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LOS TÍTULOS DEMOCRÁTICOS DE LA DERECHA (I) |
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Los partidos y organizaciones políticas de derechas, presentes en la II República española, podemos agruparlos, de acuerdo con Tamames (Historia de España Alfaguara VII. La República. La Era de Franco, 1973), del modo siguiente: a) Partidos republicanos.- Partido Radical (Lerroux) (que podemos considerarlo de centro); Partido Republicano Conservador o Derecha Liberal (Progresistas) (Alcalá Zamora y Miguel Maura); Partido Agrario (Martínez de Velasco); Partido Liberal Demócrata (Melquíades Álvarez); Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) (José María Gil Robles), que agrupó Acción Popular (Angel Herrera Oria) y Derecha Regional Valenciana (Luis Lucia y Lucia). Los dos primeros son activos particícipes en la instauración de la República. Los otros la aceptan, aunque el Liberal Demócrata se radicaliza los últimos años y Melquíades Álvarez es preso en la Cárcel Modelo, poco después de estallar la guerra civil, donde muere. b) Partidos autonomistas.- La Lliga regionalista de Catalunya (la “Lliga”) (Cambó y Ventosa). Nosotros incluimos también en este epígrafe al Partido Nacionalista Vasco (PNV), de derechas y católico (José Antonio Aguirre). Ambos estuvieron del lado de la República, que favorecía sus anhelos autonomistas, aunque el PNV no mantuvo su lealtad. c) Partidos monárquicos.- Renovación Española (Antonio Goicoechea, Pedro Sáinz Rodríguez y José Calvo Sotelo) y Acción Española (Ramiro de Maeztu), que se crean para combatir a la República y se nutren de monárquicos alfonsinos. Partidaria del pretendiente carlista, Alfonso Carlos, la Comunión Tradicionalista da lugar al Partido Tradicionalista (Manuel Fal Conde), que se opone abiertamente a la República. d) Partidos autoritarios.- Partido Nacionalista Español (Albiñana), JONS (Ledesma Ramos) y FE (José Antonio Primo de Rivera). Estos dos últimos, de inspiración fascista, se crean en la República, uniéndose en FE de las JONS, bajo un triunvirato, que da paso a la jefatura única de Primo de Rivera, siendo expulsado más tarde Ledesma. Durante la Guerra Civil, del lado de los rebeldes el protagonismo lo tienen los militares, al mando del General Franco, tras la muerte del general Sanjurjo en accidente de aviación (20 julio 1936), indiscutido a partir del que acaba con la vida del general Mola (junio 1937). Su principal objetivo, inicialmente, es ganar la guerra. Colaboran en el frente los falangistas y los tradicionalistas, cuyos partidos pasan a primer plano, si bien utilizados por Franco, que decreta su unificación en abril de 1937, asumiendo su jefatura. Después de la guerra, se convierten en el partido único del régimen dictatorial (el Movimiento Nacional), quedando abolidos todos los demás. En los años siguientes a la muerte de Franco sólo reaparecen los autonomistas (en Cataluña con otros nombres, que dan lugar a la actual CyU), el carlista (tradicionalista) y FE. Los restantes partidos que hemos mencionado han desaparecido o carecen de relevancia. No obstante, bajo la dictadura se van creando grupos de oposición de derechas, en su mayor parte cristianos demócratas, que obviamente no tienen reconocimiento en el interior como partidos políticos, pero se homologan con los del exterior, siendo reconocidos por la Internacional Demócrata Cristiana. Así aparecen la Federación Popular Democrática (FPD) (José María Gil Robles), Izquierda Democrática (ID) (Ruiz Giménez, Fernando Álvarez Miranda, Iñigo Cavero, Jaime Cortezo), Partido Demócrata Popular (PDP) (Ignacio Camuñas), Unión Social Demócrata Española (USDE) (Dionisio Ridruejo). Entre ellos, sólo el de Gil Robles, por la personalidad de su líder, tiene raíces en el pasado. Todos ellos adquieren sus títulos de demócratas por el hecho de constituirse en oposición a la dictadura, propugnar la democracia desde el primer momento y contribuir a la transición posteriormente. Por otra parte, muchas personas que han colaborado con el régimen, procedentes de ámbitos políticos y empresariales, conscientes de que está llegando el momento en el que ha de desaparecer Franco, van formando grupos de diversas ideologías, sobre todo en el último año del régimen. Entre ellos, los calificados como “ultras” apuestan por la continuidad del régimen, mientras otros, más apercibidos de la nueva realidad social y política que se avecina, hablan de “apertura”, luego de “evolución” e incluso de “reformas constitucionales” y finalmente de “democracia”. Estos últimos forman sociedades anónimas como FEDISA, GODSA, LIBRA y grupos como Tácito, o Discusión y Convivencia, que luego darán lugar al nacimiento de asociaciones y, más tarde, de partidos políticos, cuyos títulos democráticos obtienen colaborando activamente para construir el nuevo régimen democrático. Unos y otros ofrecen en las elecciones de 1977 sus programas, intentando atraer al electorado, cuyas preferencias todavía se ignoran por entonces. Los resultados muestran cómo es la derecha española. En cualquier caso, la transición política hacia la democracia es protagonizada por la derecha y aceptada, en último término, por los partidos de la oposición al sistema, después de fracasar la ruptura que estos propugnan. En efecto, esa transición se produce desde la legalidad del régimen anterior, impulsada por personas e instituciones del propio régimen con arreglo a las previsiones sucesorias. Don Juan Carlos es nombrado Rey; éste, de acuerdo con la legalidad vigente, designa a los Jefes de Gobierno, primero a Carlos Arias Navarro y luego a Adolfo Suárez; el Presidente Suárez somete un proyecto de Ley para la Reforma Política a las Cortes franquistas, que lo aprueban quedando disueltas e iniciándose un proceso constituyente. Seguidamente se convocan elecciones a las Cortes (1977). Un número importante de españoles concede su confianza al Presidente Suárez y a su Unión de Centro Democrático (UCD), para que siga adelante con la reforma política, cuya labor culminará con la nueva Constitución de 1978. Por consiguiente, los partidos de centro y derecha encabezados por quienes protagonizan la transición política hacia la democracia, o los que colaboran activiamente a ella, adquieren por ello títulos suficientes para alejar toda sospecha de que puedan caer en el autoritarismo y en el totalitarismo. Más que los partidos de las Internacionales Socialistas, cuya trayectoria política y sus objetivos nos enseñan que no han respetado siempre el modelo de Estado democrático y liberal. 1.08.2005 (revisado el 30.4.2016) |