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CÓMO DEBE SER LA OPOSICIÓN |
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Mucho se habla de la oposición dura, radical y sistemática que está haciendo el PP al Gobierno de RZ. Sin embargo, a poca memoria que uno tenga, si ha vivido al menos desde la transición política hasta nuestros días en uso de razón y disfruta de cierta ecuanimidad, habrá de convenir que liquidado el régimen autoritario la clase política se vio obligada a inventar muchas prácticas democráticas, poniendo imaginación y creatividad, que es lo que sucedió en el modo de hacer oposición al gobierno. Pues bien, en esa tarea creadora hay que adjudicar al PSOE una inicial y decisiva aportación. Gobernaba Adolfo Suárez y fueron Felipe González y su equipo los que tuvieron el mérito de sentar las bases de lo que debe hacer la oposición, que es lo que hicieron ellos. Desde entonces sabemos cuáles son los cánones de una oposición bien medida y articulada, porque, ateniéndonos a las recetas de sus pontífices, las reglas de una recta democracia las debemos al PSOE, y si preguntamos a Pérez Rubalcaba y a José Blanco, actuales regidores de lo democrático, afirmarán, sin dudarlo, que aquélla fue el prototipo de la buena oposición al Gobierno. Nosotros así lo creemos también, aunque no sea más que por sus resultados: haber derribado a Suárez y a Calvo Sotelo (la derecha de entonces) y haber contribuido decisivamente a la aniquilación del partido que los apoyaba. A tales reglas se han atenido todos cuantos han sucedido al PSOE de FG en el papel de criticar la acción del gobierno, ese noble arte tan imprescindible en democracia. Alianza Popular y el Partido Popular, encabezados por sus líderes Fraga y Aznar, recorrieron ese camino señalizado por sus antecesores; sobre todo el segundo, porque al primero su pasado le costaba caro cuando el partido del gobierno actuaba de contra-oposición (otro descubrimiento democrático de los llamados socialistas). Se salió de él Hernández Mancha, demasiado suave, y esa torpeza contribuyó seguramente a su fracaso. Asimismo, lo siguió el actual PSOE, certeramente a partir de liderarlo Rodríguez Zapatero, y por si alguno lo pone en duda señalamos algunos episodios: las privatizaciones de las empresas públicas y de la Sanidad, el medicamentazo, la subida de las pensiones andaluzas, Gescartera, el Prestige, la guerra de Irak, el «asesinato» de Couso (que ahora ya no lo es), el 11-M... Cierto que respetó la política antiterrorista de Aznar, pero no debemos olvidar que esa política era la misma del PSOE en ese tiempo, hasta el punto de que la pactó con el Gobierno y el Partido Popular. Tan democrática y eficaz se demostró la técnica utilizada por el equipo felipista de la transición contra la UCD, que inmediatamente de ganar las elecciones la adoptó, ahora en su acción de gobierno, inventando la contra-oposición, consistente en gobernar oponiéndose a la oposición, táctica que siguió más tarde el gobierno popular –eso sí, como modesto principiante– y actualmente el equipo socialista, que la practica por ver si puede, destruyendo a la oposición, conseguir la ruptura, esa que añora porque no la pudo realizar en su día y porque se convirtió en una transición cerrada en falso. 22.3.2006 |