HISTORIA DE LA LUFTWAFFE

 

ORÍGENES TRAS LA I GUERRA MUNDIAL

El 11 de noviembre de 1918 Alemania no tuvo más remedio que firmar el armisticio que le daba como vencido de la I Guerra Mundial. Esto debería suponer el fin de la aviación de guerra en este país ya que según la cláusula IV Alemania debía entregar en buenas condiciones 1.700 aviones de caza y bombardeo. Esto incluía toda su flota de D.VII y todos sus bombarderos. Hacia el 12 de diciembre de 1918 el gobierno republicano anunció que ya se había cumplido el acuerdo y entregado los aviones, pero la realidad era que tan solo se habían entregado 516 aviones y 58 hidroaviones. Con esto se suponía disuelta la Luftwaffe pero en 1919 Alemania disponía aun de 9.000 aparatos y toda su capacidad aérea.

Esto cambió el 28 de junio de 1919 cuando se obligó a Alemania a firmar el Tratado de Versalles en el que se prohibía la fabricación de aviones militares y se daba un plazo de tres meses para entregar todos los aviones. Además se limitaron drásticamente las performances de los aviones civiles a una velocidad máxima de 169 km/h, un techo de 3.962 metros y un alcance de 200 km. Con esto se daba al traste con la industria aeronáutica alemana.

Lejos de darse por vencidos, los alemanes, en 1924, intentaron reorganizar su maltrecha aviación. El general Hans von Seeckt, Jefe del Estado Mayor del Ejercito, nombró a Ernst Brandemburg jefe del Departamento Aéreo del Ministerio de Transportes. Con esto se estrechaban los lazos entre la aviación civil y el ejercito. Además se potenció el deporte de vuelo sin motor, cuna de muchos de los futuros ases de la Luftwaffe.

Dada la preocupación común contra los polacos, Rusia y Alemania firmó el 16 de abril de 1922 el tratado de Rapallo. En él se normalizaban las relaciones entre los dos países y se creaba un entramado para cooperar secretamente en asuntos militares y aéreos. Gracias a esto en 1925 se Alemania creo en Lipstek, a 483 km de Moscú, una base aérea en Rusia. Gracias a ella podría empezar a formar a sus pilotos lejos de los observadores europeos. Para este fin se enviaron en secreto un puñado de cazas Fokker D.XIII de fabricación Holandesa.

A la vez Junkers había abierto un fabrica en Fili, al sur de Moscú con la que se abastecía la base de Lipstek y a las fuerza aérea rusa.

Pese al fracaso de la fábrica de Junkers la base de Lipstek formó hasta 1933 un total de 120 pilotos alemanes. Su entrenamiento se dirigió principalmente al apoyo de las fuerzas terrestres, sin formarse ni un solo piloto de bombardeo, a la vez que se ensayaba con nuevos aparatos.

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA: LUFTWAFFE, La historia de la Fuerza Aérea Alemana en la II Guerra Mundial, de Dr. JOHN PIMLOTT, editorial AGATA

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