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¿DEJAR LAS ARMAS PARA
NEGOCIAR? |
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Fecha de última revisión: 05.05.05 |
Afirman los medios gubernamentales y del PSOE que la posible negociación con ETA está condicionada a que deje las armas. Alguno cree que todavía no se ha iniciado negociación alguna. Desde el entorno de la banda terrorista se mantiene lo contrario: se ha iniciado un proceso negociador. ¿Quién dice la verdad?. Por de pronto nos encontramos con una propuesta aprobada en el Congreso de los Diputados, que apoya al Gobierno para una posible negociación en los términos que dice. Cuando dos partes se sientan a negociar significa que tratan de llegar a un acuerdo cediendo cada una algo de lo que la otra pretende. Entre los acuerdos a los que se llega, en su caso, siempre figura uno que establece el mecanismo para asegurar su cumplimiento. La negociación, además, no consiste en sentarse a firmar un pacto. Es un proceso de múltiples encuentros y acuerdos que, en su caso, da lugar a la firma de un pacto y sigue hasta su cumplimiento. Quienes nos gobiernan, y también nuestras fuerzas políticas democráticas, nos han dicho siempre que no estamos en guerra con ETA, que se trata de una banda de delincuentes comunes a quienes hay que juzgar con arreglo al Código Penal. Pero luego suelen utilizar un lenguaje bélico: derrotar, paz, tregua, desarme. Ahora hablan de la pacificación del País Vasco y de dejar las armas. Pues bien, empleemos ese lenguaje. ¿Qué pretende el Gobierno de ETA?: Que deje las armas, con todo lo que eso conlleva. ¿Qué puede ofrecer ETA, a cambio de sus pretensiones?: Sólo ese dejar las armas. Por consiguiente, si los terroristas cumplen la condición que pone el Gobierno para negociar, han de dejar previamente las armas. Pero si esto sucede, el Gobierno ya no tiene nada más que pedirles, ni aquellos nada más que ofrecer a cambio de sus demandas. Desde el punto de vista del Gobierno ya no sería necesario ningún acuerdo; desde el de la organización terrorista perdería su fuerza para exigir cualquier concesión gubernamental. Todo es de puro sentido común. ¿De qué y para qué se va a negociar con los terroristas cuando hayan dejado las armas?. ¿Qué fuerza negociadora tendrían los terroristas si las dejan?. Claro que hay formas de dejar las armas. Una forma (provisional) consiste en conceder o pactar una tregua, lo que en realidad es no utilizarlas durante la misma. La forma de dejarlas en sentido propio (definitiva) es rendirse, con lo que se entregan las armas, dejándolas para siempre. Así pues, ¿qué significado hemos de dar a esa condición puesta por el Gobierno, el de la tregua o el de la rendición?. El cumplimiento de los pactos no se puede dejar al arbitrio de una de las partes. En el supuesto que examinamos, el mecanismo para asegurar dicho cumplimiento, por estar uno de los negociadores fuera de la ley, no existe en un Estado de Derecho, que tiene Tribunales de Justicia y fuerzas de seguridad para asegurar el cumplimiento de la ley. Así pues, cada parte ha de reservarse su fuerza hasta el final, siendo pueril creer que ETA va a dejar las armas en tanto no vea cumplidos los acuerdos. Y cuando el Gobierno haya cumplido ¿qué garantías tendrá el Estado de que ETA cumplirá?. Sin embargo, todo hace suponer que se ha iniciado un proceso de negociación, tal como se asevera desde el entorno de ETA. Esa iniciación indica que ya existe algún acuerdo negociado y que basta al Gobierno una tregua (dejar de matar, dejar las armas provisionalmente, no entregarlas). En cualquier caso, el proceso no será fácil ni corto. Miremos a quienes han influido en las posiciones etarras y tomemos ejemplo del caso de Irlanda. Cada una de las partes querrá mostrar su fuerza: ETA probando que es capaza de matar, realizando atentados sin víctimas mortales; el Gobierno dosificando su lucha, con detenciones y encarcelamientos esporádicos. Será, pues, un proceso lento, sin abandono definitivo de las armas. Durante él nos contarán cuentos de hadas para entretenernos, cambiando las palabras. Donde antes decían dejar las armas, después dirán no utilizarlas; si hablaban de negociación, más tarde dirán diálogo; el no a las concesiones políticas no impedirá concesiones tácticas ni estratégicas de cualquiera especie; no se calificará de concesión el acercamiento de presos y su salida de la cárcel si muestran arrepentimiento (¿quién lo ha de apreciar?); tampoco se considerará coste político una eventual amnistía con motivo de algún acontecimiento; etc., etc. Personalmente opino que para negociar soluciones políticas de punto final al problema vasco –no digo punto y seguido, ni punto y aparte– debe prescindirse de los terroristas. A estos hay que aplicarles, congruentemente, medidas policiales y judiciales. ¿No nos dicen que se trata de delincuentes comunes? ¿Cuándo se ha negociado alguna vez con delincuentes?. 25.05.2005 (revisado el 29.4.2016) |