Hacia el alba

¿Oyes el silencio que nos rodea?
Se mantuvo quieta por unos instantes, él no veía más que la piel de su cuello azulada por la luz de la luna, opacada por la sombra de su cabello y no se escuchaba nada. El silencio venía de su entorno, ni un crujir del viento contra las ramas. Muy bien podría oírse el andar de los caracoles sobre las hojas muertas. Luego ella suspiró y empezaron a amarse otra vez sobre sus ropas arrugadas por los forcejeos. y después de nuevo ese silencio que les inquietaba, que les absorbía. No dejaron de mirarse, atónitos frente a tanto silencio. Muerto de miedo, él vio como ella era absorbida por la tierra, como se desintegraban sus huesos, dejando un polvo blanco que el viento disipó. Él se desintegraría segundos después, herido por el primer rayo de luz que el alba dejó escapar.


 

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