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UNANIME Tomado de: ‘Unánime’. Juan Sobalvarro. Instituto Nicargüense
de Cultura (1999). |
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BIOGRAFIA HOSTIL
BIOGRAFÍA Nada hago. Pero en el fondo nada hago, ESTO ES espera Nada elegante es matar los
días en su crudeza Está comprobado que luego
así, LA OTRA BALA
NOCTURNO. Aquí en la montaña, todos los días
dormimos en lugares distintos, vamos de un cerro a otro, cerros lejanos a los
que tal vez sólo seis personas le saben nombre. Un día dormimos con la cabeza
hacia el norte, otro hacia el este, ¿dónde están mis
extremidades Creo que esta es la
pesadilla Creo que a esta noche la
hacen todas las bombas de la guerra. HE VISTO a un hombre muerto, -¿Dónde se incuba su culpa?- Veo que su muerte se va
borrando, EN ESTA guerra no maté a
nadie A nadie le escuché corazón
para dispararle. Yo digo que no matamos a
nadie. Voy a correr desnudo para
que se vea. CREO
QUE VOY a morir ahora, se oirá un disparo cuando pise aquel charco escupido
de verde; en aquel tronco, ahora sí. Voy a morir en este día amarillo a la
redonda, lo sé y me será ardua sorpresa. Probablemente padezca anemia cuando
muera, de esto no tengo certeza, presentimiento negro en espiral es lo que
tengo. La muerte cruzará el umbral del no dolor, con su bala perfecta. ¿Quién estará esperando para
matarme? LA
BALA era caliente y mordió todas mis venas de una vez. El corazón no es mío,
es del miedo y quiere a mi madre. Un hombre me dispara metódicamente, sin
anotar mi dirección, yo no le puedo hablar porque cumplo con el deber de
desangrarme. Al atardecer me abruma el miedo y ya no tengo argumentos para
odiar. Dejé de pensar en la muerte, mi sangre al irse, me dejó una garantía
de paz y duermo...
AMANECERVOS A MI MANERA a
Malona Te ofrezco este amor peligroso, TU CUERPO Y PRECIPICIO Atardece el instante de tu
piel MAS DIAS BOCETO DESVELADO DE
MANAGUA I Uno bien se pierde en
Managua II Managua es como un mercado III ¡Nadie quiere ciudad! IV Managua es la vocación de
perderse y retornar en alguna medida, ESTATUAS CELESTES Calles
de grises corrugados. El sol está reclinado, como ebrio a una pared. El bus
sonámbulo inventa laberintos, roza las acacias polvosas. La nueva es el
crepúsculo de un 15 de agosto del 96. La campana urge en su lamento a misa.
Las gentes, bañadas y a salvo, huyen felices de sus hogares. Yo estoy
asentado en mi anemia. El bus gira amablemente y entramos a una calle angosta
interminable, de aceras amarillas a cuadro. Al cada trecho, detenidas y
artríticas, hay madres jóvenes con sus niños en brazos. Madres eternizadas en
el segundo del hastío. Estatuas celestes y adolescentes. Recortadas en la
exhibición de un cansancio de brazos rendidos. Castigadas por la
contradicción. Que, un tiempo que nunca sido es dado por perdido.
UNANIME NO HAY poesía. -planchame este pantalón por
dios que soy mortal- Sin poesía, se vive sin
poesía, HE
VISTO a los poetas manchados por la preocupación y llegada la noche caer
huérfanos. Todos andan de goma, padeciendo el achaque de la ebriedad de
sí mismos. Inventan la modestia con menos tornillos que sus versos y
están derrotados por el silencio que les llega, de este lado del corazón
pelado y nocturno. La vida es una cárcel con lápices de colores y
ellos, son carro fúnebre, encarnado destino. Yo pido exilio,
exilio. No quiero modestia, quiero fama, esa fama que da bien de comer
y no da chance al trabajo, sólo tiempo a la "creación" y a la
vagancia de los santos. LA PROMESA En un país lleno de monte, Invertirás largos años en
reunir algunos versos, Caerá sobre vos el aluminio
de los años Entonces, allí en pleno
monte, Al día siguiente, FAUCES
FAUCES I Me
hablaron de aplausos y estuve esperando el fermento hasta amanecer. Unánime
se proclamaban los videntes de su propia iconografía. Y al fondo se oía la
voz de la Salvadorita "viste que bonitas que quedaron las fotos en el
aparador". La clientela estaba inteligente y ebria de espejos y los
refugiados estaban sumando fama. Otra voz recitaba fuegos crepusculares y yo
tuve un repentino ataque de provincia. ¡Pongamos las cosas en oscuro! me
dijeron. Y otra vez ¡oh travesía! fui cauto: dejé que me robaran el tiempo
con aquel discurso. A la tercera ronda algo hedía a estiércol o a gente
decente y al destrabar el pasador de aquella puerta sacudida como risa sólo
improvisé: ¡coman mierda todos! II Fingían
calumnia y un estilo en el murmullo. Ese día todos andaban vestida su
obscenidad y un coronado de primicia firmaba no se qué autógrafos
insaciables. "No era mi hora", pudo pensar la desertada de siempre
desde su rincón maleoso. Mientras los convencidos eran sólo de escenografía y
satín. "Porque este libro", recitó el locutor. Y no hubo desgano en
virarse hacia el bar mientras se aplaudía. La ceremonia era vestida de mona y
se queda. Hasta allí todo era armonía. El éxito tenía fecha de nacimiento,
todos fueron correctos. Pero cuando se rompieron los cristales de la vitrina
y los maniquíes se impactaron con su yeso... todos todos fingieron calumnia. III En
el arca, los adictos comensales llegaron al pacto. Sólo los ausentes fueron
injuriados. Era de ellos desdichado estigma: los malos. "Gocemos
ahora", parecía el convenio mientras se vaciaban. Y comenzó la función
de los recitadores a la usanza cortesana. Barrigas al por mayor parodiaban
cúpulas antigravitatorias o abdómenes anfíbicos. ¡Estos son los bardos de mi
patria! los sátiros que expulsados de la élite poderosa, a la sombra de los
monumentos maúllan en coro, envenenados entre sí por codicia de unas migas.
Paramilitares de la palabra por propina. ¡Escúchenlos!: "en el jardín de
las pasiones, mi alma se hizo promesa y era tan blanca su altivez, como el
negro que es azul". IV Del sentimentalismo más
elevado me sé himnos. En mi provincia amamantan a los versificadores con
leche de cabros mitológicos. Es lógico este ímpetu rural, este mareito
bucólico para atenuar cualquier fin de ideologías. Los retóricos de hace una
década con treinticinco, se proponen mansos voluntarios en espera de
desfloración. Otros, confiados en lo añejo de sus lamidos, arguyen
patrimonios consignados en épicos testaferros de su puta madre. Para que no
todo sea evasión, quiero decir: mi país tiene patrones y los poetas no
alcanzan en la mesa. ¿Si te sigue la jauría,
tendrás valor para no tener precio?
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