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¿QUE LA DEMOCRACIA NO LA INVENTÓ LA IZQUIERDA? |
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Al desaparecer Franco de la escena política se produjo la conversión de quienes de manera explícita lo apoyaban ideológicamente. Fue un cambio espectacular. En poco tiempo casi nadie se confesaba franquista. Se produjo una hipertrofia del sentimiento democrático. Se pidió la democratización de cualquier cosa que no gustara. A partir de entonces, hasta nuestros días, lo peor que se puede decir a cualquiera, sea ciudadano, grupo social o institución, la más grave descalificación o insulto político, es que no es democrático o que es antidemocrático. Este insulto puede realzarse llamándolo “facha”, “nazi” o “franquista”. La mayoría de nuestros conciudadanos se presentó en aquella etapa como demócrata de toda la vida, tratando de compartir mesa y mantel con quienes se sentían verdaderos demócratas por haber obtenido el título oponiéndose a la dictadura o siendo marginados y perseguidos por ella. Unos y otros contribuyeron a la transición política, guiados por formaciones históricas y por nuevos partidos o agrupaciones electorales. Principalmente, entre los primeros, PSOE, PCE, CIU y PNV, y entre los segundos, UCD y AP. Son los artífices del consenso que hace posible la Constitución de 1978, logro sin precedentes en la historia del constitucionalismo español. Pero he aquí que, con los años, los partidos de izquierda, y en particular el PSOE, comienzan a presumir de ser los auténticos demócratas, atribuyendo un déficit democrático a los gobiernos del PP, acusando a este partido de antidemocrático y facha. Se llega a la simplificación de considerar franquista a la derecha representada por el PP, y por tanto autoritaria, presentándose el PSOE e IU como paradigma de partidos democráticos. El PSOE, además, se erige en máximo intérprete y guardián de la democracia, diciendo lo que es democrático o no y repartiendo títulos de demócratas. Quienes se creen estas cosas deberían pensar que entre los más sabios de nuestros refranes figura uno incontestable: “dime de qué presumes y te diré de qué careces”. Si no fuera suficiente para hacerles reflexionar convendría que dieran un repaso a la Historia. Por mi parte, les voy a ayudar recordando escuetamente el significado y origen de nuestra democracia, dejando para otra ocasión el repaso de la historia reciente desde la Segunda República hasta nuestros días. * * * La democracia inspira un régimen político que se basa en el principio de la soberanía popular y de la decisión por mayoría. Puede ser directa o representativa. La democracia directa, con arreglo a la cual los ciudadanos toman directamente las decisiones que les atañen, sin intermediarios, sólo es viable en grupos políticos reducidos. La democracia representativa es la forma adecuada en sociedades amplias y se basa en el pluralismo político y la elección de representantes con arreglo al principio mayoritario, representantes que, a su vez, toman por mayoría las decisiones políticas que conciernen a la colectividad. De esta democracia representativa conviene recordar: 1) Es un concepto político, por lo que hablar de la democratización de la vida social, como se puso de moda en nuestro país hace algunos años, es utilizar el término impropiamente. 2) Como definidor de un régimen político se gesta frente al absolutismo monárquico por obra de los revolucionarios ingleses, franceses y americanos (siglos XVII y XVIII), con las aportaciones de teóricos de origen inglés y francés principalmente, como Locke, Montesquieu y Rousseau, y en general pertenecientes a la Ilustración. Se enlaza con el liberalismo, que tiene su expresión en las Constituciones mediante las declaraciones de derechos y libertades individuales. Fue obra de la burguesía, estado llano o clase media, que se alzó frente a los privilegios de la nobleza y del clero. Da lugar a la denominación “Estado demoliberal burgués de Derecho”. Es el Estado de Derecho puro y simple; es el régimen político de la burguesía. 3) El proletariado toma conciencia de clase a partir del Manifiesto Comunista de 1848 debido a Marx y Engels. Nutre los movimientos revolucionarios de izquierdas (anarquismo, socialismo marxista y comunismo), que pretenden subvertir el orden burgués. Más tarde aparece la socialdemocracia, que cree poder transformar la sociedad respetando el sistema democrático burgués. 4) Cuando hace su aparición el proletariado, como nueva clase, se califica de derechas a quienes defienden el régimen político burgués y de izquierdas a quienes tratan de cambiarlo. 5) Así pues, el Estado demoliberal burgués de Derecho no es una creación de la izquierda, que lo admite sólo como etapa obligada para sustituirlo por el Estado Socialista, sea aceptando las reglas del juego democrático (socialdemocracia), o sea por la vía revolucionaria, si es preciso violenta (anarquismo, socialismo marxista y comunismo). 6) Por influencia de los movimientos socialistas las Constituciones incorporan declaraciones de derechos sociales, que van a conformar el que se titula Estado Social de Derecho. Nuestra democracia, impulsada por los partidos políticos que protagonizan la transición, sobre todo por el Gobierno Suárez y la UCD, sigue el modelo burgués. No responde a los modelos que ha establecido la izquierda en algunos países, especialmente los comunistas. Es una democracia formal, que tiene su consagración en la Constitución de 1978, cuyo artículo primero establece, en su punto 1: “España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho...”. Ese modelo burgués queda matizado cuando se incluyen ciertos mecanismos de participación ciudadana, que habrían de servir para mitigar los defectos de la representación parlamentaria, basada en la elección cada cuatro años, legitimando su ejercicio entre las citas electorales. Pero nuestro poder constituyente optó por un Estado democrático, de partidos, minimizando los mecanismos de participación directa del pueblo en los asuntos públicos, admitiendo sólo el derecho de asociación y el de manifestación. Ante el dilema parlamento o voz del pueblo fuera de las urnas, no existe duda, prevalece el primero sobre la calle y sobre lo que demanden los grupos sociales, por muy nutridos que estén, entre otras razones porque esta voz no es cuantificable de modo seguro y carece de representación política. Así pues, un no a la guerra, o un no al matrimonio homosexual, frente a las decisiones legítimas de las instituciones democráticas, no hace caer a éstas en la autocracia, que es el sistema opuesto a la democracia. Nuestro Estado democrático reconoce, igualmente, los derechos y libertades individuales, asociados al principio democrático, según la tradición liberal, que es también burguesa. Por consiguiente, tampoco esas libertades son cosa de la izquierda. Son, entre otros, los derechos a la libertad y seguridad, al honor y a la intimidad personal y familiar, a la expresión libre del pensamiento, a la información veraz, a la reunión pacífica y sin armas, a la asociación, a participar en los asuntos públicos, a la educación, etc. Estos derechos tienen un reconocimiento pleno, pues su lesión puede dar lugar al recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional. De lo único que podrían vanagloriarse los partidos de izquierda es de incorporar y hacer efectivos los llamados derechos sociales, dando lugar a nuestro «Estado social y democrático de Derecho», por más que en nuestra Constitución esos llamados derechos no se presentan siempre como tales, sino como principios rectores de la política social y económica. En cualquier caso, los españoles no podemos hacerlos valer ante el Tribunal Constitucional, a diferencia de los derechos y libertades individuales. Así, se reconocen los derechos a la protección de la salud, a disfrutar de un medio ambiente adecuado, a disfrutar de una vivienda digna y adecuada, etc. y se manda a los poderes públicos promover las condiciones para una distribución de la renta regional y personal más equitativa; mantener un régimen público de Seguridad Social para todos los ciudadanos que garantice la asistencia y prestaciones sociales suficientes; garantizar, mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad; etc. Por consiguiente, el PSOE y los demás partidos de izquierda han contribuido a establecer el modelo de democracia creado por la burguesía, del que forman parte los derechos y libertades individuales, si bien incluye debilitados los derechos sociales. Dicho modelo es favorable a la derecha, directamente enlazada con la burguesía y el liberalismo. Por lo tanto, las conclusiones derivadas del nacimiento del Estado democrático y de su adopción por nuestra Carta Magna no pueden ser más elocuentes. Mas por si no fuera suficiente, en otra ocasión nos referiremos a la historia y vínculos de nuestras dos fuerzas políticas más representativas con la democracia. 22.07.2005 (revisado el 30.4.2016) |