Naderías
Y el vació inocuo de la ciudad se mezcla con el humo incesante de
las lejanas fábricas. Humo el cual hace que el oscuro firmamento tome
matices rojizos salpicados de estrellas.
Esta noche, melancólica en la cual el único pensamiento que
me invade es el de tu recuerdo, vago y sombrío, diluido por el tiempo,
menguante como mi alegría,
agudo como espina
que rasga mi piel.
Todo empezó una tarde cuando yo tenía 16 años, el mundo
me mostraba sus secretos, todavía incomprensibles. Pero, yo, un ser
inexperto en esta materia, trataba de darle interpretación alguna a
cosas vanas y vacías.
Pensaba entonces que toda cosa tenía significación, o que tenía
motivos para estar allí, ahora que lo pienso, estaba en un error que
hasta ahora he tratado de enmendar.
Siempre me llamó la atención el significado de vacío:
¿qué era el vacío?, ¿por qué estaba allí?,
¿qué lo limitaba?, ¿de donde provenía?. Sin saber
que yo mismo era el que lo había creado. Todo ese vacío estaba
a espesas de lo que yo creyera.
Cambiaba tan rápido como mi definición hacia él cambiara,
más sin embargo, yo era el que lo irradiaba con mi presencia, trataba
de evadirlo, de alejarme de él. Más por tanto intento que tratase,
más grande se hacía esté, y consecuentemente iba convirtiéndome
en él.
Primero desaparecieron mis creencias, después, mis amigos, para finalmente
desaparecer mi materia. Ahora soy parte de ese vacío, vacío
lleno de naderías que conforman este todo, vagando sin rumbo en espera
de algún incauto que quiera preguntarse que es el vacío. Así
yo podré apoderarme de él, y con esto crecer más.