Festivales, bomba de oxígeno

 

Hoy les quiero contar algunas ventajas de los festivales de cine, como por ejemplo, el francés, italiano, holandés, español, independiente estadounidense, etc., Pienso que son oportunidades para cambiar de ambiente, escuchar otros idiomas, ver otras caras, apreciar a otros actores y estilos y viajar por el mundo, por cierto uno de los regalos más prácticos que nos da el cine.

Del Festival de Cine Francés (Venezuela, Abril 2005), les comentamos La turbulencia de los sentidos, de la directora canadiense Manon Briand, empieza en Tokio y termina en Quebec, Canadá. La película es sobre Alicia, una sismóloga que vive en Tokio y un día le asignan la misión de investigar un extraño fenómeno en Bahia de Comeau, su pueblo natal, donde la marea se ha detenido totalmente y parece estar afectando la conducta de los habitantes del pueblo y donde cosas extrañas tipo realismo mágico comienzan a suceder. Sospechando que esto pudiera ser el "precursor" de un gran terremoto, empieza su investigación que la lleva a enfrentar su pasado y a conocer al piloto Marc Vandal, quien terminará cambiándole la vida, mientras poco a poco va aclarándose el misterio de la marea.

De Canadá nos fuimos a Armenia, un recóndito lugar de la ex Unión Soviética, donde se desarrolla Vodka Limón, del director kurdo Hiner Saleem. Es la historia de un anciano viudo que sobrevive en una precariedad absoluta y a quien la pobreza le obliga a vender sus últimas posesiones, un escaparate, una televisión y un uniforme militar, mientras espera que su hijo le envíe algunos dólares desde Francia. En medio de tanta adversidad, se enamora de otra viuda, llamada Nina, a la que conoce en sus diarias visitas al cementerio. Es una película contemplativa, sencilla, con un humor absurdo pero muy especial, que trata con respeto el amor en la tercera edad.

Es comprensible sentirse un poco extraño con el cine que viene de países lejanos, que trae otro ritmo, otra forma de contar las cosas... Pero hay tantos temas que son reconocibles, con los que uno se puede identificar a nivel humano, independientemente de la nacionalidad. Por ejemplo, en El empleo del tiempo, del director Laurent Cantet, vemos a Vincent, un ejecutivo que pierde su trabajo pero no tiene el valor de confesarlo a su familia e inventa una farsa sobre un empleo prestigioso pero ficticio, engaña a su familia y va metiéndose en un verdadero lío con tal de seguir ganando dinero y mantener su estatus social. Viendo la película, uno siente que Vincent podría ser cualquier empleado de Caracas, Bogotá, Nueva York o Madrid, con una gran angustia, preguntándose cuál es el sentido de su trabajo, presionado por mantener un estatus, con temor de no dar la talla, etc.

Otra película sobre la ciudad es Lee mis labios, de Jacques Audiard, un thriller sobre una secretaria llamada Carla, quien sufre de sordera y es muy hábil leyendo los labios. Discriminada por sus compañeros, va acumulando rabia y frustración. Un día le contratan como ayudante a un ex convicto que la pone en contacto con un bajo mundo, nocturno, fuera de la ley, que transforma su vida y la lleva a una especie de autodescubrimiento de su propia astucia, ambición, deseo de venganza y capacidad de riesgo.

Para elevar el espíritu tenemos a Los Coristas, de Christophe Barratier, donde el profesor de música Clément llega a un reformatorio de menores donde los métodos son muy represivos y violentos. Clement no aprueba esta forma de tratar a los niños e intenta acercarse ellos a través de la música; forma una coral y va logrando, poco a poco, restablecer una conducta más positiva. Si recuerdan aquella película Nuevo Cinema Paradiso van a reconocer aquí a uno de los actores en un papel muy importante.

Otra gran película es Un largo domingo de noviazgo, o Amor eterno, como se llamó en Venezuela, del director de Amelie, Jean-Pierre Jeunet. Está ubicada a finales de la Primera Guerra Mundial y la protagoniza Audrey Tautou (“Amelie”) quien esta vez es Matilde, una joven que emprende una odisea para encontrar a su novio Manech, quien aparentemente ha muerto pero ella, que es demasiado tenaz, insiste en seguirlo buscando pues lo cree vivo. Eso sí, es una película fuerte, combinación de drama, película de detectives y espectaculares escenas de la Primera Guerra Mundial.

Ya ven que en el cine vale la pena arriesgarse un poquito de vez en cuando e invertir en obras que experimentan y oxigenan nuestra experiencia de entretenimiento. Por eso es bueno estar pendiente de los próximos que vendrán...

 

 

 

Teresa

en tiempos de guerra

Ginette González

 

Cuando Teresa Carreño zarpó de costas venezolanas rumbo a Filadelfia, en 1862, eran tiempos de Guerra Civil en Estados Unidos. Teresita se volvió una megaestrella y conquistó a los "yanquis" con su talento de niña prodigio. Iba acompañada de su padre -un señor, Manuel Antonio, autor del "Manual de Carreño"- e inspirada por su maestro Gottschalk.

Siguiéndole la pista a su época -y curiosa por el Oscar a Mejor Actriz de Reparto de Renee Zellweger y las nominaciones en otras categorías- fui a ver Cold Mountain (Minghella, 2003). Leyendo sobre Cold Mountain, me remonté a Gone with the Wind (Fleming, 1939). Intrigada por la justificación que del Ku-Klux Klan hace Margaret Mitchell en su novela, me interesé por The Birth of a Nation (Griffith, 1915).

 

 

 

 

Con el cine uno puede ir juntando retazos de información, opinión (y propaganda). No espero de la pantalla una única verdad, completa y absoluta. Me dedico a reír y llorar con los personajes de ficción... Y cuando puedo trato de imaginar las circunstancias que presuntamente les rodearon.

 

Así me pasé un par de horas admirando la cinematografía de Minghella en Regreso a Cold Mountain, mientras Ada Monroe (Nicole Kidman) esperaba tortuosamente a su Inman (Jude Law), un soldado confederado señalado por una trágica premonición sacada del fondo de un pozo.

 

Así seguí diez años de la vida de Scarlett O'Hara, habitante del mágico mundo de Technicolor de Lo que el viento se llevó, y constaté la ancestral experticia de Hollywood para desplegar entretenimiento, aún con los capítulos más trágicos de la Historia.

 

Y una tarde me aventuré por los códigos del cine mudo, en El nacimiento de una nación, hecha a comienzos de siglo cuando el terrorismo perpetrado por los caballeros del Sur podía parecer abiertamente aceptable para mucha gente.

 

Películas controversiales, amadas y despreciadas, pero nunca ignoradas. Retazos de una colcha en permanente confección. Paralelos entre guerras del pasado y guerras del presente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

NICOLE KIDMAN

Regreso a Cold Mountain

Me gusta pensar que Teresa Carreño fue un bálsamo de espiritualidad en medio de una oscura guerra entre hermanos. Nuestra megaestrella venezolana brilló al Norte del Norte, tierra de Louisa May Alcott, autora de mi desbaratadísimo libro "Mujercitas".

Teresa tocó para Abraham Lincoln en la Casa Blanca. Quizás la misma noche que, en el tiempo de la ficción, Scarlett O’Hara bailaba ataviada de viuda negra, escandalizando a sus coterráneos y asegurando que no le importaría bailar con “Abe Lincoln himself”!

 

Venezuela cuando se fue Teresa

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LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ

Cine Ávila

12 de Septiembre de 1940

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Uptown girls

PEQUEÑAS GRANDES AMIGAS

 

Dakota Fanning, Brittany Muprhy

Precious "Adefesius"

Ginette González

 

Son ilógicos. Son ilusorios. Improbables. Ingenuos. Predecibles. Convencionales.

Son volátiles, exagerados. Fugaces, artificiales, copiones (se imitan unos a otros). Se cambian, se repiten. Les gusta simplificar. Son rosa, pastel. Esparcen polvo cósmico. Son potables, mullidos, espumosos, vaporosos. Livianos y frívolos. Lacrimógenos.

Pero ellos son así. Ellas, mejor dicho: las comedias románticas. Uptown girls, Serendipity, Notting Hill, You've got mail, Under the Tuscan Sun, Sleepless in Seattle, The Parent Trap, The American President, One fine day, My best friend's wedding... Hay tantas. Se reproducen como la verdolaga: son inagotables.

Es su ritual lo que me atrae. Su colorido, su imposible movilidad geográfica, su empeño de enseñar lecciones de vida, su afán por revelarlo todo en un final apresurado, de último instante: en público, por altoparlantes, desde un rascacielos, en la puerta de un avión. Lo fácil que las olvido, y a veces las recuerdo. Su histrionismo, su ensoñación. Sus inesperadas, inconclusas complejidades. Sus soundtracks. Su fascinación por lo urbano, su habilidad para reírse de sus propios animales citadinos (de sus neurosis, obsesiones y pesadillas). Su hipnotizante cinematografía. Sus bufonadas, sus talentos, sus tesoros ocultos.

Cuántas veces las llaman adefesios.

Yo prefiero obviar sus imperfecciones. Me niego a calibrar su factibilidad, a probar que son absurdas. Yo simplemente las consumo, con cariño y agradecimiento, como son. Ilógicas, ilusorias, improbables... Predecibles y fugaces. A veces, ambiciosas.

 

ALQUILABLES    

RESEÑAS

CARTELERA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SALIDA

 

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