Un lirio delira en la ciénega de la tarde. Delira que la tarde se lleva
todo consigo, absorbiendo el agua, inhalando el aire, llevándose las
ranas. En su delirio el lirio delira que se ha quedado solo, sin ciénega
y que sucumbe a la sed. La tarde lo ha abandonado, dejándolo en su delirante
noche.
La noche es negra, también la tarde se llevó las estrellas. Solo,
el lirio, entre terregones secos se queda. A él no le preocupa; ahora
delira ser un cactus, que no tiene sed, que está acostumbrado a la aspereza.
Las nubes se arremolinan sobre aquél delirio de cactus, éste se
hincha por la humedad, o al menos eso cree.
La noche arrebata todo lo que se llevó la tarde, menos las estrellas.
Llueve, la ciénega regresa, las ranas croan y el aire lo mueve. El lirio
deja de delirar, se siente más lirio que nunca. Él está
solo, es el único que sobrevivió a la sequía.