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QUÉ ES DIRIGIR LA POLÍTICA ANTITERRORISTA |
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Fue incongruente RZ cuando dijo que no iba a responder a quien opina que su política está creando incertidumbre a los empresarios, afirmando inmediatamente con rotundidad que es el Gobierno el que dirige la política antiterrorista. Evidentemente con ello no contesta, y descalifica lo que no le gusta, lanzando la perogrullada, que nadie discute, de que es a su Gobierno (y no a la patronal o a cualquier otra instancia política o no política) al que corresponde dirigir esa política. Es sibilino insistir, machaconamente, de cuando en cuando, en esa idea, porque da a entender que otros pretenden sustituirlo en esa función, y no es así. En efecto, nadie cuestiona que al Gobierno corresponde dirigir la política interior y exterior, la Administración civil y militar y la defensa del Estado, según se puede leer en el artículo 97 de la Constitución. Una de las acepciones del término «dirigir», que da la Academia de la Lengua y cuadra aquí, es la de «enderezar, llevar rectamente una cosa hacia un término o lugar señalado», y otra, en sentido figurado, «encaminar la intención y las operaciones a determinado fin». En ningún caso se dice que el dirigir implique definir, establecer o determinar el fin ni los medios. En realidad, la política que debe dirigir el Gobierno suele estar definida y determinada por el Poder Legislativo, o condicionada por fines y medios que establece dicho Poder, y que acaso resulta de pactos y compromisos, internacionales o no. Por eso, dirigir la política antiterrorista no es ni mucho menos tener el monopolio de su definición, ni tampoco que nadie pueda opinar al respecto. Si el Gobierno ha pactado los principios de la lucha antiterrorista con la oposición, como es el caso, suscribiendo en su día el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, es obvio que no dispone de ella libremente, sólo la dirige. El Gobierno, pues, está comprometido a dirigir no su política partidista, sino la pactada. Eso se calla arteramente y a nadie se le ocurre, cuando se alega la falta de apoyo de la oposición al «proceso de paz», sacar del bolsillo el texto del Pacto Antiterrorista, que no ocupa más de dos páginas, y leer alguna de sus cláusulas. Sin embargo, sería la mejor respuesta y demostración de que esos apoyos que de vez en vez pide el Gobierno al PP (con la boca pequeña) los tiene a mano: le bastaría cumplir el Pacto suscrito por RZ en su día. La función de dirigir, propia del Gobierno, tampoco impide criticar su política, e incluso cómo la dirige. En eso radica la diferencia entre un régimen autoritario y otro democrático. Es más, al rechazar esa crítica cuando proviene del partido de la oposición, invocando la lealtad del PSOE en situaciones anteriores y la falta de lealtad del PP ahora, se están equiparando indebidamente las circunstancias de la negociación del Gobierno popular y el proceso del actual Gobierno socialista. Entre esas circunstancias cabe destacar: entonces no había Pacto Antiterrorista, que ahora sí lo hay y obliga a seguir una política pactada (no dialogar con los terroristas, ni con partidos políticos no democráticos, ni con los partidos signatarios del Pacto de Estella mientras no lo abandonen explícitamente, etc); entonces había acuerdo acerca de la política de negociación con la banda, ahora, al seguir el Gobierno su política, al margen de la política pactada, no hay consenso. Por eso es lícito que el partido de la oposición critique esa política socialista, la de su Presidente RZ, más todavía porque éste buscó en su apoyo a cuantos se manifestaron contra el Pacto Antiterrorista impulsado por él mismo y no lo han aceptado nunca, no importándole el de aquel partido, que lo había firmado con él, porque le complacía que se quedara solo. Es una desfachatez del Gobierno vender a la opinión pública la falta de apoyo del PP al «proceso de paz», cuando anticipadamente se alió con otras fuerzas políticas, contrarias al Pacto Antiterrorista, para un proceso que significa adoptar una política radicalmente opuesta a la que tenía consensuada con el Partido Popular. Quien dude de esto o no tenga memoria histórica, que escuche a Rosa Díez o a Nicolás Redondo Terreros. 7.12.2006 > |