UNANIME

 

Tomado de: ‘Unánime’. Juan Sobalvarro. Instituto Nicargüense de Cultura (1999).

 

BIOGRAFIA HOSTIL



BIOGRAFÍA

Nada hago.
sé que no voy a morir en mi cama
y nada hago por evitarlo.
Quisiera estar loco hacia afuera
y no hacia adentro,
aburrirme armado
y no temblando.
Estoy común y sin suceso,
de día no trabajo
y por las noches descanso.
De nada sirven los días patrios,
no me fatigan los políticos,
y sin turbación me limpio el culo con los diarios.
A diario verso
los fuegos de la apatía,
le hurgo metáforas
a la vergüenza del silencio.

Pero en el fondo nada hago,
sólo soy un vencedor,
pues ya,
nadie puede vencerme.
 
 
 

ESTO ES espera
instinto que dicta tardanza.

Nada elegante es matar los días en su crudeza
ante esta prolífera sanidad.
Que las horas pasen
es vegetación normal.
Y se puede ser Uno
guardado allí encogido aguardado
con el sudor de un puño aprehensivo egoísta
la genialidad autoconservadora del avaro.

Está comprobado que luego así,
se puede respirar.
 
 

LA OTRA BALA



          NOCTURNO.
¿Y MI CABEZA DÓNDE?

Aquí en la montaña, todos los días dormimos en lugares distintos, vamos de un cerro a otro, cerros lejanos a los que tal vez sólo seis personas le saben nombre. Un día dormimos con la cabeza hacia el norte,

otro hacia el este,
oeste o sur.
Y a mitad del sueño,
la mano negra de la noche 
te abre los ojos para no ver.
Yo no sé lo que sucede entonces,
quién soy en qué lugar

¿dónde están mis extremidades
con las que penetraría ciego
a una mujer, hasta enloquecerla
y llorarla?
¿de quién es esta voz 
que habla en lo alto y luego se agacha?
¿dónde está mi madre?
¿mis hermanos?
¿y mi cabeza dónde?
¿el norte, el sur, el este, oeste?

Creo que esta es la pesadilla 
que besa y borra mis ojos.
Creo que aquí alguien usó una llave negra,
de una puerta negra,
que se abre a lo negro y no termina.

Creo que a esta noche la hacen todas las bombas de la guerra.
 
 
 

HE VISTO a un hombre muerto,
perseguido por moscas
y ángeles descalzos en medio del lodo.
¡qué callado es este muerto!, esta muerte
no tiene su discurso.
Aquí en lo perdido,
pronto le nacen parientes del desconcierto y
el miedo.
Quiero gritar por él.
Que su muerte no me induce llanto.

-¿Dónde se incuba su culpa?-

Veo que su muerte se va borrando,
así como oscureciendo,
en este hondo verdor de montaña.
 
 
 

EN ESTA guerra no maté a nadie
y si lo hice, soy inocente e ignorante.

A nadie le escuché corazón para dispararle.
Al ruido miedoso del monte umbrío le disparábamos,
a la humedad continua que baña estos cerros.

Yo digo que no matamos a nadie.
Todos estamos inocentes.

Voy a correr desnudo para que se vea.
 
 
 

CREO QUE VOY a morir ahora, se oirá un disparo cuando pise aquel charco escupido de verde; en aquel tronco, ahora sí. Voy a morir en este día amarillo a la redonda, lo sé y me será ardua sorpresa. Probablemente padezca anemia cuando muera, de esto no tengo certeza, presentimiento negro en espiral es lo que tengo. La muerte cruzará el umbral del no dolor, con su bala perfecta.

¿Quién estará esperando para matarme?
¿en qué monte que no sé?
 
 
 

LA BALA era caliente y mordió todas mis venas de una vez. El corazón no es mío, es del miedo y quiere a mi madre. Un hombre me dispara metódicamente, sin anotar mi dirección, yo no le puedo hablar porque cumplo con el deber de desangrarme. Al atardecer me abruma el miedo y ya no tengo argumentos para odiar. Dejé de pensar en la muerte, mi sangre al irse, me dejó una garantía de paz y duermo...


 

AMANECERVOS

 

A MI MANERA

a Malona

Te ofrezco este amor peligroso,
ojeroso de tanta muerte.
Clavado de pie, no me verás,
con una obligada flor entre mis manos.
No serán cantos de quejumbre mis versos,
ni grave voz poseída de tu olor bañado.
Es un amor sacado del desierto, asoleado,
uno al que no convence tanta gente razonable.
Este, que olvidó su deber de belleza,
por la urgencia de estar vivo.
 
 

TU CUERPO Y PRECIPICIO

Atardece el instante de tu piel
socavo laberintos en tu pecho
al pasar por el templo,
estallan cantos a un Dios.
Cuando mi mano tiene el talento
de ver tu pubis
nace en el monte
el mártir crucificado.
Son prometéicos los vientres
y la eternidad se desmorona como pan
se anula todo
con atardeceres, cordones y parques
queda, lo que dijo el cuerpo
no te quiero para toda la vida
sólo sé -lejos-
que estás en el mundo
mientras dure este precipicio.
 
 

MAS DIAS

 

BOCETO DESVELADO DE MANAGUA

I

Uno bien se pierde en Managua
y olvida su nombre
o sos asaltado por un niño asesino
y te es robado el poder del perdón.

II

Managua es como un mercado
o como casas prestadas por el sueño,
que transitorias pronto se van a borrar,
como que aquí era un hermoso basurero
y venía la gente a descansar sus sobras
y luego todos, olvidaron el camino de regreso.

III

¡Nadie quiere ciudad!
gritan que nadie quiere ciudad,
no todos quieren perderse extranjeros,
no todos buscan un sol más aplastante,
es el temor a una pequeñez más grande.
Por eso hay gente abrazada a los árboles,
por eso hay nombres escritos con lodo en las aceras.

IV

Managua es la vocación de perderse y retornar
o el misterio de caer por la noche
y no volver a ser el mismo,

en alguna medida,
Managua es sólo un nombre de índole remota.
 
 
 

ESTATUAS CELESTES

Calles de grises corrugados. El sol está reclinado, como ebrio a una pared. El bus sonámbulo inventa laberintos, roza las acacias polvosas. La nueva es el crepúsculo de un 15 de agosto del 96. La campana urge en su lamento a misa. Las gentes, bañadas y a salvo, huyen felices de sus hogares. Yo  estoy asentado en mi anemia. El bus gira amablemente y entramos a una calle angosta interminable, de aceras amarillas a cuadro. Al cada trecho, detenidas y artríticas, hay madres jóvenes con sus niños en brazos. Madres eternizadas en el segundo del hastío. Estatuas celestes y adolescentes. Recortadas en la exhibición de un cansancio de brazos rendidos. Castigadas por la contradicción. Que, un tiempo que nunca sido es dado por perdido.


 

UNANIME

 

NO HAY poesía.
sólo un hombre especulando desde la cama,
aburrido de la mugre de días y que le duelan las muelas.
No hay tal magia,
sólo el deseo de escribir
porque le viene gana,
de pensar que los atardeceres son una tabla inclinada.
No es su boba obsesión lo impalpable
y qué le importa que la poesía sea indecible.
Sabe que la leche estaba simple hoy,
que será difícil espantar a las moscas de este sábado.
Sólo triunfa con el deseo de escribirse para él,
de darle continuidad a esta crónica masturbatoria y deliciosa.
Sin apremio.  No importan los premios.  Ni aventajados
lectores de justas tildes.  Pero quiere que alguien
le lave los calcetines

-planchame este pantalón por dios que soy mortal-

Sin poesía, se vive sin poesía,
sólo con vida,
con este cautiverio de uno mismo
y el mundo barato.
 
 
 
 

HE VISTO a los poetas manchados por la preocupación y llegada la noche caer huérfanos.  Todos andan de goma, padeciendo el achaque de la ebriedad de sí mismos.  Inventan la modestia con menos tornillos que sus versos y están derrotados por el silencio que les llega, de este lado del corazón pelado y nocturno.  La vida es una cárcel con lápices de colores y ellos, son carro fúnebre, encarnado destino.  Yo pido exilio, exilio.  No quiero modestia, quiero fama, esa fama que da bien de comer y no da chance al trabajo, sólo tiempo a la "creación" y a la vagancia de los santos.

 
 
 

LA PROMESA

En un país lleno de monte,
de barrios accidentados revueltos como tripas
y nostálgicos basureros
sobre los que tus vecinos,
a gritos hacen públicas sus miserias,
tendrás nacionalidad.

Invertirás largos años en reunir algunos versos,
recabando signos de cosas gastadas.
Estremecido por la monotonía de un jueves,
aullarás a la luz y temblarás por lo que creíste verdad.

Caerá sobre vos el aluminio de los años
y persistirás en tus manías de campanario,
creyéndote la mentira
de que lograste engañar a todos
y en el fondo, te tocarás la úlcera del vacío
a la que nunca supiste dar nombre.

Entonces, allí en pleno monte,
en los barrancos del barrio,
te infartará la sed
y se te dará la muerte de Dios
como última verdad inexpresable
y nunca sabrás para qué sabes.

Al día siguiente,
un cablegrama dictará a algunas provincias
la noticia de tu ausencia
y en un periodiquito de pueblo
alguien te dedicará una columna pintada de celeste.
 
 

FAUCES



FAUCES

I

Me hablaron de aplausos y estuve esperando el fermento hasta amanecer. Unánime se proclamaban los videntes de su propia iconografía. Y al fondo se oía la voz de la Salvadorita "viste que bonitas que quedaron las fotos en el aparador". La clientela estaba inteligente y ebria de espejos y los refugiados estaban sumando fama. Otra voz recitaba fuegos crepusculares y yo tuve un repentino ataque de provincia. ¡Pongamos las cosas en oscuro! me dijeron. Y otra vez ¡oh travesía! fui cauto: dejé que me robaran el tiempo con aquel discurso. A la tercera ronda algo hedía a estiércol o a gente decente y al destrabar el pasador de aquella puerta sacudida como risa sólo improvisé: ¡coman mierda todos!

II

Fingían calumnia y un estilo en el murmullo. Ese día todos andaban vestida su obscenidad y un coronado de primicia firmaba no se qué autógrafos insaciables. "No era mi hora", pudo pensar la desertada de siempre desde su rincón maleoso. Mientras los convencidos eran sólo de escenografía y satín. "Porque este libro", recitó el locutor. Y no hubo desgano en virarse hacia el bar mientras se aplaudía. La ceremonia era vestida de mona y se queda. Hasta allí todo era armonía. El éxito tenía fecha de nacimiento, todos fueron correctos. Pero cuando se rompieron los cristales de la vitrina y los maniquíes se impactaron con su yeso... todos todos fingieron calumnia.

III

En el arca, los adictos comensales llegaron al pacto. Sólo los ausentes fueron injuriados. Era de ellos desdichado estigma: los malos. "Gocemos ahora", parecía el convenio mientras se vaciaban. Y comenzó la función de los recitadores a la usanza cortesana. Barrigas al por mayor parodiaban cúpulas antigravitatorias o abdómenes anfíbicos. ¡Estos son los bardos de mi patria! los sátiros que expulsados de la élite poderosa, a la sombra de los monumentos maúllan en coro, envenenados entre sí por codicia de unas migas. Paramilitares de la palabra por propina. ¡Escúchenlos!: "en el jardín de las pasiones, mi alma se hizo promesa y era tan blanca su altivez, como el negro que es azul".

IV

Del sentimentalismo más elevado me sé himnos. En mi provincia amamantan a los versificadores con leche de cabros mitológicos. Es lógico este ímpetu rural, este mareito bucólico para atenuar cualquier fin de ideologías. Los retóricos de hace una década con treinticinco, se proponen mansos voluntarios en espera de desfloración. Otros, confiados en lo añejo de sus lamidos, arguyen patrimonios consignados en épicos testaferros de su puta madre. Para que no todo sea evasión, quiero decir: mi país tiene patrones y los poetas no alcanzan en la mesa.

¿Si te sigue la jauría, tendrás valor para no tener precio?


 

X

 

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