Participantes: Willy, Gayolo, Okocha, Seca, Errasti, Miranda y Iortz (y Amaia por su cuenta) de entre 91 personas de Marianistas.
Destino: El arenal, Mallorca
Alojamiento: El cutre-hotel SAGA (**), conocido en el mundo entero por su fabulosa "comida", su espectacular "servicio de habitaciones", su eficaz "sevicio de mantenimiento" y su competente "recepcionista" GALINDO.
Duración: 7 días
Transporte: Avión AIRBUS A-320 de IBERWORLD, pilotado por el comandante Torrijos.
Incidencias: El viaje se inició el día 18 de Junio a las 5:30 de la tarde en la estación de autobuses del hotel Amara Plaza. Tras el reparto de los resguardos de viaje y el traslado a Bilbao, facturamos el equipaje y nos dispusimos a esperar al embarque. Nos tomamos unas cervecillas (acompañadas por unas galletas que coló ERRASTI) en la cafetería de Sondika y de allí salimos hacia la puerta de embarque.
Al llegar a Mallorca un autobús nos trasladó al cutre-hotel SAGA, donde el hermano mayor de GALINDO se armó un lío tremendo con los 91 resguardos y dejó a nuestra compañera LARA sin su catre de dormir (decir cama es demasiado). Tras un primer contacto con la suculenta gastronomía del barrio (el barrio de Torrente, según Willy) y estar a punto de saquear la cocina del hotel, encontramos un súper de 24 horas a dos manzanas del hotel, donde pudimos saciar nuestros apetitos (de hambre y de vicios). A esas horas el SÚPER ForYou estaba cerrado.
La jornada acabó con una botella de ginebra bajo el brazo de uno de nosotros (no voy a decir el nombre, pero por los rumores todos sabemos quién es) cuyas fotos se publicarán en breve. Ese "elemento", además, destrozó parte del mobiliario de lujo del hotel, cuyos wáteres se dedicaron a expulsar el exceso de agua de las cañerías (eso si, pillando a Miranda sentado y con las tripas flojas), pudiéndose contemplar en la habitación 115 una obra de arte digna del Guggenheim.
En cuanto al personal del hotel, hay que hacer mención especial a GALINDO, cuya foto no tenemos por desgracia. Hizo aparición para reclamar las 8000 pesetas de la rotura de mobiliario, y para echar, o al menos intentarlo, a alguno de nosotros. Eso sí, pudimos contar con la ayuda del personal de limpieza, que nos avisó acerca de la intención del recepcionista de subir a la 114. Es el único trabajo decente que hicieron, porque lo que es su labor...
Ya que el "hotel" nos cobraba 150 pelas por cada botella de agua durante los cortos horarios de comidas, que no se adaptaban a nuestras necesidades (por nuestras horas de llegada, el desayuno era la cena y la cena la comida, siendo los litros la cena), los supermercados de la zona y McDonalds y BurgerKing nos salvaron en numerosas ocasiones.
En cuanto a las noches, nuestra primera experiencia (un antro llamado Scorpio) no fue muy buena. Pero a partir del segundo día todo cambió, Un bono de tres discotecas (BCM, Tito's y Pacha) para tres noches, transporte incluido fue nuestra salvación. BCM fue la que menos disfrutamos, por el cansancio acumulado. El ambiente de Tito´s era muy "pachanguero" pero estaba DPM, y en la terraza de Pacha se estaba muy a gusto. Además fuimos a otra discoteca "cercana" al hotel, Riu Palace, en la que pudimos disfrutar de barra libre y de una gran representación de Gladiator, así como del concurso de Miss Camiseta Mojada, que ganó una donostiarra.
Pero la noche más espectacular fué la de San Juan (día 23). Cubos (de sangría principalmente), litronas (de kalimotxo o "mocho", la bebida nacional) y vasos de Martini y cubata, que acompañaron a los apuntes de todo un curso mientras ardían en la arena de Palma. Los municipales (o monos o guripa, como queráis llamarlos) nos hicieron apagar el fuego 2 veces, ya que sólo estaban permitidas las velas. Pero la palma se la llevó un grupo que quemó 10 hamacas y 3 sombrillas de paja a la vez ante la impotencia de las fuerzas del orden (del desorden, en este caso). Pero al amanecer, los eficientes servicios de limpieza de playas se encargaron de no dejar ni rastro de la batalla (que aprendan los del SAGA).
En definitiva, que lo peor del viaje fue la vuelta a casa. Y despedirse de unos formidables compañeros, a algunos de los cuales no volveremos a ver en muuuuuuuuuucho tiempo.
