…hasta que el débil corazón del campesino gano fuerzas y valor para gritar te amo frente a todo el reino. Un grito que encendió un pequeño fuego en el corazón de la princesa. Un fuego que el campesino lentamente cultivó como a su maíz hasta que creció y pudo calentar las frías piedras del castillo y la fría choza de la que jamás se alejaron. La princesa le entregó sus ojos y sus labios a aquel humilde campesino que fue capaz de rescatarla de su soledad. Y ahora ambos conversan sobre todo lo que se estaban perdiendo por esperar la fuerza interna y la perfección.
Fin 3