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CANCION PARA EL
INUTIL
Narciso
de la sensiblería. Elipsis de la ruina. Escombro de la piedad que pule el
opaco espejo del quejumbroso. Entiérrate en la cripta, que te amamante la lástima
con su leche viscosa, la rabia disipada en orines. Te cerraron las galerías y
su bendición clorada, las oficinas de la molicie cínica. Ya no conocerás la
sorpresa de la monotonía diaria y laboral. A ver cómo reptas desde el talayo
de tu congoja, ya apaga la chicharra farragosa de tus lamentos, podrite de
tanto vos mismo. Preferible si te sobrevive un hongo. Tu madre mejor hubiera
parido piedras.
NADA CONTRA EL FUTURO
a
todos los inmortales de mi tierra
Lo
podías todo porque era mayo el tiempo a tu medida y muchas zarzas patricias
te ofrecieron incubación. Ser de la horda mejor consentía lo abyecto, un
parricidio exhibicionista, un gusto torpe para elegir, sin perder con todo lo
airoso. Fuiste por mucho el dueño de la crónica, el pliego endurecido se
curtió entre tus manos y el rebaño ansioso perfeccionaba con premura la
reverencia mientras tu viruta rectora se cernía sobre las cabezas. Pero todos
te estafaron, todos te balurdearon. Haciéndote vivir en eternidad,
enviciándote con el gusto de la gloria, saborearon tu fama. Es cierto, fuiste
inmortal. La hierba abría un camino a tu paso y habías dispuesto el fin para
el jueves, pero qué trampa la vida, la vida siempre se las sabe todas. Y ni
el aura de los sibilinos -que creyeron ver morir el tiempo- fue puntual. Nada
de lo soñado se parece a la fotografía y el cuerpo que sobrevive no fue el
que intuimos en la penumbra. No es que halla sido vano tu orden, sino que
este tiempo que nos aprisiona no termina, no
termina... no
termina.
LLANO DISENTIR
En la telaraña de mi cama
incrementado en la
marejada de sábanas
el pábilo de estos días
me acalambra el cerebro
en mi entorno la
gelatina sulfurada
confirma la existencia
de los otros.
La majada de risas dice
que unos la pasan bien.
Pasan con sus proféticos
aperos
refrendase la leyenda
del precio y la clarividencia.
Suceden los que grávidos
perviven cualquier marasmo
los que sobrepondrán su
carácter acémila a toda excusa.
Aludo también a los
nobles
los únicos persuadidos
del tránsito
el ser en desfachatez
la cotidianidad en
pureza dogmática
a estos los hizo dios.
También los crueles, ni
menester, ni ausentes
desbordados en
disipación
en histrionismo canalla
abotonados con
inescrupulosidad.
Todos, durando.
En continuo acaecer de
hormigas hacia el hormiguero.
Yo, ya nada veo. Ni
siento.
EN EL ANIVERSARIO DE
NADIE
Azotados calendarios por la
racha de estío
diagnosticada edad entre
reumatismos
los ídolos están
boquiabiertos en la ovación del caldo
deber que es este caldo,
escarmiento.
Los correligionarios
almidonan sus paletones
el broche a mansalva es
la condición intransmisible
y pocos tocados por el
reino oirán la trompeta apocalíptica.
Festones en carne viva
zurcen el aire pardo de la rambla
se oye en litigio el
perifoneo
la cofradía afectada
impone al venerado anuo
que en fervor avejentado
vaticina innovación
se convocan los corderos
de la voluntad
ya prevenidos en
estrofas de vertiginosa belleza
con sus máquinas de
escribir y sus entrecomillados
teclean la postración,
el incienso villano
hambre de las treinta
monedas
y reputación en metros
cuadrados.
¡Qué era esta de los
melindres!
de las necesidades
reafirmadas salpicando frijoles,
para eso muchos nacen ya
aficionados y conformes
adictos a los cumpleaños
de los jefes.
QUEMAR AL MAR
La espuma del mar excita a
la mujer
las sales sazonan sus
piernas
algas en plata
encrespada
anuncian siluetas
hendidas en la arena que la costa lame.
A la mujer le flaquean
las piernas ante el mar
el hombre es atrapado
frente a un muro teológico
tres dimensiones
exaltadas
con sus ecos arbóreos.
La mujer se postra en la
carne del mar
las olas cornean las
piedras mojadas
huyen cangrejos
sangrantes
templados en salsa y
luz.
La mujer aúlla mientras
el hombre la penetra
el cielo cruje en azul
prusia
las manos exprimen leche
de cristal
olas más olas de espesa
erección.
La mujer está cantando
desde las peñas mohosas
con sabor de camarones
hervidos entre mucosas.
El hombre salta sobre haces
de luz
piensa en aguas a su
madre
del hemisferio este le
viene el calendario de sus años
los días vividos
y los consumidos en
gentes de atraso
siente que fue niño como
arena
las olas traen profecías
de su muerte.
Pero hay una mujer
sofreída en líquidos brillantes
que incendia al mar con
sus tetas
que doma a la marea con
su melena
que sabe que ella y el
mar son el principio
y se acuartelan.
El hombre seguirá
merodeando los muros
con una tiza lila en la
mano izquierda.
Al otro lado de las
vallas
la mujer le mostrará sus
axilas
y un pez le danzará
entre las piernas,
los pies de ella serán
de claro esperma.
Por eso el hombre quiere
incendiar al mar
porque el mar y la mujer
se contubernian
porque el agua de la
mujer a él lo quema
y tiene una corona de
espuma alcohólica
y le efervesce la sangre
cocacolamente.
La mujer ante el mar es
siempre desnuda,
desnuda de pelo y de
piel sedienta
el sol le manosea los
poros vírgenes
le inventaría lunares y
risas.
El hombre siempre es
solo frente al mar
y uno a otro se
incineran.
RAUDOS APATRIDAS
En la esquina donde rompe el
frío
hay voces escalando
muros escarlatas
el olor de grasa refrita
es himno urbano
que explica por qué los
días se repiten
por eso descendemos a los
tranvías
y nos ataca en fiebre
amarilla su luz.
Crecen palabras
ininteligibles
letras florecidas en
chorros iridiscentes
un niño dice improperios
con ojos curvos
los túneles regurgitan
manteca en tenebrez.
La entraña de Berlín nos
traga
nos instala en situación
anónima,
ahí recordé algo futuro,
otro hemisferio
la inscripción en San
José:
"tengo una pistola
nueve milímetros
para matar a estos nicas
hijos de puta".
Y fuimos perseguidos por
charolas guturales
en los costados nos
latían pasaportes cobardes
documentos de legalidad
vergonzante
nos flagelaban el
temperamento apátrida.
Pero nos refugiamos en
una nube
de pigmento espeso
el sabor de toneles
húmedos por compañero
las salchichas ardían en
poniente
un espectro de cebollas
asadas
coronó esencia celestial
el carbón sintético
figuraba divino inoloro.
La noche se había
instaurado entre edificios desgarrados,
en un pabellón danzaban
colores ebrios
par de hombres que eran
mujeres besábanse a zarpazos,
en ese instante alguien
decidió que ya no podíamos ser menores de edad.
Nos impusimos nueva
latitud
rociados de sal en la
carne
sol y sal que murmuran
la tímida piel,
el cielo ondeando en
retórico celeste,
profuso en su alusión de
bandera,
hombres poblados de
noche casi en totalidad
mujeres ebrias de rencor
bajo los faros violetas
la generalidad de los
cuerpos poseídos
por una música
cimbreante
anudados en danza y
arresto,
pero con la mirada
siempre bordeada de sangre.
Ahí también ilegítimos
pillados por la inquina
tribal
donde sea, la caverna
el hombre depredador del
hombre.
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