PIQUE - Universalidades
Historia Uno
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La noche a�n era joven. A la luz de las brasas, el cham�n luc�a preocupado. Sentado c�modamente frente a la fogata, su frente estaba totalmente arrugada por la preocupaci�n. Hech� un pu�ado de cenizas y vi� por un instante c�mo un �gneo rostro, tal vez de un antepasado, sonre�a diab�licamente antes de desaparecer. Se pregunt� si ser�a una se�al. Se puso de pie y fue hacia su choza.
Abri� la puerta y, mientras avanzaba, vi� que el estado de la paciente no hab�a cambiado desde la puesta del sol. Se sent� frente a la cama, y corri� el largo y liso cabello casta�o de la cara de la joven con sus negras manos. La ni�a, a la luz de la penumbra, ten�a un aspecto angelical. Durante un rato, el anciano estuvo meditando hasta que lleg� su hijo.
Entr� sin hacer el menor ruido, como si la paciente pudiese llegar a despertar. En una mano ten�a la ra�z de atalia y en la otra un balde lleno con fermento de bulgre.
El muchacho le di� al viejo los ingredientes, y, tras buscar en el estante de los remedios, parti� de nuevo hacia la fogata para preparar el brebaje.
A penas el chaman dej� el hogar, el hijo avanz� hacia la j�ven, se sent� y la bes�. Murmur� unas palabras de amor en su idioma natal. Al escuchar lo que estaba diciendo, le parecieron palabras vac�as y sin sentido para el momento, aunque no lo eran.
Agarr� una mano de la chica con las dos suyas. Sus ojos, en la oscuridad, semejaban dos espejos rasgados. Se tir� sobre la cama con un sonido hueco, para estar lo m�s cerca posible de su amada. Permaneci� inm�vil por unos minutos, u horas, que le parecieron siglos.
Hasta que el anciano entr� bruscamente con un peque�o recipiente lleno de una sustancia hedionda y burbujeante. El viejo le dijo unas palabras a su hijo, el cual se incorpor�, y entonces extendi� el recipiente por debajo de la cara del muchacho, quien solt� dos l�grimas.
El viejo sonri� y le agradeci�. Acto seguido el muchacho desapareci�. El chaman le dio el brebaje a la j�ven y se sent� a esperar lo m�s pacientemente posible la probable recuperaci�n de su paciente.
El amanecer despuntaba, y al recibir los primeros rayos del d�a, la chica se despert� del sue�o m�s oscuro que hab�a conocido hasta entonces.
El viejo estuvo esperando pacientemente, y se levant� con una gran sonrisa.
La muchacha no entend�a nada. Con una expresi�n de confusi�n le pregunt� al viejo:
"No puede ser que haya sobrevivido. Te faltaba un ingrediente para completar la f�rmula, un ingrediente imposible de conseguir. �Cual era?"
El anciano contest� con satisfacci�n: "L�grimas de lobo"..
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