No sé cómo empecé a sentir aflicción, tampoco
sé cuando empecé a sentir melancolía; incluso por el
pasado más inmediato. Recuerdo el ayer con nostalgia y mañana
recordaré este hoy que será ayer; sobrevivo un pasado que siempre
está presente.
Mis recuerdos se mezclan y confunden. Al recordarme me veo fuera de mi, como
una tercera persona que observa mis actos.
Un día, me recordé jugando en el jardín; había
formado en hilera once caracoles y esperaba a que empezaran a avanzar; una
carrera de caracoles. Había trazado una línea a veinte centímetros,
el que iba llegando me lo comía (¿Será por eso que siento
tanta compasión hacia ellos?). Y allí estaba yo, observándome
con la paciencia de niño, como yo de niño impacientemente esperaba
a que cruzaran la línea de meta.
Tiempo después recordé cómo me recordaba yo de niño,
ahora había tres yos (con la diferencia de edad correspondiente), observando
como yo de adolescente me observaba de niño jugando con los caracoles
en el jardín. Y una vez mas me recordé recordando que de adolescente
recordé que de niño jugaba con los caracoles en el jardín,
cuatro yos eran demasiados. Nunca imaginé que llegaría a abarrotar
el jardín. Me empujaba a mí mismo, unas veces tolerante; otras
agresivo. Me daba codazos, me mentaba la madre, me gritaba no empujen. Hasta
que llegó el momento que uno de mis yos pisó los caracoles y
el yo niño se puso a llorar y todos en cascada empezaron a sentirse
tristes, otros como ahora, llorando por los caracoles muertos; sintiendo ira
hacia el yo que los pisó; hacia el yo que lo aventó; hacia el
yo que recordó y entró en ese lugar a sabiendas que ya no había
cupo.
Estoy en mi habitación recordando eso, mirando por la ventana, viendo
a un niño llorar y cientos de adolescentes, jóvenes y adultos;
con pelo largo, cabeza rasurada, barbudos otros, pantalón de mezclilla
o con traje, camisa de franela, descalzos, con huaraches o con botas, con
o sin lentes, ebrios, eufóricos, flacos, gordos, sudados o recién
bañados; aventándose, golpeándose, blasfemándose
y nadie repara en el niño; ¿Dónde estaba mi madre en
esos momentos? ¿Porqué uno de mis yos no me alejó de
ese tumulto?. Obviamente nada mas pensaba en mí mismo.
Mi habitación se ha llenado de yos. Ya somos demasiados, no cabemos.
Una turba de ellos me toma y me lanza por la ventana.