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LOS ENGAÑOS DEL PSOE Y LA NEGOCIACIÓN CON ETA

 

 

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Desgraciadamente se han instalado en el lenguaje político las palabras mentira y mentiroso. Creo que se debe al  uso y abuso de ellas para desprestigiar al Gobierno de Aznar, a raíz del atentado terrorista del 11-M.

Pérez Rubalcaba, para justificar los desmanes del día de reflexión, acudió a una frase que más o menos decía: Los españoles no nos merecemos un Gobierno mentiroso.

Desde muy joven aprendí que el respeto a los demás exige emplear la locución «no es verdad» en vez de la de «es mentira». La diferencia es evidente. Mentir es decir algo a sabiendas de que no es verdad.

Pues bien, los políticos desentonan de las reglas de buena educación que en la sociedad nos hemos dado. Raras veces, si no es en peleas verbales agrias o en gentes barriobajeras, encontramos tales expresiones.

Pero lo malo es que, aun no mintiendo, se nos engañe. Porque esto puede hacerse sin decir la verdad, diciendo lo que no es verdad, diciendo verdades a medias o guardando silencio. Y lo grave es que se nos quiera engañar deliberadamente.

Lo que más daño hizo al Gobierno de Felipe González fue su falta de sinceridad, sus engaños: prometía y no cumplía, se desdecía con subterfugios. Alguien nos recordó que se puede engañar a todos alguna vez, a muchos muchas veces e incluso siempre, pero que no se puede engañar a todos todas las veces.

Uno de sus engaños más notables fue el de las negociaciones con ETA. Reiteradamente, respondiendo a las preguntas que se hacían eco de rumores, afirmaban las fuentes oficiales –y con ello quiero aludir a las gubernamentales y a las del PSOE– que no había negociación. Cuando se descubrió la verdad, al poco de haber anunciado el Presidente que los etarras se pudrirían en la cárcel, esas mismas fuentes se mantuvieron en lo dicho: no ha habido negociaciones, simplemente diálogo. Dialogar, explicaron, no es lo mismo que negociar. Luego se matizó más: se trataba de estar informados. Desde entonces, a lo de Argel se califica como «las conversaciones de..».

Ahora, como el término diálogo es omnicomprensivo, abarcando todo lo que hace y dice el Presidente Rodríguez Zapatero –no me explico lo del marketing ZP, cuando sería mejor RZ, JLR o JL, del mismo modo que Felipe González es FG–, no se puede negar que dialogar implique negociar. De tal modo sabemos que el actual Gobierno del PSOE negocia con ETA. Pero lo que se nos dice al respecto –contactos, proceso, diálogo– suena a engaño.

Es evidente que se nos quiere engañar cuando se justifica dicha negociación comparándola a la del Gobierno de Aznar en el año 1998. Para el PSOE ello demuestra que es lícito lo que se propone, porque todos los gobiernos lo han hecho. Pero omite parte de la verdad, esa parte que demuestra no estar en igual situación. En primer lugar, el año 98 hubo una presión mediática y política indiscutible al Gobierno, para que aprovechara la oportunidad; en segundo término, entonces había declarado una tregua ETA, pidiendo la negociación; el Gobierno Azanar –punto tercero– explicó a la opinión pública lo que se proponía y en todo momento estuvimos informados de que no habría concesiones políticas; en cuarto lugar, debe añadirse algo fundamental, a saber, que el PP gobernante no estaba atado por ningún pacto.

Actualmente el Pacto Antiterrorista obliga a los firmantes. Estos días sólo se habla de quien lo rompe, pero como si la ruptura fuera sólo una cuestión política de importancia secundaria, sólo para reprocharla al adversario. Hay que dejar claro que los pactos se firman para ser cumplidos, que no pueden quedar al arbitrio de una de las partes, que su incumplimiento es una falta de seriedad y de honradez política. El político que no cumple un pacto no es de fiar, que es lo peor que se puede ser para ocupar cargos políticos. La falta de confianza que conlleva se sanciona en los países con tradición democrática mediante el cese, si no precede la dimisión.

Ese Pacto obliga a los firmantes, entre otras cosas, a no dialogar con ETA, porque «el diálogo propio de una sociedad democrática debe producirse entre los representantes legítimos de los ciudadanos, en el marco y con las reglas previstas en nuestra Constitución y Estatuto y, desde luego, sin la presión de la violencia» (punto 3 ). Asimismo obliga a cumplir el objetivo del Acuerdo, que es impulsar conjuntamente las libertades y la política contra el terrorismo, lo que «exige una colaboración permanente entre el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español, que implica el intercambio de información, la actuación concertada en los ámbitos reconocidos en el presente acuerdo...y la búsqueda de posiciones conjuntas ante todos los acontecimientos que afecten a la política antiterrorista» (punto 9). Para ello se crea la Comisión de Seguimiento, cuya convocatoria corresponde al Gobierno.

Se nos sigue engañando, por consiguiente, al decirnos que el diálogo con ETA es lícito si deja las armas, pues la verdad es  su ilicitud, al incumplir el pacto en dos extremos anotados: dialogar con quien no tiene representación legítima de los ciudadanos y no contar con el  otro firmante del Pacto para establecer la política adecuada. Dichos extremos se ocultan, y la colaboración necesaria con el PP, ordenada en el Pacto,  se disfraza insidiosamente, aislándolo mediante el consenso entre las restantes fuerzas políticas parlamentarias, que se negaron a suscribir dicho Pacto y ahora «democráticamente» apoyan la acción pacificadora del Gobierno. No cumple el Gobierno lo pactado. El Pacto obliga. Quien lo rompe no es leal. No merece apoyos. La política del que no respeta los pactos se envilece.

El engaño continua al querer vender algo que está fuera del sentido común. El Gobierno se propone una negociación con ETA si deja las armas. ¿No sería lógico esperar a que deje las armas, e instarle a ello? A la vista de los pasos que va dando RZ es evidente que ya ha habido contactos, directos o indirectos, con ETA y con su entorno; que esos contactos los conoce el Presidente Rodríguez; que éste posee información a su juicio indicativa de ser momento apropiado para intentar la paz –lo dice algún compañero de partido–; que no le parece oportuno dar a conocer dicha información, quizás ateniéndose a las palabras de Ibarretxe sobre los silencios necesarios o convenientes (¿por qué?).

Así pues, ya ha habido contactos –obviamente el contacto habrá sido verbal, con diálogo, ¿o no?– demostrativos de que se está hablando con los terroristas sin que hayan dejado las armas. No se nos diga que se monta todo el espectáculo de los apoyos al Gobierno en las Cortes, por si acaso ETA deja las armas, o porque se tiene información de que va a dejarlas. Porque de ser esto, tampoco sería necesario obtener apoyos, ni dialogar; bastaría felicitarse por ello.  

     18.05.2005 (revisado el 29.4.2016)