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ENSAYOS Juan Sobalvarro
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Las mentiras del
exteriorismo "El antologista es de los que creen que la
literatura sola, la literatura por la literatura, no sirve para nada. La
literatura debe prestar un servicio. Debe estar ?como todo lo demás en el
universo? al servicio del hombre. Por lo mismo, la poesía también debe de ser
política. Aunque no propaganda política, sino poesía política. También en esta antología se ha procurado hacer resaltar
la principal tendencia de la poesía nicaragüense, que es la exteriorista.
‘Exteriorismo’ es una palabra creada en Nicaragua para designar el tipo de
poesía que nosotros preferimos. El exteriorismo no es un ismo ni una escuela
literaria. [...]. El exteriorismo es la poesía creada con las imágenes del
mundo exterior, el mundo que vemos y palpamos, y que es, por lo general, el
mundo específico de la poesía. El exteriorismo es la poesía objetiva:
narrativa y anecdótica, hecha con los elementos de la vida real y con cosas
concretas, con nombres propios y detalles precisos y datos exactos y cifras y
hechos y dichos. En fin es la poesía impura." (1). Estas palabras firmadas en 1972 por
Ernesto Cardenal, podrían considerarse ‘El Manifiesto Exteriorista’, que
sirvió como prólogo a la antología de Poesía Nicaragüense, que el poeta
publicara por aquellos años. Y aunque renegó en su momento de esta suerte, al
decir que no se trataba de un ¡smo o escuela, lo cierto es, que el denominado
exteriorismo surge con toda la técnica poética de su época y si algo lo
distingue de su familia moderna, es que los exterioristas, se sintieron más
cerca de la utopía revolucionaria –una reconocida preocupación de la
modernidad– que el resto de sus congéneres.
Al hablar de exteriorismo sí cabe
pensar en escuela, quizá la única que se ha propuesto integrar a toda una
sociedad en su institución y la única que se impuso (en esto sí se distingue
de los modernos) ser popular desde su nacimiento. El fenómeno de los talleres
de poesía, durante el ministerio de Cardenal en el gobierno sandinista, pese
al doble efecto que produjeron en el ambiente intelectual del país: rechazo y
seducción, fueron una completa escuela literaria, pero a la vez sirvieron
para propagar la falsa idea de una poesía exteriorista. La contradicción no es mía, sino que
había un desajuste entre los valores que Cardenal señalaba como definitorios
del Exteriorismo y la poesía que como tal se promocionaba, desajuste entre
práxis y teoría, es decir, entre el manifiesto y la poesía que él toma como
apoyo de su tésis. Y este desajuste es el que nos permite negar la
posibilidad de una poesía netamente exteriorista. Las contradicciones empiezan con el
defecto ya señalado de no reconocerse como escuela (aludí a los talleres, por
cierto los más apegados a las Normas del Exteriorismo), pero ni en la escuela
talleril, ni en la espontánea, se cumplen los valores definidos por Cardenal,
en algunos casos porque ni la poesía del poeta trapense se ciñe a las figuras
literarias que él aprueba, o porque los valores que él atribuye como
inherentes de esta poesía no lo son. Tales: ?Poesía política como sinónimo
de poesía revolucionaria. ?La única capaz de hacer comprensible la historia
latinoamericana. ?Tener como punto de partida que "la literatura sola,
la literatura por la literatura no sirve para nada". ?Objetividad en
literatura. ?Poesía conversacional y como equivalente de poesía del pueblo
para el pueblo o poesía popular. Falso repelo por lo que denomina poesía
“subjetiva” y la metáfora. Es falso por ejemplo, que la poesía
política sea, en primer lugar, incondicionalmente revolucionaria y en
segundo, la única poesía revolucionaria. Niegan esta norma los estudios de
poesía norteamericana que hiciera el poeta en sus años mozos, pues no
hablamos de una poesía que se define por sus rasgos políticos. Pensemos de
paso, ¿qué sería de Pound si se hubiera dedicado a hacer poesía política a
favor del facismo?. Por otra parte, lo político no es un patrón de calidad
(ni literaria, ni humana). 0, ¿podemos seguir considerando como poemas
revolucionarios, los poemas en que los únicos motivos son la deserción del
Frente Sandinista y pensar que por su ataque sincero tienen grande calidad
literaria?, política no es sinónimo de revolución. Por otra parte no se pueden borrar de
un plumazo los aportes revolucionarios que a la humanidad hicieran poetas
defensores de la subjetividad, por dictar un ejemplo: los románticos,
defensores del espíritu libre del hombre, en tiempos en los que se imponía un
racionalismo enyesado, por una burguesía que emergía con complejos de aristocracia,
ellos rescatan la pasión. Tengamos presente además, el romanticismo para
algunos países, fue un acto de resistencia ante la amenaza napoleónica, de
allí nace un romanticismo social y uno de los temas elegidos por lo
románticos, fue nada menos que la independencia de naciones intervenidas
("Guillermo Tell" de Schiller, las pinturas de Delacroix como
"Escenas de la matanza de Quíos”). Independencia espiritual,
independencia nacional. Románticos, también, los luchadores por la independencia
de los países latinoamericanos. Ante estos argumentos vemos como se derrumba
una mentira. No por su servicio político la literatura es útil al hombre,
sino porque le abre puertas a su libertad: "Considero que la única
poesía que puede expresar la realidad latinoamericana, y llegar al pueblo, y
ser revolucionaria, es la exteriorista". (2). Como decía, estas equivocaciones de
Cardenal, se dan porque tiene un mal punto de partida, que es el de ver
pobremente a la literatura: “La literatura sola, la literatura por la
literatura, no sirve para nada”. ¿Acaso no tiene un tono vanguardista
granadino? ¿no viene esta idea de una de las contradicciones de la
vanguardia... la de criticar al burgués y a la vez ser portador de sus ideas?
para el burgués la literatura no sirve porque no es una máquina de hacer
dinero, aunque hay sus excepciones. No hay literatura sola, hay literatura y
la literatura sirve como sirve todo lo que es portador de ideas y
conocimiento. Pero quizá la mentira más
controvertible sea creer en la existencia de una poesía exteriorista, esta
posibilidad se aleja, entre más nos apeguemos a las palabras de Ernesto
Cardenal, pues entre las condiciones que éste dictaba para dicha poesía
estaba la de que, "El exteriorismo es la poesía objetiva", lo que
sería verdad sólo si creemos que todo lo que una persona pueda decirnos es
incuestionablemente objetivo. Cardenal yerra al contraponer palabras como
objetividad y subjetividad, pues la objetividad no depende sólo de una
atención en los objetos, es también una condición interna, el individuo
decide de qué objeto desea hablar, con qué lenguaje y qué aspectos
particulares del objeto mismo le interesan. Aún, si esta objetividad de la
que se habla, está referida sólo a objetos y datos precisos, debemos contar
con que el autor está comprometido emocionalmente con lo que escribe y en
ello arriesga su aparato de valores, esquemas (que en los poetas son de los
más rígidos), intereses, etc. Tal cita Steven Withe: "La objetividad en la poesía de
Cardenal, basada en la objetivización de un lenguaje que expresa las cosas
fuera del ser en el mundo externo que se percibe empíricamente, implica
ciertos valores morales íntimos que son personales, misteriosos, urgentes.
Además, el acto creativo de construir un poema significa escoger, seleccionar
acciones interiores conscientes que desmienten cualquier tipo de
"objetivismo" o exteriorismo "verdadero y puro"(3). De modo que al decírsenos que esta es
una poesía “hecha con los elementos de la vida real”, cabe preguntarnos ¿de
la realidad de quién y estimada por quién?. La palabra realidad nos sitúa
ante otra antigua discusión. Cardenal parece referirse a la realidad como
algo objetivo, castrado de subjetivo. En este instante pienso en el concepto
de realidad hecho por Zubiri: "Realidad es algo sentido; es una forma de
alteridad"(4). Especialmente cuando se utilizan
recursos documentales (intertextos, reescritura), que dan como resultado
rupturas temporales y discursivas, el texto se presta para la manipulación,
la orientación en un sentido específico. Pero aún contando con ese objetivismo
no hayamos, ni en la antología reunida por Cardenal, en aquellos años, ni en
la poesía que le sucedió, uniformidad de recursos estilísticos, por ejemplo,
Cardenal mismo no logró librarse de las metáforas a las que tanto teme, pese
a la subjetividad de éstas: “gemidos de la Patria”, "entreviendo tras la
neblina de las lágrimas" (‘Las campesinas de Cuá’, incluido en la
antología citada). El aparente poco uso de metáforas en la poesía de Cardenal,
sólo es una simulación a partir del uso de otro tropo como es la comparación:
"sonreía como en un anuncio de Alka-Seltzer", “como pumas”,
"gritos de mujeres como de parto" (el mismo poema), da como para
una tésis, "El abuso del Como en la poesía de Cardenal". Otro punto de partida erróneo, es el
de suponer que el exteriorismo era la fórmula para una poesía popular y una
poesía del pueblo para el pueblo. Aunque personalmente sí creo en la
sinceridad de los poetas talleristas y en su extracción social, no fue la poesía
de estos la que sirvió de vanguardia a la propaganda exteriorista y todavía
se discute si fueron más eficaces los talleres que la historia espontánea, no
sólo en la producción de poesía, sino también en la producción de poetas. Es
decir, sabemos que el poeta se hace, pero todavía nos queda la duda de si no
tiene que nacer primero. Saltando esta inquietud, el estilo de los talleres
sabemos fue dirigido, lo que no sirve de argumento para suponer que el
exteriorismo sea popular, tal vez sí sea efectivo como método de aprendizaje
en una etapa inicial, pero cuando el método se vuelve rígido y la palabra
santa, debemos pensar que, o se menosprecia la capacidad de entendimiento del
pueblo o se defiende algún santuario. La mentira es grande esta vez, la
poesía exteriorista de Cardenal es en sí misma el planteamiento de problemas
estéticos, de detalles formales y estilísticos a los que sólo tienen acceso
en su plenitud, los doctos, es una poesía para especialistas y no es popular. Ante este desengaño, no puedo menos
que concluir diciendo, que el exteriorismo en sí es una gran mentira. Mentira
si partimos de que su definición académica no haya respaldo en la práctica,
es decir, hay una gran distancia entre la poesía promocionada como
exteriorista y el concepto que sus promotores proponen. Nos detenemos en
estas pequeñeces por la fortuna que vemos ha hecho tal mentira, pues en la
actualidad son muchos los ingenuos y otro puño, los mal intencionados. que
andan usando el término a diestra y siniestra, sin establecer diferencias en
poesías que a veces son irreconciliables, esto por partir de rasgos
superficiales. La tésis de Cardenal es inspirada y
artificiosa, pero ahora podemos notar que lo que él llamó exteriorismo, tal
vez merecía un sinónimo realista que además, tenía auge a nivel continental
"La comprensible (e inevitable) actitud defensiva frente a cierta
concepción estrecha del realismo, no nos ha facilitado darnos cuenta de esto.
Pero hoy, al margen de aquella concepción, es menester reconocer que esa
vuelta al realismo está en pie"(5), producto de este regreso se dan
elementos accesorios, como los que sugerían discusiones sobre: compromiso,
testimonio, poesía narrativa, prosaísta, conversacional o coloquial, según
los gustos y el interés político. Más acertada me parece la definición de
Fernández Retamar, cuando habla de poesia conversacional: "La poesía
conversacional, de un objetivismo que no excluye el lirismo, a veces
inesperado, encarna admirablemente en la poesía de quien, como he dicho
varias veces, considero el primero entre los poetas de¡ Continente que siguen
a las grandes figuras de la vanguardia: Ernesto Cardenal."(6). El
realismo ha sido una constante en literatura y arte, si no, pensemos en
denominaciones como Realismo, Neorealismo, Realismo Socialista,
Hiperrealismo, Real Maravilloso, Realismo Mágico, Surrealismo. Cardenal
advertido dice: "Es tan antiguo como Homero y la poesía bíblica (en
realidad, es lo que ha constituido la gran poesía de todos los
tiempos.)" (7). Incluso su idea de popularidad es tan antigua, en lo que
coincide total y paradógicamente con Ortega y Gasset: "Recuérdese que en
todas las épocas que han tenido dos tipos diferentes de arte, uno para
minorías y otro para mayorías, este último fue siempre realista." (8). Bien, no se trata de corregir ahora y
empezar a hablar de realismo, lo cual sería insuficiente para encasillar la
poesía cultivada hasta el presente, ni de que el término exteriorismo sea
inútil por completo. Correcto sería que dejáramos de hablar de una poesía
exteriorista como algo en sí y que hablemos nada más de elementos
exterioristas, ,cuáles?, aquellos que percibimos como exteriores: el diálogo,
la acción y la descripción. La introducción de lo narrativo en el verso, que
es tan antiguo como Homero. Con esto doy fin a una vieja deuda
conmigo mismo, la de dilucidar de algún modo y en parte, estas ideas entorno
al llamado exteriorismo, para emprender ahora la relectura, de una masa de
poesía uniformada por la superficie de juicios heredados. Subrayo que estas
apreciaciones no tienen como fin enjuiciar la poesía de Cardenal, lo cual
merece un capítulo aparte. Por cierto, una cosa me resta
agregar. La mentira de] exteriorismo fue posible en gran parte gracias a la
capacidad de fabulación de un hombre (contrario a lo que piensan los
detractores de Cardenal), con visión literaria casi profética y calculadora.
En esta cruzada, Cardenal mostró ser un buen receptor de la literatura
nicaragüense y tejer con elementos comunes, toda la trama de su exteriorismo.
Pero también, el milagro sólo fue posible dentro del universo de una
literatura que se fundaba sobre sólidos cimientos, como la nicaragüense. Notas 1.?
CARDENAL, ERNESTO. "Poesía nicaragüense". Editorial Nueva
Nicaragua. Segunda edición nicaragüense, 1986. (Primera Edición: Editorial
Lohle, Buenos Aires, 1971.). pág.VIII. 2.? ídem.
pág. IX. 3.? WHITE, STEVEN. "La poesía de Nicaragua y sus diálogos con Francia y los
Estados Unidos". Editorial LIMUSA, S.A. Grupo Noriega Editores. México,
1992. pág. 225. 4.? ZUBIRI,
XAVIER. "Inteligencia Sentiente" pág. 191. Me fue imposible
consultar el libro para dar fe del resto de datos bibliográficos, pues sólo
cuento con una fotocopia del mismo y en la biblioteca UCA Managua me
argumentaron que la desaparición de los libros de Zubiri se debía a que estos
están incluidos en el IDEX. 5.?
FERNÁNDEZ RETAMAR, ROBERTO. "Para una teoría de la literatura
hispanoamericana". Editorial Pueblo y Educación. Cuarta edición. La
Habana, 1984. pág. 95. 6.? ídem.
93.
7.? ídem.
nota 2, pág. VII. 8.? ORTEGA Y GASSET, JOSÉ. "La
deshumanización del arte". Ediciones de la Revista de Occidente. Madrid.
Novena edición, 1967.pág.24. Publicado en Agosto 1997. ‘400
Elefantes’ #7.
Las
verdades del exteriorismo Epígrafes Necesarios: 1.–"?¿La verdad? ?se preguntaban, con asombro e irrisión,
el militar apolítico, el magistrado liberal y el caballero conservador".
De '¡Viva Centroamérica!' Mario Cajina-Vega. 2.–"Creyeron que éramos una
burocracia y no fue así, éramos un grupo de poetas, ¡los más antiburocráticos
de todos!". Julio Valle Castillo(1). 3.–"?Te engañé baboso? dijo
Pitirre". De: `El mundo es malo’. José Coronel Urtecho. 4.–Pinten
un huevo con palabras, decía Coronel en su gallinero imaginario. [...]. A
ver, vale -me decía a mí?, desembuche. Y yo sacaba mi mierdita de la bolsa y
él leía y leía, serio, sonriente, picarón y decía: ?Esto es una reverenda
mierda. Pues así va uno aprendiendo en el taller de la vida. Así Cardenal
aprendió más que ninguno. Y yo sigo aprendiendo todavía. ‘Taller talleres, talleristas...’
Ernesto Mejía Sánchez. 5.–Peán Funeral/ El principado temporal/ de Ernesto
Cardenal/ en la Nicaragua natal/ como poeta estatal/ por decreto oficial/ de
la Dirección Nacional/ -llegó a su final./ León, 18 de enero a 6 de febrero,/
1991; conmemoración/ nacimiento y muerte de/ Rubén Darío./ Carlos Martínez
Rivas. 6.–"Cuando quiero llorar, no lloro.../ Y a veces lloro sin
querer...". 'Canción de otoño en primavera'. Rubén Darío. En agosto de 1997 publiqué por
primera vez un artículo titulado 'Las mentiras del exteriorismo'. Pocos días
después recibí un comentario irónico, "hace falta escribir ‘las verdades
del exteriorismo’, lo que me pareció bastante justo tomando en cuenta que el
tema del exteriorismo da para muchas más páginas y aquella primera vez sólo
me interesó externar algunas ideas en torno a la idea del exteriorismo como
escuela y a la no correspondencia entre las normas exterioristas y la poesía
de Ernesto Cardenal. De los muchos comentarios que recibí,
noté que algunos percibieron mi artículo como un ataque a la poesía de
Cardenal, cosa de la que hasta ahora no he escrito definitivamente y de la
que tampoco voy a hacerlo ahora. Lo cierto es que no se puede hablar de
exteriorismo sin aludir a Cardenal, pero no siempre hablar del exteriorismo
significa hablar de Cardenal. En aquel artículo me referí a él como
al autor del 'manifiesto exteriorista' ?el prólogo a la 'Antología de poesía
nicaragüense"?. Y si he cuestionado algo del poeta hasta hoy es su
visión caprichosa de la literatura nicaragüense y la idolatría que se le hace
al mismo Cardenal. Definitivamente, hizo falta despejar algunas verdades. Génesis y destino manifiesto La primera verdad es que las raíces
del exteriorismo se cultivaron en la vanguardia granadina nicaragüense. Los vanguardistas nicaragüenses de
origen conservador crecieron durante el apogeo liberal, con la nostalgia de
los 30 años conservadores. Porque, como escribió Beltrán Morales: “no sólo la
cultura china o el período carolingio entran en las 'eras imaginarias':
también nuestro período de los Treinta Años. Esto conduce a detectar, no muy
fácilmente, el síndrome de una enfermedad: la nostalgia del poder”(2). Como se sabe, la idea de nación de
los vanguardistas, era la colonia: “estábamos contra la burguesía, que nos
parecía completamente ignorante y sin saber para dónde iba ni de dónde venía,
porque ni estaba con lo español propiamente ni con la anterioridad colonial
ni con la tradición colonial, que nosotros en cierto modo estimamos
mucho”(3). Epoca que ellos habían memorizado como una armónica sociedad
feudal, católica, aristocrática y agraria. La imagen ideal que tenían para
Nicaragua era la hacienda patriarcal. Y ese embelesamiento por el poder
patriarcal les despertó la simpatía por el fascismo, aunque no se puede
descartar una afinidad con la idea de supremacía racial o clasista insinuada
en algunas de sus expresiones, al estilo del español José Ortega y Gasset,
como esto de Joaquín Pasos, "la plebe, ignorante o estúpida generalmente
no podía hacer verdadera obra de arte"(4). Lo mismo por ser una versión
más del absolutismo, ahora expresado a través de un caudillo. Nótese que el
caudillo es una sustitución moderna del monarca, milagro de conversión que se
dio a través de Napoleón, como a éste, a muchos caudillos les ha gustado
vestir como emperadores: Pinochet, Franco y a veces a los mismos Somoza. El compromiso vanguardista Los vanguardistas herederos de la
decadencia conservadora ambicionaban ver restaurado lo que ellos consideraban
la época de oro nicaragüense: la colonia, "la estúpida aberración de la
Independencia y el gran tiempo de oro de la Colonia"(5). La presencia Yankee en la década del
20 fijó en el grupo estas obsesiones. Por un lado se concentraron en definir
-para su retomo al poder– un caudillo criollo. Por otro lado, acorde con sus
ideas nacionalistas?fascistas se impusieron crear un perfil de nación
nicaragüense. La presencia Yankee atentaba contra
las raíces españolas en las que ellos se reafirmaban. Y en alguna manera el
sandinismo de los vanguardistas fue un reflejo del desplazamiento definitivo
de la hegemonía española en América, del que habrían tenido mejor conciencia
si hubieran profundizado su conocimiento del modernismo hasta llegar a la
generación española del 98. El sandinismo de los vanguardistas,
en cierto sentido, respondía a cierta atracción por el caudillismo y al deseo
de retomar al poder. "Cuando veíamos lo de Sandino, por lo menos yo (me
acuerdo de mí) que veía lo de Sandino, como una fuerza. La fuerza para nosotros
significaba un poder basado en la fuerza misma, en la fuerza militar, en lo
que fuere la fuerza, en la energía, en el poder de las armas"(6), por
eso pronto hicieron campaña a favor de Somoza.
En su perfil nacionalista, uno de los
elementos claves en el que hallaron apoyo fue en el habla nicaragüense.
"Nosotros ya hablábamos como hablamos nosotros. Con algunas
especialidades, cosas que el pueblo conoce, ciertos modos de decir más
particulares que él conoce y que es la lengua nicaragüense máxima"(7),
dijo José Coronel Urtecho. Y ya antes Pasos habla escrito "llevamos la
ilusión de un arte vernáculo". Lo que los motivó a realizar una poesía a
ratos coloquial, que luego sería norma exteriorista. La norma número cinco de
Cardenal decía: "Uno debe escribir como habla.
Con la belleza natural del lenguaje hablado, no del lenguaje escrito. Poner
el adjetivo antes como en 'los sombríos senderos', no es natural en nuestro
lenguaje, sino más bien 'los senderos sombríos'. En el mismo sentido, es
preferible no usar el tú sino el vos en nuestra poesía nicaragüense puesto
que así es como hablamos en la vida diaria. La mayor parte de la poesía
nicaragüense está usando el vos, y también es correcto usarlo en anuncios,
lemas, slogans, etc."(9). Dentro de ese afán nacionalista y
gracias a sus tientos políticos, los vanguardistas nicaragüenses fueron los
primeros poetas 'comprometidos' del país, en este siglo, los primeros que
participaron en política y los primeros con obsesión de Poder. Otro
antecedente para los exterioristas. Armonía generacional El raro sandinismo de los
vanguardistas, mezclado con una idea de hispanidad, contradictoriamente era
conservador. Para Beltrán Morales ese fue el sandinismo que infundió Coronel
Urtecho a Cardenal: “Hora Cero [...] aún respondía a los intereses del
patriarcado conservador”(10). Morales señala con acierto como buena parte del
poema de Cardenal, 'Hora Cero', habla de una sublevación organizada por un
grupo conservador en 1954. "Pero abril en Nicaragua es el mes de la muerte.//
En abril los mataron./ Yo estuve con ellos en la rebelión de abril/ y aprendí
a manejar una ametralladora Rising./ Y Adolfo Báez Bone era mi
amigo"(11). Se trata de la llamada conspiración de 'Chula
Vista"(12), "cuando los alzados de abril de 1954 pensaron que
podían tumbar al gobierno en tres días mediante la toma de El Hormiguero y la
captura de Somoza"(13). El diálogo entre Cardenal y Coronel
Urtecho es la clave en el urdimiento del exteriorismo, el mismo Morales
bautizó esta relación como el “Monstruo Cardenalurtecho” (14). Y esa misma
relación dio bases a Cardenal para impulsar la idea de una literatura
nicaragüense sin conflictos, tal como lo expuso en su prólogo a la antología
‘Poesía nicaragüense’: "A pesar de eso, también toda la poesía nuestra
ha estado unida, desde el viejo sacerdote Azarías Pallais hasta el joven
guerrillero Leonel Rugama. Nunca ha habido una generación en lucha contra la
otra; los poetas mayores no desprecian a los más jóvenes, y los jóvenes no se
tienen envidia entre ellos"(15). Morales captó el asunto: "Lo
lógico en este caso hubiera sido esperar un conflicto de generaciones, una
violenta ruptura entre el antisomocista Cardenal y el somociano (o
ex?somociano) Coronel. Pero ("Fortuna lo que ha querido") no
sucedió así. Y lo que se perdió en riqueza polémica se ganó en unidad y
armonía intergeneracionales"(16). Por la misma herencia recibió
Cardenal la influencia de la poesía norteamericana y sus primeras lecciones
de traducción, junto a la idea del intertexto con la que Coronel ya había
jugado ampliamente, como contó este último acerca del origen de su poema
'Ciudad Quesada': “cuando yo vi el folleto, dije, de este folleto yo saco un
poema”(17) . Ciertamente, Cardenal le varió puntos
claves que adaptaron la herencia vanguardista a la nueva etapa sandinista o
al neo?sandinismo de Carlos Fonseca Amador. Cardenal politizó francamente la
poesía y aparentemente su contraste político más evidente con la vanguardia
?específicamente con Coronel Urtecho? fue su antisomocismo; además manifestó
su anti?imperialismo; y luego, nutrió casi toda su poesía con ese cóctel de
socialismo y cristianismo que más tarde se conoció como 'teología de la
liberación'. Queda demostrado que Cardenal no fue un heredero pasivo. Pero no dejó de ser reproductor de
los valores vanguardistas, por ejemplo, su misticismo trapense que lo impulsó
a convertirse en propietario de una isla ?idea primigenia y feudal de los
talleres de poesía que contradice a su poesía "y Sandino nunca tuvo
propiedades"(18)?, también mostró cierta semejanza con la idea de nación
vanguardista y su hacienda patriarcal, evidente conducta terrateniente, y si
consecuentes con el materialismo científico, consideramos la tierra como
medio de producción podemos llegar a la paradoja de que Cardenal ha sido un
burgués de izquierda. Cardenal además fue consecuente con
el caudillismo, se le puede considerar como el mayor idealizador de Sandino
del que hizo un dibujo casi mágico: "su mirada era vaga como la de un
espíritu/ [ ... ]/habían dos rostros superpuestos en su rostro:/ una
fisonomía sombría y a la vez iluminada;/ triste como un atardecer en la
montaña/ y alegre como la mañana en la montaña"(19). Y no fue sino hasta
la derrota del Frente Sandinista que se mantuvo fiel al caudillismo de los comandantes. De modo que al instituirse Cardenal
como ministro de cultura coronó una vieja nostalgia conservadora. El retorno
al poder. El destino manifiesto. Pero se debe reconocer que en esto tampoco
fue completamente el primero, pues no se olvide que en 1936 Coronel Urtecho
fue Subsecretario del Ministerio de Instrucción Pública. Los méritos para
poder ocupar este cargo Jorge Eduardo Arellano los explica de la siguiente
manera: “el escritor José Coronel Urtecho, 'tachureco' que había contribuido
con su pluma a legitimar el ascenso referido”(20), es decir, el ascenso de
Anastasio (Tacho) Somoza García. El caudillismo literario Cardenal no era el conservador
agrario de principios de siglo, al contrario, él provenía de una familia que
ya se había estabilizado como comerciante y fue consecuente con la vena
popular del sandinismo. Su idea de taller de poesía armonizó perfectamente
con la alfabetización, la educación gratuita y sin duda hizo sus aportes a la
educación popular. Muchos han destacado la excelente continuidad que pudo
hallar la alfabetización en los talleres de poesía, prestando un gran
servicio en la educación de adultos. Es notable recordar que en la década del
80 el hábito de la escritura tuvo un gran auge. La gran huella del
exteriorismo está en que ha sido la única escuela literaria que trascendió
todos los sectores sociales. Podría decirse que el exteriorismo desmitificó
la idea de que sólo los genios pueden hacer poesía e impulsó a personas de
distinta condición social a escribir con ilusión literaria. Pero
contradictoriamente, esa poesía popular, en su orientación panfletaria sirvió
para levantar otros mitos, porque alimentó la idolatría a los comandantes. Y
no sólo dio lugar al caudillismo guerrillero, sino también al caudillismo
literario. El "servicio" que el escritor prestó al caudillo
político, tuvo parecida recompensa. Otro patrimonio exteriorista. Cardenal y los otros Desde el principio el sandinismo de
Cardenal era programático, contrastaba por ejemplo con el de Leonel Rugama
que era más lírico y autobiográfico y fue uno de los más brillantes ejemplos
del poeta comprometido anterior a 1979. El caso de Rugama, si se le contrasta
con la escuela exteriorista, permite ver que puede ser determinante la
circunstancia desde la cual se exterioriza, que puede ser: desde dentro o
desde fuera de los hechos. Desde fuera se hicieron poemas insurreccionales
post-1979 y; luego sobre la guerra de la década del 80. El panfleto
oficialista halló un su reino durante el ministerio de Cardenal y
extrañamente no existió la división que hoy se conoce entre sandinistas
renovadores y ortodoxos, todos fueron sinceramente retóricos, ortodoxos sin
pudor. Era la llamada, ‘poesía
revolucionaria’ –"esta poesía revolucionaria cae en tres grandes
categorías: la que usa la revolución como trasfondo o escenario; la que la
usa como tema secundario y la que la usa como tema principal"(21)–,
panfletos que fingían las circunstancias que 'recreaban la realidad', pero
siempre con un sentido doctrinario y ortodoxo de revolución. Su propósito:
servir al poder. Durante su reinado sandinista, el
exteriorismo enfrentó su crítica más franca desde otro otro medio sandinista,
como fue el suplemento Ventana, que editaba Barricada y era dirigido por
Rosario (Chayo) Murillo, esposa del entonces presidente Daniel Ortega.
Murillo además dirigió la Asociación Sandinista de Trabajadores de la Cultura
(ASTC o ASTChayo), la principal contrincante de Cardenal y la que hizo
evidente la feroz lucha que se libraba por controlar el 'proyecto cultural
sandinista'. Pese a los obstáculos, el
asentamiento del exteriorismo en el poder se dio a través de: los talleres de
poesía; el contar con la solidaridad de editoriales –como Editorial Nueva
Nicaragua?; el suplemento El Nuevo Amanecer Cultural y; la
incondicionabilidad de los miembros de su consejo editor, específicamente de
Luis Rocha Urtecho ("Urtecho la discreta simplificación, pues así nos
ahorramos la penosa tarea de 'enlistar' a la aristocracia del país"(22)
, escribió con humor Beltrán Morales) y Julio Valle Castillo, que trabajaban
para el Ministerio de Cultura y la Editorial Nueva Nicaragua. Los mismos que
junto a Cardenal –en su presidencia del CNE, ["y Sandino no fue nunca
presidente"(23)– rigen callada y públicamente los destinos del Centro
Nicaragüense de Escritores, que cada vez se parece más a la idea de una
ínsula. "Por fin llegaron" Los bienes revolucionarios de la
década sandinista le ofrecieron a Cardenal un gran número de fieles
reproductores, específicamente en la promoción de la idea del exteriorismo
masivo y en la proyección iconográfica de la figura del mismo Cardenal. Tomando en cuenta que hay libertad en
diseñar ideologías y estilos sandinistas, ahora puede ser oportuno
preguntarse ¿a qué tipo de sandinismo respondía esa elite que Cardenal formó
en torno a su ministerio? Por supuesto, al sandinismo converso
de Coronel que al final de su vida se adhirió a la revolución, porque
"Dedójmia Télson"(24), es decir, porque "por fin
llegaron"(25). Así, graciosamente, el exteriorismo debido a la facilidad
con que los exterioristas se casan con distintas corrientes políticas pudo
llamarse "poesía uxórica"(26), porque explicó Coronel Urtecho:
"yo soy un hombre uxórico, yo soy el marido de la Maruca, como dicen
allá en el Río San Juan. Salvo alguna que otra cosilla más o menos, para
cambiar (como soy cambiante) o para tener derecho a algunas otras cosas, de
regalías"(27). Esa facilidad para el cambio se
percibe plenamente, cuando a Coronel Urtecho le tocó explicarle la
profundidad de su sandinisino a Rocha: "ya puedo descansar en la
Revolución, que es ya el nuevo camino. Porque pase lo que pase ya esto es
para algo, ya sucedió"(28). La verdad, es muy ingenuo suponer que
el caudillismo literario sólo está referido a escuelas y estilos, el
caudillismo literario –lo comprobamos en Nicaragua– también es poder
político, porque, como escribió una vez nuestro maestro Cardenal: "la
poesía debe ser política"(29). Y no faltará quien pregunte ¿qué
tiene que ver todo esto con la literatura? Pues el poder que acumula el
caudillismo literario es un poder que se permite consagrar a unos, es un
poder que estimula a ciertos escritores, que promueve cierta literatura, que
impone su panorama de la literatura local, que impone escuelas y estilos
literarios –patrones de calidad– y que por supuesto condiciona contenidos:
qué se puede decir y qué no se puede decir en literatura. El desface: ¡y qué! ¡y qué! Pero todavía hay otras cosas
significativas en torno al exteriorismo. Y es como sus promotores han caído
en un rotundo desfase. Fueron estos señores quienes hicieron la retórica del
poeta comprometido teniendo como paradigma a Ernesto Cardenal ?poeta de la
generación del 40–, quienes hicieron el panfleto revolucionario fanático y
por ahí entró también la retórica feminista. Es decir quienes convirtieron la
poesía en el discurso moralista de la revolución. Un discurso cuya naturaleza
fue la necesidad de brindar un servicio político, condicionado por el
'compromiso' y condicionador del trabajo de los otros , pero acomodado a los
intereses de la elite y por tanto, despegado de la realidad. Sólo por citar
un ejemplo: oficialmente, a la guerra en los años 80 se le dio un enfoque
heroico, nacionalista y partidista y jamás –sin olvidar la injerencia de los
Estados Unidos– se le enfocó como a un drama humano absurdo. Y si este
discurso ya no correspondía a la realidad que se vivía en Nicaragua en los
años 80, en los 90 con el fin del reinado sandinista perdió toda
credibilidad. Dentro de ese contexto pudimos leer aquel poema de Fernando
Silva que decía: "¡DANIEL! ¡DANIEL!/ Ese es el grito/ ese es el grito/
ese es el/ grito que señala clarito el futuro de este país/ el futuro limpio/
la paz digna y verdadera/ y la reconfirmación del SANDINISMO"(30). Un
ejemplo reciente de como la retórica del discurso exteriorista ha caído en
desfase, lo dio recientemente Valle Castillo con un parrafito antológico como
el siguiente: "Poesía en armas, poética sandinista, poemas de calle, de barricada
y lucha. Exteriorismo. Advenimiento del Tallerismo. Epica a la mano...
Realismo sandinista. Y qué y qué! !!!"(31). Como vemos, también se
prolonga el sandinismo retórico y sin fondo de Coronel Urtecho. Si bien estos señores exterioristas
perdieron toda credibilidad –lo que es grave cuando se quiere hacer una
literatura moralista, ejemplar– no dejaron de pertenecer a la elite cultural
y a la cultura oficialista. Por consecuencia se han convertido en poetas
acríticos, repetidores del discurso y el estilo que Cardenal puso de moda
desde hace varias décadas, o, andan buscando la verdad en épocas remotas,
porque se les olvidó que ocuparon cargos dentro de la jefatura. Y de poetas
revolucionarios pasaron a conservadores, como lo ha hecho casi toda la
izquierda. Se quedaron sólo con la etiqueta de defensores de los pobres,
ellos se creen el formato del escritor 'revolucionario'. Ya no les interesa o conviene la
crítica. La crítica es llanto. Y ellos, la primavera inmóvil, no quieren oír
del otoño. Notas 1. IRENE SELSER.
Las contradicciones de un modelo. Entrevista con Julio Valle Castillo. Nuevo
Amanecer Cultural. Sábado 26 de mayo de 1990. Pág. 6. 2. MORALES,
BELTRAN. Sin páginas amarilla/ Malas notas. Editorial Vanguardia. Managua,
Nicaragua, 1989. Pág. 252 3. CORONEL
URTECHO, JOSE. ‘Pol-la d'ananta katanta paranta. Dedójmia T'élson.
Imitaciones y traducciones'. Editorial Nueva Nicaragua, 1993. Managua,
Nicaragua. Pág. 50. 4. PASOS,
JOAQUIN. 'Prosas de un joven'. Editorial Nueva Nicaragua. 1994. Pág. 87. 5. Idem nota
3. Pág, 69. 6. Idem nota
2. Pág. .50. 7. Idem nota
2. Pág, 33. 8. Idem nota
3. Pág, 91. 9. HOLLIS, KARYN. Poesía del pueblo para el pueblo. Litografía e Imprenta LIL,
S. A. Costa Rica. 1991. Pág. 26. 10. Idem
nota 1. Pág. 196. 11. CARDENAL,
ERNESTO. 'Antología'. Talleres Gáficos de Trejos Hermanos. San José, Costa
Rica. 1972. Pág. 72. 12. COLE
CHAMORRO, ALEJANDRO. '145 años de historia política de Nicaragua' Managua,
Nicaragua, 1967. Pág. 133. 13.
INSTITUTO DE HISTORIA DE NICARAGUA. ‘Encuentros con historia’ Instituto de
Historia de Nicaragua (Universidad Centroamericana). Managua 1995. Pág. 354. 14. Idem
nota 1. Pág. 53. 15.
CARDENAL, ERNESTO. 'Poesía nicaragüense'. Editorial Nueva Nicaragua. Managua,
Nicaragua, 1986. Pág. X. 16. Idem nota
1. Pág. 42. 17. Idem
nota 2. Pág. 36. 18. Idem
nota 10. Pág. 66. 19. Idem
nota 10. Pág. 66. 20.
ARELLANO, JORGE EDUARDO. ‘Brevísima historia de la educación en Nicaragua’
Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica. Managua, 1997. Pág. 95. 21. Idem
nota 8. Pág. 47. 22. Idem
nota 1. Pág. 226. 23. Idem
nota 10. Pág. 67. 24. Idem
nota 2. Pág. 17. 25. Idem
nota 2. Pág. 17. 26. Idem
nota 2. Pág. 37. 27. Idem
nota 2. Pág. 37. 28. Idem
nota 2. Pág. 23. 29. Idem
nota 14. Pág. VII. 30. SILVA, FERNANDO.
Nuevo Amanecer Cultural. Sábado 17 de febrero de 1990. Pág. 5. 31. VALLE
CASTILLO, JULIO. 'Imagen de Karla Sánchez'. Nuevo Amanecer Cultural. Año XIX,
No. 968. Sábado 24 de abril de 1999. Managua, Nicaragua. Pág. 6. Publicado en Octubre 1999. ‘400 Elefantes’ # 9 Un
vistazo a las poetas nicaragüenses En la segunda mitad del siglo XX uno
de los fenómenos literarios más importantes que se han dado en Nicaragua es
la figuración de las mujeres escritoras. Y esto no parece haber sido notado
por los autores nacionales. Unos fueron oportunos en reconocer la calidad de
alguna poeta que emergía, otros se limitaron al elogio físico o al chiste
sexista. Y aunque durante la revolución hubo quienes apreciaron y proyectaron
al grupo de mujeres de las décadas 60 y 70, el comentario político ?como
sucedió durante toda la década del 80- relegó el análisis literario para
tiempos pretéritos y lo que pudo ser reconocido como verdadero aporte a la
literatura nicaragüense quedó visto como mero artificio del proyecto cultural
revolucionario. Más allá de los beneficios de la
propaganda político?ideológica que recibieron los escritores en general hace
diez años, las figuras femeninas siguen, si no a la cabeza, al menos a la par
de sus contemporáneos. Las décadas del 80 y 90 ?aunque en menor cantidad y
con menos promoción a su favor? también han producido poetas de apreciable
calidad. De modo que no deja de ser tentador y
útil contrastar a estos dos grupos femeninos, no con el fin de determinar
cual es mejor, sino con el propósito de aprovechar para el estudio de la
literatura en Nicaragua, algunas señales que se hacen más evidentes vistas
desde la trayectoria de estas mujeres, porque ciertamente la literatura en
Nicaragua ya no es sólo asunto y propiedad de los hombres. 60 y 70: Transgresión e invención de
nuevos esquemas En las décadas del 60 y 70, por
primera vez en Nicaragua, surgió una numerosa promoción de escritores. Esta
generación surgida en dos décadas estuvo integrada en su parte femenina por
Christian Santos (1941), Vidaluz Meneses (1944), Ana Ilce Gómez (1945),
Gloria Gabuardi (1945), Michel Najlis (1946), Gioconda Belli (1948), Daisy
Zamora (1950), Rosario Murillo (1951), Yolanda Blanco (1954) y otras. El escrito más interesante que existe
sobre esta generación de mujeres quizá es el prólogo del libro 'La mujer
nicaragüense en la poesía' (1992), de Daisy Zamora, en el que señala aportes
de su generación, aunque en algunos casos confunde como aportes lo que son
esquemas. Efectivamente el gran aporte de esta
generación fue el exponer los problemas de las mujeres a través de la poesía
y aprovechar lo que la poesía siempre ha podido tener, capacidad de subvertir
lo establecido. Por supuesto, obviemos aquella
discusión de si hay o no literatura femenina. Hay literatura escrita por
mujeres. Y no es que la aparición de un grupo de mujeres escritoras sea un
aporte en sí. Pero el ser hombre o mujer significa, en ese sentido es
acertado que Zamora escriba: "la mujer, a la vez que se descubrió a sí
misma, irrumpió en la literatura nicaragüense con una obra novedosa y
definida, dotó a nuestra literatura de la voz que le faltaba: la de la
mujer". Parte de ese aporte es el ya trillado
cóctel de: amor?erotismo?lucha, en el que observó Alvaro Urtecho como
"el cuerpo se polit¡za" y al que también denominó "humanismo
erótico". El mismo erotismo que escandalizó a herejes como Beltrán
Morales, quien atropelló a Gioconda Belli con su crítica agria. "El
precio de un lenguaje tan abierto, tan franco y extremo, tan lleno de
vitalidad, menstruaciones, hormonas, ovarios y trompas de falopio, se paga
?en este caso específico? con la molesta sensación de sentirnos ante una
suerte de machismo al revés ?que no ha de confundirse con el feminismo?. Todo
lo cual confiere a la poesía de Gioconda Belli una inobjetable originalidad".
Es evidente que la postura de Morales, además de ofendido macho fue de
'resistencia' al exteriorismo. La mayoría de estas escritoras
surgieron al amparo y bajo la protección de la escuela de José Coronel
Urtecho y Ernesto Cardenal. Muchas de ellas son precedentes indiscutibles de
los talleres exterioristas, o más bien, son la primera edad de los talleres
exterioristas de estilo coloquial, narrativo, con su dosis de política en
tono de denuncia y con la concepción del poema como tesis o antítesis de
algo. "Por tanto, en mayor o menor grado, sus obras están inscritas en
una tendencia general, que se ha llamado imprecisamente 'coloquialismo' o
'exteriorismo"', según Zamora. Pero un leguaje "tan abierto,
tan franco y extremo", no es signo de mala calidad. Y más, el llamado
exteriorismo también tuvo sus piezas literarias. Lo encomiable del
exteriorismo era su Pretensión normalista esquemática, su panorama
exteriorista?céntrico de la literatura nicaragüense, su subordinación al
servido de la política que se prestaba para la abundante repetición, pero eso
no niega la existencia de buena poesía creada bajo su ley. No debe olvidarse que en el contexto
en que surgieron estas mujeres se convocaba a los escritores a ser parte de
la acción y a comprometerse políticamente. Se hablaba de literatura o arte
comprometido y se definía por convertir el arte o la literatura en
instrumento ideológico, doctrinario y concientizador. Dentro de la línea de
poesía comprometida estas mujeres tuvieron aciertos y desaciertos al
convertir su poesía en un arma de compromiso feminista. Entre los desaciertos
está el de inferirse la voz de todas las mujeres, es decir, el suponerse que
a través de ellas hablan todas las mujeres. Comprometidas con la liberación
femenina estas mujeres aportaron mucho a la retórica feminista ?en este caso
retórica debe admitirse en su dualidad? y dentro de esa retórica se hizo
tradicional el uso de la palabra mujer. Es muy fácil encontrar en sus poemas
frases dogmáticas acerca de 'el ser mujer', caracterizadas por la
generalización del sujeto mujer que se hizo más anónimo y menos verídico.
Para decirlo con un verso de Vidaluz Meneses: "tradición hecha
mujer". O rematemos con una frase de Zamora, "la gran constante de
las poetas mujeres en Nicaragua es la mujer". Pero tampoco fue una limitación
exclusiva de estas mujeres poetas, lo mismo sucedió con los varones respecto
a 'el ser hombre', el pueblo y otras categorías que el auge revolucionario
subordinó al dictado de las letras. En algún momento señaló Leonel Delgado,
como esta conducta de apropiarse de "la voz de los que no tienen
voz" ha sido recurrente, especialmente en los años 60. Morales no estuvo tan errado al
detectar en el exteriorismo la más clara limitación de esta generación, pero
esta no fue una limitación exclusiva de las mujeres, sino de casi todos los
poetas. Y tratándose de una poesía que se proponía contribuir a los cambios
sociales, quizá lo más acertado era su "franqueza". Tampoco era su "machismo al
revés" uno de sus defectos, sino el proponerse como fórmula lo que
Zamora llamó, "erotismo como objeto y sujeto poético". Porque de
allí devenían dos errores, primero establecer el prejuicio de que
"exaltar el cuerpo, celebrar la sensualidad y sexualidad del cuerpo,
para nosotras las mujeres tiene una intención subversiva". No siempre es
subversión, ni todas las mujeres se lo proponen así. Por otra parte es errado
suponer el tema del erotismo o sexo como señal de calidad literaria ?esto sin
olvidar que hablar del cuerpo no siempre es erotismo?. La fe en cierto
erotismo es fórmula comercial. Por eso vemos que de todas estas mujeres, la
internacional hasta el momento es Belli, aunque la preferida por los
literatos nacionales es Gómez. Es conducta común en los escritores
nicaragüenses contrastar secretamente a Belli con Gómez y se incurre
nuevamente en el error, ya que ambas poetas, por diferentes, no son
excluyentes la una de la otra, además de que pese a sus diferencias admiten
algunas semejanzas. Por otra parte muchas veces se ha
incurrido en elogiar a Gómez de manera fútil y superficial como este
disparate de Morales: "justo balance entre el corazón y la
inteligencia". O el elogio sexista, como éste del mismo Morales:
"lo que ella escribe es como si hubiera sido escrito por un
hombre". A lo que Zamora parece responder. "los poemas escritos por
las mujeres nicaragüenses a lo largo de estas tres décadas pueden
perfectamente bien ser identificados como poemas de mujer. sólo una mujer o
sólo poetas mujeres pudieron haberlos escrito". Y eso es lo que permite
las semejanzas. Me refiero al punto de partida en común de mujeres que
escriben sobre mujeres o que se definen en sus textos como autoras. Por otra
parte se le han atribuido a Belli cualidades que no son exclusivas de ella
sino de su generación. Por ejemplo Zamora señala que, "la inaugural
incursión femenina en los terrenos testimoniales como en la protesta, pero
armada y amada, armando y amando, se debe a Michélle Najlis". Esto deja
claro que Belli no fue la primera en adoptar una actitud comprometida, ni
tampoco la única feminista del grupo. Lo particular en Belli fue su énfasis
sexual. Pero quizá la predilección de muchos
por Gómez, es que su poesía no es de la clásica escuela exteriorista es más
interior, más del universo lírico que social y más experimentada en figuras
literarias y formas, de excelente conclusión especialmente en sus poemas en
prosa ?incluso se puede anotar a Gómez como una de las mejores autoras de
poemas en prosa, por encima de muchos autores y autoras nicaragüenses?. Pero
buena parte de su poesía es sentimental y está sumergida dentro de la congoja
amorosa que es donde Morales ?tal vez sin pretenderlo- la encasilla. “`Las
ceremonias del silencio’ bien pudo llamarse las ceremonias del amor”. A lo
que también podríamos agregar esto de Raúl Orozco, “girando todo ello
alrededor del tema casi único del amo”. Y no podemos descartar que la
fidelidad al canon patriarcal, fue sin duda otro factor determinante en esta
predilección por la poesía de Gómez. De todas maneras la crítica no ha sido
justa con ella ni con el resto de mujeres.
Y no es de extrañar que la
internacional sea Belli, ya que en contraste con Gómez es más desinhibida en
su sexualidad y aunque más fatal, redundante y adoctrinadora, su poesía ha
capitalizado la influencia de las corrientes de liberación feminista.
Mientras Belli exhibe su sexualidad: "las mil y un cosas que me hacen
mujer todo los días/ por las que me levanto orgullosa/ todas las mañanas/ y bendigo
mi sexo"; Gómez en ciertos casos se suprime: "y heme aquí reducida
a polvo". De modo que si la limitación de Gómez
es estar ceñida al rol tradicional de mujer amorosa, para Belli es igual de
limitante su designio libertario. Pero esta contraposición que
calladamente se hace entre Belli y Gómez, impide ver las particularidades del
resto de autoras. Específicamente son particulares las poesías de Rosario
Murillo aunque parte de su obra puede ser incluida dentro de la corriente
exteriorista también probó otras posibilidades estilísticas dejándose
influenciar por movimientos literarios de los años 60. En esa línea cosechó
una poesía más tolerante con lenguaje metafórico y aunque a veces conservaba
el tono coloquial lo matizaba con vocablos menos convencionales: "este
acelere, mi pofi,/ y es que así son matizones/ los de la onda pesada/ y no se
me ponga balurde". El otro caso que merece atención es el de Mariana
Sansón Argüello (1918), que surgió junto a estas mujeres. Su poesía es breve,
a veces ingenua: "si quiero ser pequeña,/ me siento junto al mar. / Y si
quiero ser grande,/ tomo el agua en mis manos''; otras veces con un gran
sentido de la intuición: "por ir buscando el mundo/ la mano se consume.
/ Me has dado un puente,/ del sentido al oficio"; y está también la
magia de su 'Zoo fantástico' en el que crea un universo de personajes
extraordinarios: "un pequeño personaje que se parece al ratón, pero es
rojo, camina con palito negro en la mano izquierda". Lo que en verdad
sorprende en Sansón Argüello, es el relajamiento, la libertad imaginativa,
sobre todo en ese contexto de auge de la poesía exteriotista. Pero en definitiva, ésta no es una
generación de grandes figuras individuales y su valor es más notorio desde
una perspectiva de conjunto. Debe reconocerse que estas mujeres pese a
haberse sumado a los esquemas de la escuela exteriorista, supieron romper con
la poesía sentimental que se había supuesto como la más femenina; que el
surgimiento de ellas marcó el ingreso definitivo de la mujer en la literatura
nicaragüense y desde entonces esta última ya no es la misma. Tampoco las poetas surgidas en los 80
y 90 están dominadas por figuras. Pero sí me parece percibir cambios de
actitudes y una nueva circunstancia. Los 80, aunque a muchos les cuesta
aceptarlo, estuvieron signados por el ministerio de cultura de Ernesto
Cardenal. Eran años de guerras y la sociedad nicaragüense estaba dividida
radicalmente. En cultura, el sandinismo manifestaba su división interna y se
confrontaban sus sectores a través de suplementos semanales como ‘El Nuevo
Amanecer Cultural’, que era afín a Ernesto cardenal y el suplemento 'Ventana'
dirigido por Rosario Murillo y alrededor del cual surgió el único grupo
polémico, de la década, el llamado 'Comando Beltraniano de Saneamiento Literario'.
Pero el sector que políticamente confrontaba al sandinismo se manifestaba a
través de 'La Prensa Literaria', desde donde se empezó a hablar de una
"poesía del exilio" o "del exilio interior" y se
confrontó a la escuela exteriorista que se normaba por un estilo realista
carente de metáforas, con la imposición del compromiso político. La prensa
literaria por oposición publicaba una poesía de estilo lírico, abundante en
metáforas y generalmente desentendida de la política. 80: el empuje lírico Muchas escritoras que surgieron
durante esa década cosecharon un estilo exteriorista. Temáticamente también
las cosas siguieron invariables, los temas comunes tenían tres constantes: la
revolución, la retórica de la mujer y la del amor. Pero pese a todo, algunas de
las integrantes de este grupo no participaron de la anécdota exteriorista, se
desentendieron de la poesía comprometida o de servicio político y no les
preocupó militar como feministas para ser reconocidas. En esa década surgió un grupo cuya
definición puede estar sujeta a variantes. Estas son Cony Pacheco (1957),
Karla Sánchez (1958), Blanca Castellón (1958), Ninfa Farrach (1958), Alba
Azucena Torres (1959), Carola Brantome (1961), Marianela Corriols (1965),
Isidra Ortiz (1967), Grethel Cruz (1968), Milagros Terán y probablemente
otras. Todas ellas tienen en común además de ser situadas en la misma década,
el tener libros publicados. La inclusión o exclusión de algunas
mujeres de este grupo muestra la ineficacia de la división generacional por
décadas que se acostumbra hacer en Nicaragua. Pero por la precisión
cronológica es más propicia que cualquier otra de orden subjetivo. Brantome inició sus primeras
colaboraciones a finales del 70, publicó profusamente en los años 80, pero es
con escritores de los 90 con quienes integra grupos como 'lmagen' o en
revistas como '400 Elefantes'. Probablemente por eso Luis Enrique Duarte se
refirió a ella como a una "huérfana de varias generaciones", porque
muchos poetas surgidos en los 80 no incluyen a Brantome como una
contemporánea, aunque ciertamente es una poeta propia de la década del 80. En
esa década en que los bandos literarios estaban radicalmente divididos.
Brantome era asiduamente publicada en 'La Prensa Literaria'. Por su estilo
lírico fue incluida en el artículo 'Percepciones de las últimas tendencias
poéticas', en el que Pedro Xavier Solís habla del "exilio
interior". Brantome destaca dentro de este grupo
de mujeres por su estilo riguroso y breve, muestra habilidad para jugar con
la sintaxis y la forma. Su poesía se apoya básicamente en imágenes que
tienden a distorsionar los, referentes realistas, "qué hace la fuente
abierta en tu boca/ sino golpear el azadón". Muchas veces no llega a la
revelación del asunto y sus poemas se convierten en bloques de frases
ininteligibles: "la caliza caliente palpa el olor/ ya el musgoso rito
levantado/ mil veces,/ para que no quede duda/ que se nace". 'Más serio que un semáforo' (1995),
es el único libro editado por Brantome y aunque se puede considerar una
colección de poemas sueltos, en su poesía existe la constante de la
inadaptabilidad, la autonegación y la negación de lo Otro: "soy tal como
no sé que soy", "un mundo en el que no creo";
“definitivamente/ ciudad/ tus calles/ no me conducen/ a ninguna parte”. Pese al deseo de esconder el asunto
en cada poema se pueden notar algunas constantes temáticas como la infancia,
“m¡ infancia/ es una bicicleta/ escondida/ en un rincón”; las palabras corno
tema, "una palabra puede ser un río y innumerable"; y el amor perdido,
"ver a un hombre es perderlo". Pero en definitiva y pese a su
propósito de ocultamiento, el asunto que hace de centro gravitatrio de esta
poesía es la del propio ser, esto es una poesía básicamente lírica, dedicada
al entretejimiento o el desciframiento de un ‘Yo femenino’. La voz poética de
Brantome lo que nos expone es a una mujer fragmentada, “soy el espejo partido
en dos”. Fragmentada en el tiempo: entre la infante y la mujer, "la
niña/ que fui mañana". Fragmentada en el amor: entre el instante sexual
y el amor ausente: "ante el atrium hinco mi pie/ ajeno/ a tu
clavicordio". Fragmentada en el lenguaje: entre el deseo de exponerse a
través de la poesía y el deseo de ocultamiento, "yo persisto hablando
sin voz". Otra que también destaca en este
grupo es Castellón que inició sus publicaciones a finales de los 80, pueden
existir variantes en su ubicación ya que la mayor parte de su obra se ha dado
a conocer en los 90, pero también fue incluida por Pedro Xavier Solís dentro
de lo que denominó “poetas del exilio”. Castellón al igual que Brantome
parece regida por la brevedad. Sus libros publicados 'Ama del espíritu'
(1995) y 'Flotaciones' (1998), contrastan, 'Ama del espíritu' es más rico en
el uso de imágenes, 'Flotaciones', tiene un tono más reflexivo, en ambos, es
común el uso de símbolos; "Sumergirse en el oleaje de los pozos secos/
acorta la espera". El lirismo de Castellón le infunde una calidad
emotiva a su entorno, sus referentes reales son trastocados y hablan de un
mundo cerrado: "autorretrato/ invento del absurdo/ giros en el
claustro". Lo que tiene de especial esta poesía
es la tensión que posee. Se enfrentan, la profunda ansiedad por la vida con
el claustro; el sufrimiento con el amor. Pero en estas batallas el
sufrimiento está estilizado por puro rigor o para no someterse al melodrama,
"nostalgia del empuje perdido/ y pena de la carne ganada/ tibia guerra
entre vuelo y tierra". Nada es fácil, ni manso en esta poesía, la
búsqueda misma de la poesía tiene su nivel de tortuosidad: "era juguetona
como cualquier niña huérfana/ los padres adoptivos nunca llegaron". La
poesía de Castellón exhibe el arte de la sutileza, pero más allá de su
superficie está escrita con multitud de energía, aunque parezca
contradictorio, sus líneas son gritos en sordina. La poesía de Castellón no ejerce un
lirismo oscuro, sus emociones son claras, es decir, se percibe a través de
ella una personalidad literaria definida, con mundo propio y eso hace de su
voz, una de las mejores definidas en las recientes promociones. 90: afirmación de una voz propia Las décadas 80 y 90 son
fundamentales, ya que en ellas se ha gestado una independencia definitiva del
llamado exteriorismo. Los escritores de estas dos décadas han dado prueba de
poder hacer literatura de calidad, sin limitarse a la anécdota, al
coloquialismo cansón, al uso profuso de intertextos documentales, sin
prejuicio por lo metafórico, es decir, con libertad formal, temática y
estilística. Las poetas surgidas en esta década junto a algunas de los 80 son
signo de la singularidad a la que han llegado los poetas en general en estas
últimas décadas. Lo que no se ve en los 90 es uniformidad. Cada poeta es
completamente distinto a sus contemporáneos y estas jóvenes se caracterizan
por tener una voz propia. En la década del 90 han surgido Tania
Montenegro (1968), Marta Leonor González (1971) y se menciona a Milena
Gracía, Ana Francis Ortiz y Yaoska Tijerino, las tres últimas con pocos
poemas publicados. Tania Montenegro en su inicio comenzó
por la exposición lúdica de su sexualidad, "pinolillo y pelos te ofrezco
extranjero"; y dentro de la tradición del desamor, "comencé a
perderte cuando te diste vuelta en la cama". Su poesía reciente es más
libre en formas y figuras literarias, es a veces narrativa, hace uso del
monólogo interior, la fragmentación, la onomatopeya y el diálogo. En algunos
casos usa un lenguaje seco que prescinde lo mayormente posible de los
monosílabos y la puntuación: “Ge Ene patada la puerta dice no mata gente
inocente, ordena calle”. Montenegro en cierto modo continúa la
línea emprendida por Gioconda Belli de indagar sobre la sexualidad, con la
diferencia de que su poesía aborda los temas del lesbianismo y el
bisexualismo, "ella reacciona como un él acosado por otro él". Y
con un tono mucho más lúdico y desesperado llega a la, deconstrucción de su
género, quizá para proponer un espacio sexual neutro: "pero ella ama a
las mujeres escondidas en cuerpos/ masculinos/ por, eso se siente lesbiano,/
como también le gustan los hombres se sienten homosexual,/ y como es un hombre
en el cuerpo equivocado/ se siente lo que llaman transexual y bisexual./ Pero
es feliz en el cuerpo femenino porque como en el fondo se siente hombre le
gustan las mujeres". Marta Leonor González es quizá la
poeta de más furia que hallamos visto en Nicaragua, "Camino por las
calles con el deseo de matar/ de renunciar a la mirada triste de mi
enemigo". Generalmente hace uso de terceras o segundas personas que le
permiten un espectro temático más amplio y que la salvan de lo meramente
lírico, de modo que puede hablamos de una abuela, una madre, una prostituta,
del amor o de sí misma y puede hacerlo con imágenes metafóricas o realistas. Los retratos o cuadros creados en su
poesía poseen circunstancias sociales determinantes, en ellos el detalle no
es adorno casual o gratuito, sino que es índice de una realidad
estremecedora, “tu cara de luna negra y tu regordete trasero que no negó
caricia y placer mientras amamantabas al menor de tus cuatro hijo”. La
veracidad y la crudeza nada complaciente vindica de alguna manera a sus
personajes. Hay en su poesía una nostalgia agitada, pero no gimiente, sino
que matizada por el esperpento o el dolor vivo, "si ves un gato negro
decía mi abuela,/ te abrumará de noches,/ con las uñas te sacará los
ojos". Y resulta estupendo que esta poesía no se quede en el lamento
tendido y prolongado. Y éste es uno de los elementos más interesantes en la
poesía de González, que puede enfocar cualquier tema sin caer en la futilidad
o en el conformismo. Si habla del dolor va más allá del melodrama y le da un
espacio veraz, "en el cuarto oscuro extiende la mano y grita/ golpeando
el biombo recubierto de papel". Si habla del hastío no se queda en el
cansancio fatuo sino que lo trasciende, "este día no tiene dientes,/ le
han cortado sus dedos índices/ para no tocar la historia." También posee un oscuro sensualismo:
“la blancura de dos cuerpos/ uno en otro, apresurando entrar al ojo de una
hiena/ que muerde escupiendo la hora de su muerte” otro ejemplo, "la
jinetera espera que la noche arrulle sus pezones colorados, la entrepierna
tibia, el cáncer uterino amado por el falo mocoso de un conductor de
taxi". González es hasta ahora la poeta más persistente surgida en los
90. Su poesía es directa, con buen sentido de las figuras literarias y sin enajenarse
de la realidad. Y hasta aquí cierro este vistazo de
la poesía escrita por mujeres nicaragüenses, me he extendido sólo en aquéllas
que me parecen interesantes, con especial interés en las más jóvenes, por
supuesto, los gustos variarían en mucho este panorama, pero lo que nadie
puede negar es que todas las mujeres que he mencionado en este estudio, han
contribuido a enriquecer la literatura nicaragüense, a democratizar nuestra
cultura, han estado a la altura de sus contemporáneos masculinos y son la
mitad imprescindible de la literatura nicaragüense. Los retos, seguirán en
pie para todos. Publicado en Julio 2000. ‘400
Elefantes’ #10 |