Puedo crearte o destruirte cuando quiera. Cada vez que te encuentro te vuelvo
a crear y eres igual: siempre aborrecido.
Te creo para decirte que te he creado y tú me respondas que si yo te
cree entonces he de saber lo que estás pensando. Más, yo ya
te había hecho pensar eso para que tú creyeras que no tengo
la razón. También pienso que piensas que no piensas en algo
cuando realmente estás pensando en otra cosa para que creas que me
confundo, pero tú te confundes mas pues tus pensamientos no concuerdan
con tus palabras y, bajo ese pensamiento tienes otro que piensa que lo que
te digo es mentira. Así ese conjunto de pensamientos te harán
creer que tu tienes la razón, pero yo sé que no es así.
Me alejo de ti lentamente para destruirte. Incluso puedo creer que te busco
y no te encuentro.
Te has de preguntar que si yo te cree entonces soy un dios, la respuesta es
muy simple: yo cree a Dios para que tú creas en él como tu creador;
igualmente cree las religiones y los escépticos; cree a Cristo en el
que yo, personalmente, no creo. Cree la ciencia y el tiempo, cree la filosofía
y las faltas de ortografía. Yo cree las cosas en las que creo y en
las que no. Cree los nazis y los judíos, el tigre y la gacela, la historia
y lo que ha de acontecer. El odio, el amor, la selva, los helados polos, el
desierto. El melancólico azul y el rojo pasión, el silencio
y la quietud, el sonido y el movimiento así mismo los he creado yo.
Cada cosa que crees que existe y que sabes y yo no lo sé yo lo he creado;
personas desconocidas por mi, imágenes, tropos, versos, estrofas, Venus
y Marte, piedra y pluma.
Soy pasado y futuro y vivo entre ellos.
Soy agua y fuego mezclados.
Soy tierra, soy huracán,
soy nostalgia, soy novedad.
Yo me cree a mi mismo y a mi forma de vivir, donde yo lo he creado todo y
lo demás, es pura imaginación mía.