Ella comenzó por la guitarra, continuó con el estudio del tres, al tiempo que desarrollaba sus naturales aptitudes para el piano y el bajo. Yusa es la confirmación de que no todos en Cuba hacen solamente la música de sus abuelos. Claro, en su obra hay ecos urbanos de las canciones de la trova tradicional, pero son sus ramificaciones tales como el bolero y -más notablemente- el 'filin', las que influyen en esta auténtica voz del siglo XXI cubano, cuyas canciones no se acomodan en ninguna de las más o menos rígidas calificaciones genéricas habitualmente impuestas sobre la música de la Isla.
Un fenómeno clave de los años 90 en Cuba fue la emergencia de duos contemporáneos que revitalizaron de manera totalmente imprevista la antigua usanza de cantar a dos voces y guitarra. Como años atrás comenzaran a hacer Tosca y Xiomara, Marta y José Antonio o Gema y Pável; Yusa y Domingo dejaron también una estela en el ambiente urbano de la Habana. Esta mujer y sus cómplices (todos excelentes músicos) grabaron en las madrugadas durante el sofocante verano del 2001, en la bella casona de la calle Once del Vedado. Allí, en el ambiente íntimo del estudio del cantautor Pablo Milanés (salvo un par de temas grabados en el Teatro 'Amadeo Roldán') dieron a luz un disco que rompe todos los esquemas. El productor, Pável Urquiza, lo aderezó además con 'sonidos espontáneos', desde el tráfico percusivo a los trenes, desde los clicks de cámaras fotográficas al llanto de niños, desde la melodía de una caja de música al ruido de las olas del mar respondiendo a la llamada de Yusa a Yemayá, 'orisha' (divinidad Afro-Cubana) de las aguas. El enigma de las letras agridulces de Yusa, tiene el marco preciso en una música simple y sofisticada a la vez, a un tiempo cubana y universal, que bien pudiera (¡por fin!) catalogarse como nueva música cubana. «Escuchando los textos agridulces de la nueva cantante cubana Yusa, y su música a un mismo tiempo simple y sofisticada, cubana y universal, descubrimos que, finalmente, se comienza a escuchar el sonido del siglo XXI de la Isla. Fusionados en su obra, hay huellas de toda índole, desde el jazz más iconoclasta y el rock, hasta el Brasil más moderno. Plena de energía vital, de experimentación y de mestizaje musical, todo matizado en cuerda intimista, Yusa representa, sin dudas, una nueva apuesta por la música de Cuba». Jan Fairley
A pesar de la recurrencia a géneros variados como el bolero o la más íntima canción de autor, el tratamiento huye de lo convencional, y esto es lo primero que debemos agradecer: esa búsqueda de un sello que no oculte las influencias, pero que tampoco se estanque en ellas. De ahí, tal vez, la imposibilidad de catalogar esta obra dentro de las etiquetas al uso, marcando de paso otro eslabón dentro de ese giro que ha tomado la denominada "canción contemporánea cubana" y que comienza a repercutir favorablemente dentro de nuestra producción. Hay otros lujos: la complejidad armónica, el cuidado en los arreglos, la alta calidad interpretativa de los músicos convocados (Robertico Carcassés, Oliver Valdés, El Indio Fernández, Lucía Huergo, Elmer Ferrer, Sagua, El Pícaro y otros), y el trabajo como productor de Pável Urquiza, proporcionan elementos suficientes para redondear unos temas donde se juega con lo reflexivo, la melancolía, el divertimento lúdico, la introspección y lo puramente narrativo, desde una óptica que se mueve entre el desenfado gozoso y el desgarro interior. Quizás echaría en falta una dosis mayor de intensidad por momentos, y la misma voz parece a veces como controlada, sacrificando matices que podrían haberse manejado de otro modo, pero canciones como "La Fábula", el pegadizo "Chiquichaca", "Todo o casi nada", el potente (aunque lamentablemente corto) instrumental "En todas las esquinas", y la versión a "Involución", original de Pável, se me antojan como puntos climáticos de expresividad, sin descontar la tierna "Canción en cuna para Freya". Si le interesa conocer lo que acontece en el otro lado de la música cubana (la alternativa, no la folklórica; la propositiva, no la redundante) este disco es un buen punto de arranque: a partir de aquí descubrirá un mundo sonoro que practica la supervivencia desde una óptica distinta: la creación. Es una cuestión de ángulo. (3)
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