Gatos en el tejado.
Pensando,
en los gatos
que viven dentro de mi;
arañándome,
brincando de un lado a otro,
destrozando la sala de mi mente.
--¿Y cómo fue que se metieron?
Por la nariz;
en un descuido.
Por eso nunca hay que bajar la guardia,
no sea que los gatos se metan.
--¿Y cómo cupieron?
Tal vez sean flexibles;
tal vez aguardaron por largo tiempo;
fue así como entraron
una noche que me vieron dormido
cuando dejé la ventana abierta
vieron la ocasión de entrar en mí.
Vagan entre mi memoria
juegan con mis ideas,
las mezclan haciendo nuevos recuerdos.
Lo confunden todo;
porque los gatos son juguetones.
cruzan todos los hilos;
se divierten con mis ideas, cómo con pelotas de estambre
y ronronean haciendo que mi cuerpo vibre:
se acicalan.
Rozan sus cuerpos con las paredes de mi cráneo
se entretienen con la maraña de mi mente, enredándola más
y más.
Traveseando con mi juicio,
hasta deformarlo;
lo estiran hasta su punto máximo
y puede que lo revienten algún día.
--¿Porqué los gatos lo eligen a uno y no uno a los gatos?
Porque los gatos son libres;
siempre han sido muy libres,
y hacen lo que quieren y cuando quieren;
son independientes, sobre todo eso.
--Pero sí son independientes, ¿porqué dependen de mi
mente para distraerse?
Dependen del juego
y así seguir creando recuerdos falsos
porque ellos nunca se aburren; sólo duermen.
Y cuando duermen,
sueñan con humanos que están en su mente
jugando con sus recuerdos.