"EL ULTIMO PARTIDO"
Cualquier parecido con la realidad no es coincidencia
Hoy esta nueva seccion "Historias" se complace en presentar
"El Ultimo Partido del Toro"
La idea era escribir una nota sobre los veteranos del f�tbol. Lo mejor entonces que se me ocurri� fue un texto que narra una reciente historia ver�dica, llena de f�tbol y emoci�n, que me parec�a apropiado para la ocasi�n. Dicho texto fue escrito en vida y en las canchas con los pies por un �dolo m�ximo de multitudes indio: "el Toro" M�ximo Jalil. Yo s�lo intentar� reflejar el recuerdo de este veterano de mil batallas abor�genes.

Hab�a jugado muchos a�os en primera. Ahora, unos muchachos lo hab�an convencido para que integrara un cuadrito de barrio de amigos en un torneo sab�tico.
- "Con usted, Toro, no podemos perder."
El Toro no era un pibe, pero ten�a clase. Confiaba en su toque, en su gambeta corta, en su tiro certero. As� se present� al habitual entrenamiento nocturno, en un d�a de semana...
Su aparici�n en la cancha mereci� alg�n comentario erudito:
"- Ese es el Toro, el que jug� en Europa y luego en Los Indios..."
Se permiti� el lujo de unos malabarismos truncos antes de empezar el partido.
La noche era oscura y fr�a. Las tristes luces de la cancha donde se jugaba dejaban amplias llanuras de tinieblas donde los wines hac�an maniobras invisibles.
En la primera jugada, el Toro comprendi� que estaba viejo. Lleg� tarde, y el sab�a que la tradanza es lo que denuncia a los mediocres: los craks llegan a tiempo o no arriesgan.
Pero no se achic�. Fue a buscar juego m�s atr�s y no tuvo suerte. Se mezcl� con los delanteros buscando alg�n cabezazo y la pelota volaba siempre alto.
Apel� a su pasta de organizador: grit� con firmeza pidiendo calma o preanunciando jugadas, pero sus vaticinios no se cumplieron. Ya en el segundo tiempo, dej� pasar magistralmente una pelota entre sus piernas, pero el que lo acompa�aba no entendi� la agudeza.
Despu�s se sinti� cansado. Oy� algunas burlas desde la escasa tribuna. En los �ltimos minutos no se vio. A decir verdad, cuando termin� el partido, ya no estaba. Lo buscaron para que devolviera su camiseta, pero el hombre hab�a desaparecido. Algunos pensaron que se hab�a extraviado en las sombras del lateral derecho.
Esa noche, unos chicos que vend�an caramelos en una estaci�n vieron pasar por el caminito a un hombre canoso vestido con una casaca roja y pantal�n corto.
Dicen que iba llorando.

Los Refutadores de Leyendas defienden el f�tbol como un juego en el que veintid�s sujetos corren tras de una pelota. La frase, ya cl�sica, no dice mucho sobre el f�tbol, pero deschava sin piedad a quien la formula. El mismo criterio permite afirmar que las novelas de Flaubert o los poemas de Gustavo Adolfo B. son una astuta combinaci�n de papel y tinta �L�brenos Dios de percibir el mundo con ese simple cinismo!
El f�tbol es -yo tambi�n lo creo- el juego perfecto.
Hoy que el destino ha querido hacernos a Los Indios uno de los mejores ocho conjuntos del Torneo, conviene decirlo apasionadamente.
Lejos de las met�foras oficiales que nos invitan a seguir el ejemplo de nuestros futbolistas para encontrar el destino nacional, yo apenas cumplo el homenaje al Toro, a Bergero, a F�siko, a los miles de pioneros atorrantes que impartieron una �tica, una est�tica, tal vez una cultura, cuyo inapelable resultado son los goles superiores, memorables, crioll�simos, bien aborigenes y con sentimiento indio de Silas Majul.
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