por Jaime Torres Torres
El Nuevo Día
Vitín, fallecido
en el Hospital San Vicente de Manhattan por complicaciones relacionadas
a sus múltiples quebrantos de salud, cumplió 80 años
el pasado 30 de septiembre.
Previo a su deceso, Vitín salía de su casa en la Calle 42 en una silla de ruedas
y visitaba las compañías de discos en busca de atención
y reconocimiento ya que, como otros artistas de su generación,
nunca entendió cómo pudo ser relegado al olvido a pesar
de su exitosa trayectoria.
«Tenía mucha dificultad con el caminar. Tuvo muchos
problemas en la vida y llegó un momento en que no pudo más.
Hace menos de una semana vino por aquí a buscar una música.
Lo hizo batallando en un silla de ruedas porque el pobre ya no daba
más», indicó Víctor Gallo, gerente de
Sonido Inc., compañía que custodia los catálogos
de Alegre, Tico y Mardi Grass, que contienen parte de su obra.
«Era bueno en todo, completamente polifacético, un
magnífico cantante, de una voz de seda. Él empezó
antes que Tito Rodríguez y nunca fue su imitador»,
recordó Gallo.
Aparentemente, Vitín no cuidaba su salud, a pesar de su obesidad
y la diabetes crónica que le aquejaba. «No estaba cuidándose,
le gustaba la bohemia y cuando se llega a cierta edad, el organismo
ya no funciona igual. Ya no era el chamaco que terminaba a las 3 a.m.
y seguía amaneciéndose. Él creía que podía
vivir con la misma energía», destacó su amigo
Mike Amadeo.
Conforme a su voluntad, los restos de Vitín Avilés, recordado
como un caballero y un buen hombre que no se metía con nadie,
serán cremados.