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LA RECONCILIACIÓN CON LA
PANCARTA |
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• e-mail: [email protected] Fecha de última revisión: 05.05.05 |
La manifestación convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo contra la negociación con ETA propuesta por el Gobierno ha sido un éxito de la propia organización, por la alta participación ciudadana. Pero sería una simplificación atribuirla a la derecha, como pretenden quienes, por conveniencias partidistas, tratan de identificar esta Asociación con el Partido Popular. En ella hay gentes de diferentes signos políticos, que las une el mismo sentimiento de repulsa hacia quienes han marcado sus vidas con la violencia terrorista. Tampoco se puede afirmar que los manifestantes fueran afiliados y simpatizantes de uno u otro partido político. Lo correcto es entender que promovida por una asociación cívica, quienes participaron no representaban opciones políticas, salvo los que acudieron como militantes destacados o bajo la pancarta de un partido político, para apoyarla como tal. En este sentido no cabe negar que los partidos de izquierda no compartieron el objetivo de la misma, al contrario que el Partido Popular, que en todo momento se identificó con aquél y lo apoyó con la presencia de sus líderes. Así pues, si es cierto que no puede atribuirse a la derecha el éxito de la manifestación también lo es que su apoyo y presencia influyó positivamente. Por esa presencia, el Presidente Rodríguez ya nos ha hecho saber públicamente que no va a llamar “pancartistas” a los del Partido Popular, como ellos lo calificaron a él en su día. Esta actitud del Presidente forma parte, probablemente, de ese talante democrático de que el PSOE hace gala cuando el adversario le dice algo que le molesta. Sucedió cuando Aznar le repetía a Felipe González, “váyase, Sr. González”. Como esta frase era antidemocrática según el partido socialista –máximo intérprete de lo democrático- éste prometió no utilizarla con el Presidente Aznar, y así nos lo recordaba de cuando en cuando para que viéramos cómo cumplía su palabra. En su lugar le dijeron cosas que posiblemente consideran democráticas, como “facha”, “asesino” y cosas por el estilo. Pero es verdad que jamás le dijeron “váyase, Sr. Aznar”. Así pues, Mariano Rajoy y los demás líderes del Partido Popular pueden salir a la calle tranquilos, con pancartas si lo desean, porque sus oponentes del PSOE no los van a llamar “pancartistas”, un insulto que seguramente es antidemocrático. Posiblemente esto anime al PP a considerar las ventajas de la calle, reconciliándose con el “pancartismo”, aunque sabiendo que podrán insultarlos democráticamente mediante otros epítetos. El derecho de manifestación puede dar mucho juego si la derecha se anima a utilizarlo. Que no se diga ya que la calle es de la izquierda. ¡Ojo, que tampoco cualquier Ministro de la Seguridad del Estado –hasta ahora del Interior– intente emular al Fraga del Gabinete Arias, apropiándose aquél exabrupto de “la calle es mía”!. Convengamos que la calle no es de la derecha ni de la izquierda, sino del pueblo soberano. Y aceptemos que en la calle caben las pancartas, sobre todo si cantan contra el Gobierno. Así estaremos todos más entretenidos. Por lo demás será conveniente regular su uso: un día unos y otro día otros. Queda por resolver un problema para que el juego democrático en la calle sea limpio. No vale eso de que en la manifestación del sábado no estaba “la sociedad civil”, como fuentes del PSOE han dejado caer. Esa manipulación insidiosa de las preclaras mentes del partido en el Gobierno, que se deleitan con el lenguaje sibilino, buscando el modo de sembrar confusión para llevar el agua a su molino, es una indignidad, que el partido no debería permitir ni secundar, salvo que no le importe ya la ética política y quiera acabar de expulsar de su seno a quienes creen que la dignidad es lo primero. Porque eso de no estar la “sociedad civil” en la manifestación del sábado, no es una afirmación inocente e improvisada. Forma parte de un intento de introducir un concepto nuevo, de signo favorable o positivo, del que quedaría fuera una hipotética no-sociedad civil, o sociedad no-civil (acaso incivil), a la que podríamos tildar más tarde de facha o antidemocrática, reservándonos la expresión “sociedad civil” para abarcar solamente a los manifestantes que apoyen nuestra causa. ¡No, señores del aparato propagandístico del PSOE, no se trata de eso! Debemos dejar claro que las personas que participan en una manifestación son ciudadanos y forman parte de nuestra sociedad, de nuestra sociedad plural, en la que caben todas las opiniones si se expresan con un mínimo respeto hacia quienes disienten. Que no se trate de dividir a los manifestantes en buenos y malos, demócratas y fachas. 07.06.2005 (revisado el 30.4.2016)
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