católica.
El que fue antiguo Monasterio de San Jerónimo el Real fue fundado por Enrique IV
en el año 1464, junto al camino de El Pardo. Desde el primer momento, fue lugar
para la celebración de toda clase de actos solemnes, civiles y religiosos. En el
año 1502, bajo licencia de los Reyes Católicos, fue trasladado a Madrid. El
traslado y construcción del nuevo monasterio, que fue conocido durante un tiempo
como "El Paso Nuevo", lo hicieron los propios monjes, aprovechando materiales
del anterior, siendo su fábrica de ladrillo y mampostería, según la tradición
madrileña. La planta, alzado y decoración correspondió a los modelos toledanos
de los Egas, Gil de Hontañón, Solórzano, Gallego, etc.
El Monasterio poseía en su interior dos claustros, uno de ellos desaparecido ya
completamente, y el otro, del que quedan restos, es renacentista, de sillería,
dudándose si la fecha de construcción es 1672 ó 1612. La estructura actual del
templo no ha variado sustancialmente. Consta de una nave larga y amplia,
crucero, ábside y grandes capillas laterales. Tiene un coro alto a los pies y
las bóvedas son de crucería.
El Monasterio tenía aneja un hospedería muy solicitada en la época. Eso es lo
que motivó que los monjes se dirigieran al Cardenal Cisneros para pedirle
auxilios. Formando un todo con el Monasterio y en su lateral izquierdo se
encontraba el Cuarto Real, Cuarto Viexo, que eran utilizadas por los reyes en
distintas circunstancias. A él iban los reyes para asistir a las ceremonias
religiosas, para breves estancias, o como preparación de solemnes entradas a
Madrid. También se usaba como residencia de visitantes distinguidos, como la del
príncipe de Gales, que luego sería Carlos I de Inglaterra, o embajadores y
ministros como el Conde Duque de Olivares.
Con Felipe IV se edifica el Palacio del Buen Retiro, pasando éste a tener la
función de Cuarto Real. El templo, sin embargo, no dejará de ser un lugar idóneo
para las ceremonias religiosas de la monarquía y la capilla principal del
Palacio del Buen Retiro. Allí se convocarán las cortes, que se reúnen en la
amplia nave del templo, se celebrarán las Juntas Reales, exequias fúnebres,
consejos de Órdenes Militares, bendición de banderas, etc.
En 1808, durante la Guerra de la Independencia, los frailes fueron expulsados y
parte de las tropas francesas se acuartelaron en el convento, ocasionando
grandes desperfectos en el edificio. Finalizada la guerra los frailes iban a
regresar por poco tiempo, ya que los decretos de exclaustración de 1836
provocaron el cierre temporal del templo y la transformación del convento en
Parque de Artillería.
Ruinoso y abandonado, la iglesia fue objeto de dos obras de restauración durante
la segunda mitad del siglo XIX. En la primera, realizada por el arquitecto
Narciso Pascual y Colomer entre 1848 y 1859, se añadieron algunos elementos
nuevos como las torres. En la segunda, realizada a partir de 1879 por Enrique
María Repullés y Vargas, se acometió una restauración definitiva del templo para
su apertura como parroquia en septiembre de 1883.
La iglesia, declarada Monumento Nacional en 1925, está realizada en estilo
gótico y es muy parecida a la de otros monasterios de la Orden, como el de Santa
María del Parral en Segovia. Se levanta sobre una planta de cruz latina y está
compuesta por una nave central, crucero y cinco capillas por cada lado de la
nave cerradas por arcos ojivales. El exterior fue el más afectado por las
reformas del siglo XIX. La portada fue realizada por Ponciano Ponzano en estilo
neo-gótico y la escalinata, que da a la calle Alarcón, fue realizada en 1906 con
motivo de la boda de Alfonso XIII para dar mayor monumentalidad al acceso del
templo.
El 27 de noviembre de 1975, cinco días después de ser proclamado Rey de España
D. Juan Carlos I, se celebró una misa de Espíritu Santo, presidida por el
Cardenal Tarancón, a la que asistieron mandatarios de todo el mundo.
Madrid (España), Infomadrid, 10/12/2004.- A las 19,30 horas de esta tarde dará
comienzo la Misa Pontifical que en Memoria de la Reina Isabel la Católica se
celebra en la Iglesia de San Jerónimo el Real. La celebración, a la que asistirá
Fray Ignacio de Madrid, O.S.H., Prior del Monasterio Jerónimo de Santa María del
Parral de Segovia, forma parte de los actos que en esta Iglesia se están
celebrando para conmemorar el V Centenario de la muerte de la Reina Católica.
Durante la Misa, intervendrán el Coro y la orquesta de la Parroquia de San
Jerónimo.
Los actos en honor a la Reina Isabel la Católica en el V Centenario de su muerte
concluirán mañana, sábado 11 de diciembre, con una ofrenda floral ante el
monumento situado en el Paseo de la Castellana, a las 12,00 horas.
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Su Alteza Real
la Infanta Doña Elena asistió en la parroquia de San Jerónimo el Real, a una
misa Pontifical conmemorativa del V Centenario de su fundación.
(Parroquia de San Jerónimo. Madrid, 10 de diciembre de 2004)