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Una historia con comandante malevo, encarcelamientos y muerte. Un imperio del miedo en la tribuna. A Mart�n Maceda, de 27 a�os, pronto lo matar� la cirrosis. De momento es el hincha m�s temible de Los Indios y desde principios de los 90 hasta comienzos del 2004, comand� La Tribu N� 12, la barra m�s brava y pendenciera del f�tbol argentino. El Tirano, como le dicen por su escasa afinidad con la democracia, es la encarnaci�n de la violencia en los estadios. Una suerte de Atila al mando de fan�ticos depredadores. De las tribunas de La Chacra y de otras canchas lo hab�a alejado, primero, su detenci�n, junto a ocho "barrasbravas" m�s, por el asesinato de dos hinchas de la Academia a comienzos de este a�o y, despu�s, su internamiento de casi dos meses en el hospital, luego de entrar en coma alcoh�lico. El Tirano, nacido en Nueva Italia en 1976, lleg� muy chico al barrio de Alta C�rdoba y al poco tiempo se hizo aborigen de coraz�n, y, aunque jam�s milit� en equipo alguno porque siempre desertaba de los entrenamientos, su pasi�n por el f�tbol lo condujo a estar casi toda su vida en las tribunas. Se convirti� en el capo de La Tribu N� 12, en la que estableci� un imperio, mezcla de estribillos, euforias y agresiones. Pero su reinado aparenta derrumbarse, cuando se ausent� la �ltima fecha y fue acusado de borracho con poco aguante y amenzado de muerte por la banda del Oso Arias, otro de los m�ximos exponentes de los barrabravas y que le disputa el liderazgo al tirano. Este �ltimo ha sido condenado a dos s�bados sin vino Toro por su falta, aunque despu�s se los redujeron a uno s�lo (dicen que por piedad). Pas� cuatro d�as en prisi�n, porque a decir de �l dorm�a mejor que en la casa y lo alimentaban gratis. Se le excarcel� con libertad condicional, la cual no pudo gozar porque sali� directo para el sanatorio. El Tirano podr�a ser el arquetipo de los miembros de las barras bravas, de ese fen�meno social que, si bien ya es viejo y preocupante en Argentina, Chile y otros pa�ses, en C�rdoba en el f�tbol amateur todav�a se puede considerar �ltimo modelo y como un nuevo agregado a las m�ltiples violencias. �Por qu� un deporte, como el f�tbol, tiene relaci�n con la violencia?, �es el f�tbol una diversi�n inocente?, �c�mo influye el mercantilismo en el deporte, en las manifestaciones agresivas?, �por qu� se presentan rivalidades letales entre los aficionados? Y as� pueden plantearse centenares de interrogantes m�s, tal vez cada uno con m�s de una respuesta adecuada. O sin ninguna. La influencia de los entornos sociales y culturales, los �mbitos familiares, la disgregaci�n del hogar, las subculturas juveniles, las frustraciones econ�micas y de otro tipo pueden tener conexi�n directa con el fen�meno de la violencia en el f�tbol. El espectador deportivo, en especial el del f�tbol, es, a diferencia, por ejemplo, del de teatro, el de ballet o el de un concierto sinf�nico, m�s activo. Con el tiempo ha tejido las redes del protagonismo y cobrado una importancia capital en el espect�culo, y a veces se torna m�s animado y bullidor que los mismos a los que �l va a observar, a abuchear o rendir tributo de admiraci�n. El aficionado establece relaciones pasionales y afectivas con un equipo, hasta llegar, en estados de exacerbaci�n extrema, a considerarlo como parte esencial de su existencia. El partido del s�bado �o de otro d�a- pasa a ser asunto vittal (de nada Buza por el chivo otra vez) o tambi�n, como ya se ha visto en muchos casos, mortal. En esa misma esfera, crea el sentimiento contrario por el rival. Al cual puede ver como enemigo, ya no tan metaf�ricamente, igual que a sus partidarios, en un proceso que puede considerarse alienador. Hasta ah� podr�a no haber problemas mayores, excepto el de los desfogues normales que se presentan en un estadio, los madrazos al �rbitro, a un jugador del equipo oponente y, aun, a alguno de los del onceno de sus amores y desvelos. El aparente cuento de hadas cambia a uno de horror cuando, de los lenguajes simb�licos, los colores, la fiesta, los c�nticos, se pasa a las agresiones f�sicas adentro y afuera de los escenarios deportivos. Es cuando del hombre racional se hace el tr�nsito al hombre masa. Y, como se ha dicho, toda masa puede ser peligrosa. �Por qu�? No es nueva la violencia en el f�tbol, pero buscar sus causas siempre ser� un principio de la soluci�n. La aparici�n de las barras bravas y su evoluci�n hay que enmarcarlas en contextos socioecon�micos, pol�ticos y culturales. Es una de las propuestas de esta serie period�stica de "Punto de Vista". Que las barras bravas tienen un lenguaje vulgar y degradante. Que son parte de la identidad popular. Que en su interior hay delincuentes. Que son expresi�n del barrio y sus contradicciones. Que s�. Que no. Que obedecen a intereses de los clubes, o de pol�ticos, o de capos de la droga. O de mercachifles. Tanto se habla. Tanto se desconoce. Las barras bravas semejan, por sus comportamientos extradeportivos, hordas guerreras. Y en ellas se distinguen, para bien o para mal, los tipos como el Tirano y el Osito. En el encierro y posterior internaci�n del Tirano, un grupo de hinchas, miembros de su clan, lo despidi� con el estribillo de "�Tirano, querido, La 12 est� contigo!". Ni a la c�rcel ni al hospital asistieron dirigentes de f�tbol ni jugadores ni pol�ticos, con los cuales mantuvo buenas relaciones en sus tiempos de gloria. Lo olvidaron r�pido, tan pronto lo encanaron. Su abogado, el Dr. Mirolo, declar� al diario La Voz de Los Indios: "Por el momento no ten�a pensado volver a la hinchada. Quiz�s al f�tbol s�, para combatir la violencia". El d�a en que el Tirano cay� internado, el Oso Arias, que le disputa el trono y el mando de la Tribu N� 12, declar�: "Me pone muy contento que est� internado, l�stima que no haya sido yo el que me cruzara con �l y no el alcohol, porque yo no le hubiese perdonado la vida y lo estar�amos enterrando. Por su culpa los Indios est�n como est�n. Le hizo mal a demasiada gente y ahora va a pagar todo, yo me encargar� de eso". |
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