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LOS PARTIDOS DE IZQUIERDA
SIGUEN EN LA OPOSICIÓN AL FRANQUISMO |
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El mañana efímero. Proverbios y Cantares LIII La
España de la rabia y de la idea Ideas
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El PSOE viene acusando al PP, desde los últimos comicios generales, que no reconoce haber perdido las elecciones, a pesar de haber dicho éste de todas las formas posibles que acepta el resultado de las urnas, como decisión del pueblo. Ello no es contradictorio con su insistencia, al mismo tiempo, de que tal veredicto popular estuvo influido por los acontecimientos de todos conocidos. También ha dicho, en alguna ocasión, que el partido del Gobierno no ha digerido su victoria. Lo que en realidad sucede, a mi juicio, en esto y en muchas otras cosas, procede de algo fácilmente observable: los partidos de izquierdas no han terminado de hacer la transición. Mientras la derecha sociológica española, que demostró ser liberal y europea desde los primeros momentos, obligó a renovar sus idearios, sus equipos y su estilo a las formaciones que pretendían recibir sus votos, los partidos de izquierdas, con un electorado fiel al pasado histórico, consideraron suficiente retocar su ideología para ampliar sus apoyos electorales. Así, el PSOE pasó del marxismo a la socialdemocracia, para captar votos de centro, y el PCE se diluyó en IU cuando la experiencia soviética fracasó. Pero ninguno cambió su ideología de la lucha de clases ni su percepción de la realidad sociopolítica. Tanto el PSOE como IU siguen instalados en el antifranquismo, defendiendo la democracia como cosa propia, a modo de una conquista personal que deben preservar de contaminaciones ajenas. Así se entiende que propongan en sus discursos “regenerar la democracia” cuando otro gobierna el país o una Comunidad Autónoma. Siguen creyendo –o les interesa hacerlo creer- que la derecha actual es la continuación de la derecha franquista, identificándola con el Partido Popular; piensan que por ello es un enemigo a destruir; y están en la idea de que para ese “noble fin” todo vale. Se mantienen en la oposición. Una oposición feroz, llena de odio, que considera fundamental cerrar el paso a dicha formación política, sea como sea. Esto se observó claramente en la campaña de IU, cuyo actual coordinador no cesó de repetir un eslogan parecido al de “no pasarán”. No apoyaba su programa, ni se oponía al programa de sus adversarios, entre los cuales parece que debiera haber estado el PSOE, sino que con absoluta subordinación a las conveniencias de éste clamaba por el voto contra el Partido Popular. Todo evocaba la guerra civil, hasta el aliento para recuperar “la memoria histórica” de los asesinatos perpetrados por el bando franquista. Ambas formaciones de izquierda habían promovido, durante el mandato de la mayoría absoluta del PP, manifestaciones populares en todas cuantas ocasiones creyeron propicias. En ellas se denunciaba el autoritarismo del Presidente Aznar y su Gobierno, por actuar de espaldas a la opinión pública, y la condición “facha” del PP y de cuantos lo seguían. Que tuviera, por el veredicto de las urnas, la mayoría en las Cortes Generales, no significaba nada. Todo lo que no atendía a los manifestantes –el pueblo– era antidemocrático. Lo contrario que ahora, cuando los portavoces de las formaciones democráticas –de izquierdas, naturalmente- recuerdan, si se manifiestan los antiabortistas o las víctimas del terrorismo, que aprobar las leyes compete al Congreso de los Diputados, donde reside la soberanía popular, y que es absolutamente legítimo utilizar su mayoría para dicho fin. Pero lo sorprendente es que, ya conseguido su objetivo de gobernar, siguen haciendo oposición al PP; aunque IU, viendo terminar la legislatura, parece recordar algunas cosas olvidadas anteriormente. En cambio, en España, la derecha franquista dejó de existir, porque la derecha sociológica rompió con ella. La actual derecha española no merece el desprecio ni mucho menos las actitudes de quienes desean relacionarla con el pasado. Es una parte de la sociedad, del pueblo soberano, que da actualmente su confianza al Partido Popular. Pueblo al que todos dicen respetar y al que conceden sabiduría para decidir cuáles han de ser sus representantes. Tildarla de facha, antidemocrática y autoritaria pretende su desprestigio, dividir la sociedad, sin más motivo que el odio irracional a esa pasado franquista. Durante el mandato de Felipe González, los ataques a Fraga, por parte de los “socialistas”, llegaron a tales descalificaciones que éste amenazó con tirar la toalla y dejar sin oposición al Gobierno. No sé si surtió efecto, pero las consecuencias del abandono hubieran sido catastróficas para la joven democracia española. Muchos recordaron entonces al PRI mexicano, cuya corrupción, por falta de alternativa política, había llevado al país centroamericano al desastre. De hecho, el peligro en nuestra nación existía por la preponderancia del PSOE, complacido en recodar el “techo de Fraga”, y por la creencia de sus líderes en la hegemonía del PSOE, de presente y de futuro, falto de alternativa de Poder. Por fortuna se equivocaron y la alternancia se produjo a tiempo. Sus derrotas electorales las atribuyen a sus propios errores –término benévolo– y no a méritos de la derecha, lo que no obsta para que no la perdonen por tal motivo y sumen este agravio a los que tienen en la memoria histórica. De tal manera nutren su odio al enemigo político. Y el caso es que si algo positivo tiene la democracia es el pluralismo político, en virtud del cual es posible la alternancia en el Poder a consecuencia del voto popular. Esa posibilidad de alternancia garantiza el respeto a los derechos y libertades de los ciudadanos. Por ello, es consustancial al principio democrático la existencia de un Gobierno y de una oposición. Son necesarios los dos: uno para gobernar y el otro para criticar su acción. Uno como Gobierno y otro como alternativa suya. En España los dos grandes partidos se necesitan mutuamente. Es inconcebible y una estrategia equivocada que uno trate de destruir al otro. La democracia exige unas reglas de juego. Entres estas figura la de considerar adversarios políticos a quienes se sientan en los bancos de la oposición, no enemigos, y pensar que colaboran al mantenimiento del propio sistema. 15.06.2005 (revisado el 30.4.2016) |