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ACERCA DE UN VERSO DE LEURÍPIDES DE
CALAMATA -FRAGMENTO- |
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Es
verdad que ningún hallazgo ni novedad podré agregar al tema que apenas
intento explorar acá, animado, ante todo, por una conversación que no ha
mucho sostuve con Ricardo Castrorrivas en San Salvador. Fuentes
históricas precisas confirman que Leurípides de Calamata (Calamata,
558-Samos, 493 a. J.C.) compuso increíblemente, el mismo día de su muerte,
las trece mil y una estrofas que integran las diez estanzas del único escrito
que de él se conoce: “Oda para un cenotafio”. Otto
Bulfinch, en una de sus famosas “Páginas de historia griega” (1968, p. 28),
nos retrata aquella escena: “Los iniciados órficos de la isla de Samos, entre
ellos Pitágoras, rodearon con abismal pesadumbre a Leurípides de Kalamata en
su lecho de agonía. Según cuentan, Leurípides murió envenenado por su propia
mano luego de haber redactado, horas antes, su extensa ‘Oda para un
cenotafio’, la que consideró el punto culminante de su existencia mística”. Aunque
sean escasas las noticias que hasta hoy nos llegan sobre Leurípides de
Calamata, sabemos, en consecuencia, que fue uno de los órficos griegos del
círculo pitagórico y que además propulsó en Efeso una versión particular de
la teosofía pitagórica centrada en interpretar el orfismo como purificación o
catarsis de lo bestial que hay en el hombre. La
última estanza de la “Oda para un cenotafio” finaliza con un curioso verso
que fue calificado por Borges como “el verso más artificioso de toda nuestra
humana literatura”.1 Sin embargo, el verso no tiene hasta ahora una traducción
definitiva del griego arcaico: pires nictos ebole monade hipnus. En su
“Peregrination to the classic odes” (18-79, p. 10), Hugo Hilgenstock nos
facilita una aceptable traducción al inglés de la composición gramatical
“pires nictos ebole monade hipnus” del verso en cuestión: “the night’s pyres
trough away the number to dream”, que en castellano vendría a ser: “las piras
de la noche lanzan el número al sueño” o “el fuego nocturno lanza el número
al sueño”. José
Lezama Lima dedica una parte de su magnífica “Introducción a los vasos
órficos” para sintetizar la noción órfica de la noche. “De los comienzos del
Caos, los abismos del Erebo y el vasto Tártaro –apunta Lezama Lima–, el
orfismo ha escogido la Noche, majestuosa guardiana del huevo órfico o
plateado, ‘fruto del viento’. […] Bachelard nos ha recordado cómo en el sueño
la sílfide precede al pájaro, se crea el ‘espíritu volador’ antes de crear al
pájaro. En esa teogonía órfica, la noche poblada de espíritus voladores,
producto de la diversidad en las densidades, crea el huevo de Eros”.2 En “Ama
tu ritmo…”, poema de Rubén Darío, se alude a este fundamento
órfico-pitagórico vinculado con la armonía perfecta entre cosmos y quídam
(sujeto). Darío optó por utilizar la estructura clásica del “soneto perfecto”
para insistir en dicho argumento. En las estrofas centrales del soneto hay
una fiel remembranza del verso leuripideano, aunque alejada de cualquier
literalidad; ahí se evoca al “pájaro del aire” que equivale al “espíritu
volador” del que nos habla Lezama Lima. Transcribo el poema completo para no
obviar la importancia del contexto poemático: bajo su ley, así como tus
versos; eres un universo de
universos y tu alma una fuente de
canciones. hará brotar en ti mundos
diversos, y al resonar tus números
dispersos pitagoriza en tus
constelaciones. del pájaro del aire y la
nocturna irradiación geométrica
adivina; y engarza perla y perla
cristalina en donde la verdad vuelca
su urna”. 3 La
expresión “pires nictos ebole monade hipnus”, que corresponde exactamente a
la última línea de la “Oda para un cenotafio”, está escrita con veintiocho
letras y cinco palabras en total, tres de las cuales son formadas por seis
letras y dos por cinco le-tras. Con relación a esto, James Jeans explica que
“la aritmética pitagórica se relacionaba mucho con las propiedades místicas
de los nú-meros enteros. […] El número 3 no sólo estaba asociado con la idea
de la superficie, sino también con la masculinidad. El 4 lo asociaron con la
justicia, porque 4= 2 x 2, y así es producto de factores igualmente
equilibrados. El próximo número, el 5, significa el matrimonio, porque
resulta de la unidad del varón (3) y la hembra (2)”.5 Es probable que para
Leurípides de Calamata esta relación de guarismos proporcionaba la clave del
universo y las veintiocho letras que suma el verso entero, supondrían para él
la representación del grado que ocupaba dentro de la jerarquía de la logia órfica. Pero la
más clara disposición numérica que salta a nuestra vista está en que el verso
ocupa la décima y última línea de la décima y última estanza del inmenso
poema heleno. Si ajustamos estos datos a las creencias de la Aritmética
Mística, nos enteramos que el sabio de Calamata pretendió hacer una
construcción perfecta de su “Oda”, más pura que la correspondencia entre las
estrofas del soneto dariano. Ignacio Burk nos declara que “el número divino,
de suma perfección, era el 10. Lo representaba la ‘tetractys’6. Era el número
de Apolo. Por ese número los pitagóricos juraban: ‘juro por Aquel que ha
revelado a nuestra alma la tetractys que contiene en sí la fuente y la raíz
de la naturaleza eterna’. Tesura de la cuerda y su contrario: vibración, determinan
la música de la lira. La música del mundo, la armonía universal, se debe a la
tesura y vibración de diez contrarios; la tesura es par, la vibración, impar.
La sagrada serie decádica regía también en las esferas celestiales. En torno
del fuego central (caracterizado por 1) giraba el cosmos: sol, luna, tierra,
los cinco planetas restantes que conocían los antiguos y la hipotética
anti-tierra, que hacía falta para completar la década. El número de la tierra
era el 7; el del sol, el 3. El cosmos estaba rodeado por el Olimpo, sede del
Sumo Zeus”. 7 Por
último, no quiero dejar de recordar que algunos cabalistas franceses del
Siglo XVII, encontraron similitud entre el verso leuripideano y un texto
bíblico; se trata del último versículo del Éxodo en el que se lee: “Porque la
nube de Jehová estaba de día sobre el tabernáculo, y el fuego estaba de noche
sobre él”… 8 Casi un siglo más tarde, Paul Mandelbrote, descartó la
posibilidad de que ambos textos tuvieran relación, argumentando que sólo
había entre ellos dos puntos superficiales de parentesco que radicaban en las
alusiones del fuego y la noche. Se relata que la última vez que se le vio
vivo a Rasputín, cargaba una copia resumida de la “Oda para un cenotafio”,
traducida al francés por el propio Mandelbrote, quien murió intoxicado con
ácido prúsico el mismo día en que concluyó dicha interpretación en lengua
gala, el 10 de octubre de 1710. 2.- José Lezama Lima. El
reino de la imagen. 1981, p. 335 3.- Rubén Darío.
Antología Poética. Kapelusz, Buenos Aires, 1973, p. 108 4.- Kostís Palamás y
otros. La expresión popular. Casava, Barcelona, 1946, pp. 36-37 5.- James Jeans. Historia
de la Física. F.C.E., Madrid, p. 39 6.- Esto se refiere a las
diez cuerdas que producían la armonía del orbe: Impar-par;
limitado-ilimitado; uno-mucho; derecho-izquierdo; masculino-femenino;
inmóvil-móvil; recto-torcido; luz-oscuridad; bueno-malo (la cosmología china
nos ofrece la descripción del Yin y el Yang como dualismo general de todas
las cosas y que bien podría acaparar las demás categorías contrarias);
cuadrado-oblongo. 7.- Ignacio Burk.
‘Pitágoras y el occidente’, Revista del Instituto Pedagógico. Caracas, junio,
1965. p. 111 8.- Santa Biblia. Antigua
versión de Casiodoro de Reina (1569) revisada por Cipriano de Valera (1602).
S.B.U., Corea, 1998, p. 79. |
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