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EL CAMBIO Y EL PROGRESO |
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Se suele atribuir a la izquierda el cambio y el progreso, y se pretende que ambos la caracterizan frente a la derecha conservadora, de la que se destaca su inmovilismo. Permítaseme alguna sugerencia sobre dichos conceptos. Cambiar significa más o menos sustituir algo que se tiene, por otra cosa. Los defensores del cambio dan por supuesto que es bueno y que es malo el inmovilismo. Sin embargo, si se les presentan algunos ejemplos convendrán que no es siempre así. Franco cambió un régimen político, que es el máximo cambio en política; la transición política, protagonizada por UCD, un partido de centro o de derecha –según el momento y la perspectiva de quien lo define– nos llevó a otro cambio de régimen, y con él a la promulgación de importantes leyes que siguen vigentes, y no es necesario citar, muchas de ellas concernientes a la descentralización autonómica y a los derechos y libertades fundamentales. El gobierno de derechas del Partido Popular –inmovilista según sus adversarios políticos– introdujo significativos cambios en política internacional, nacional, autonómica, cultural, social y económica, a veces con el apoyo pactado del principal partido de la oposición, como en la lucha por las libertades y contra el terrorismo o en la reforma de la Justicia, y otras en abierta confrontación con ella, como en la eliminación de algunos medicamentos de los dispensados por el INSALUD (medicamentazo), cambio éste, sin embargo, que conservan los actuales gobernantes pese a juzgarlo malo en aquel momento. igualmente, mantuvo leyes elaboradas cuando gobernaba Felipe González, conservando, de tal modo, los cambios introducidos por éste. Por el contrario, es indiscutible que la izquierda, en los periodos en que ha gobernado, no ha cambiado todo. Por ejemplo, la legislación aprobada bajo los gobiernos de centro y derecha, la han conservado en su mayor parte los de Felipe González. Incluso, contra lo que este partido propugnaba sobre el aborto libre en su programa, ha mantenido muchos años, la ley del aborto dictada en tiempos de la UCD. El gobierno de Rodríguez Zapatero, respeta prácticamente todo lo heredado de gobiernos anteriores –incluso de los denominados conservadores– excepto muy pocas cosas, aunque algunas de éstas y de las que intenta cambiar tengan indudable trascendencia mediática. No creo necesario insistir. El cambio no es patrimonio de la izquierda, como no lo es el conservar, respecto de la derecha. Unos y otros se mueven, cambian o conservan según sus ideologías, sus momentos y sus conveniencias. Podría pensarse que lo verdaderamente característico de la izquierda es el progreso. Ella misma se proclama progresista, contraponiendo esta noción al conservadurismo retrógrado de la derecha. De tal modo, el cambio progresista sería lo que define al PSOE y a IU frente al PP. Sin embargo, la etiqueta «izquierda progresista» resulta ya dudosa desde el momento en que a ese tipo de cambio también se apuntarían algunos partidos regionalistas de centro-derecha, como el PNV y CyU, aunque sea únicamente por defender la autodeterminación o, en su caso, mayores cotas de autonomía, distanciándose así del PP en lo referente al «centralismo» que le imputan (sin duda, el que resulta del vigente Estado de las Autonomías, ahora defendido sólo por él, aunque fuera diseñado en la Constitución y configurado en la Transición con el consenso de las fuerzas políticas). Me temo que todo consiste en el significado, poco o nada claro, que cada uno concede a la palabra progresista. Significa estar a favor del progreso. Pero, ¿qué es el progreso?. El adjetivo «progresista» se aplicó a uno de los partidos liberales en los comienzos de nuestra andadura constitucional. El adversario recibía el nombre de «moderado». Preguntémonos qué disyuntivas, entre las siguientes, son «progres» o «más progres»: –¿Llamar unión civil a la de homosexuales o llamarla matrimonio? –¿Permitir la inmigración libremente o restringirla? –¿Inculcar disciplina a los niños o dejarles hacer lo que quieran? –¿Declarar obligatoria la asignatura de matemáticas o considerarla de libre elección del alumno o de los padres? –¿Dejar a los indigentes que ocupen las viviendas vacías o impedírselo? –¿Impedir todos los desahucios, sólo cuando los propietarios son ricos, sólo cuando los inquilinos son pobres, sólo cuando hay por medio una hipoteca y un Banco? -¿Permitir que el despido sea libre o sólo como sanción disciplinaria? -¿Obligar a la retribución igual para todos, o según el trabajo de cada uno, o según las necesidades de cada uno; o permitir las diferencias salariales en un mercado laboral libre; o esto mismo, pero obligando a un salario mínimo interprofesional? -¿Abolir la ropiedad privada? -¿Permitir sólo empresas públicas, o sólo empresas privadas, o ambas formas? -¿Permitir sólo la enseñanza pública, sólo enseñanza privada o ambas a la vez? -¿Medicina pública sólo, medicina privada sólo, o ambas? -¿Permitir manifestaciones sin necesidad de autorización o exigir ésta? -¿Derecho de huelga sin restricciones o con obligación de servicios mínimos? -¿Permitir a manifestantes y huelguistas que obstaculicen la circulación de vehículos o impedírselo? ¿Permitir o sancionar los actos delictivos cometidos con tal motivo? -¿Soberanía compartida para todas las Comunidades Autónomas, o sólo para las históricas, o simple autonomía? -¿Admitir la nación catalana, o no? -¿Suprimir el impuesto de actividades económicas cuando grava a empresas pequeñas o profesionales, o mantenerlo? -¿Mantener el Ejército o suprimirlo? La lista de posibles preguntas sería interminable. La anterior es una muestra muy pequeña, pero suficiente para hacernos cargo de la dificultad que entraña determinar qué es en cada caso lo progresista o lo retrógrado y, más aún, asociar dichos conceptos a la izquierda y a la derecha, respectivamente. ¿Acaso se puede afirmar que optar por los llamados contratos basura, liberalizando el mercado laboral, que al gobierno del PSOE le costó una huelga general, era lo progresista, frente a la situación heredada? ¿No fue progreso el desarrollo económico de los años 60 y la implantación de la Seguridad Social bajo el régimen dictatorial franquista? ¿Qué es más progresista en materia educativa, dejar que los niños hagan lo que les place, sin reprensión de ninguna clase, o reñirles cuando realizan actos egoístas e insolidarios, ponen en peligro su integridad o la de sus semejantes, o molestan o maltratan a los demás? ¿Qué política es más progresista, la que deja a España –tras los gobiernos de izquierda de Felipe González- con un sistema de pensiones públicas tambaleándose, una tasa de paro impresionante, un déficit exterior preocupante y lejos de poder entrar en la zona euro, o la que lleva –por obra del gobierno de derechas de José María Aznar– a invertir (cambiar) dicha situación asegurando las pensiones públicas, disminuyendo ostensiblemente el paro, subsanando el déficit de la balanza exterior y entrando en la Europa del euro? Apostar por el cambio puede ser un eslogan de cartel electoral, y lo mismo presumir de progresista, pero las palabras cambio y progreso no dejan de ser engañosas, por carecer de significado preciso y ser susceptibles de contenidos diversos a voluntad de quien se las apropia. Y es que las palabras deben servir para comunicar ideas y propósitos claros, no como entiende nuestro Presidente, el Sr. Rodríguez Zapatero, que explica a los chicos de secundaria el término nación diciéndoles, tal vez sin creérselo él: «no vamos a pelearnos por cuestión de palabras». 27.2.2006 (revisado 2.5.2016) |