A los 6 meses de nacido contrajo polio, esto evitó que su pierna izquierda se desarrollara normalmente. Esto, lejos de convertirse en una tragedia, más adelante resultó ser una bendición, ya que el tamaño y flexibilidad resultantes le permitieron hacer maravillas con los pedales del órgano. Siendo aún muchacho, vivió en la Calle Cuarta de esa misma área, cerca de la Bahía de Panamá. Tenía entonces una panga (canoa) con la cual salía a navegar. De las pequeñas embarcaciones caían muchas frutas al mar, él las recogía y les sacaba el mejor provecho después. Haber sufrido la poliomielitis le dejó como secuela una gran debilidad en su miembro inferior izquierdo, pero como sabemos esto no fue obstáculo para que hiciera lo que le gustara. Inicia su carrera musical alrededor de los 8 años cuando empieza a tocar un viejo piano que había en casa. Su hermana mayor, América A. de Andrión, viendo su talento, le dió sus primeras clases de música. Su padre, al ver que era un músico nato, lo puso en manos de María Inés Endara de Riba, consagrada maestra de piano quien pulió los conocimientos y técnica de Lucho. A sus 9 años acudía en las tardes al viejo Club Unión, para poder practicar, esto debido a la cercanía. Logró tal dominio que, los socios reunidos, allí le pagaban con morrocotas de oro por usar el instrumento en algunas de las fiestas de aquel exclusivo lugar. Estas se las guardaba su abuela y él se contentaba con algún sencillo con el cual compraba helados en el negocio popular del griego Puruñoti que también quedaba por allí. Su primer conjunto lo formó estando en la escuela secundaria en el Instituto Nacional, siendo sus integrantes: José Manuel "Chema" Varela (flauta), su hermano Roberto Azcárraga (batería), y Encarnación Picota (violín). En esos tiempos los teatros más famosos de Panamá: el Variedades, El Dorado y el Cecilia proyectaban películas mudas, es decir sin sonido, pues este aún no se había inventado. Nuestro novel artista interpretaba temas de fondo desde un piano, situado bajo la tarima, las escenas que el numeroso público acudía a ver, y con tan convincente exactitud que lágrimas, risas, angustias o lo que fuese les hacía producir. El dólar que recibía por película, tres veces diarias, ya constituía un verdadero capital. Pronto el piano del Cecilia fue reemplazado por un órgano, y entonces era un gringo el que debía tocarlo, mas este resultó ser demasiado amigo de los tragos y con frecuencia no cumplía por estar en la cercana cantina Tiperary. Para qué decirles que la administración del teatro le entregó ese trabajo a este personaje, que era de aquí, no chupaba, sí trabajaba y lo tocaba mejor. En 1930 viajó a EE.UU.. para tomar clases de órgano. Obtuvo una audición con el maestro Leo White, quien al escucharlo expresó: «así es como yo quiero tocar». Un famoso locutor de radio de esas épocas, Lucho Tapia, organizó un programa de radio basado en música de órgano. Se transmitía a la hora de almuerzo desde el Jardín El Rancho por la Radio Panamericana, y lo escuchaba todo el público local. Nuestro personaje no es otro que Lucho, Lui, o el cojo Azcárraga, quien con toda su genialidad continuaba su ininterrumpido camino hacia su enorme y bien ganada popularidad. Lucho es, pues, el personaje de la saga anterior, el que no se contentaba con poner a todo el mundo con su música a cantar, llorar o bailar, ya que poseía tan grande buen humor que con sus cuentos, frases y actuaciones arrancaba risas también.
A lo largo de su brillante carrera recibió numerosos premios y reconocimientos. Aquí en su país fue condecorado, con toda razón, con las órdenes Amador Guerrero y Vasco Nuñez de Balboa. Don Ernesto De La Guardia y otros presidentes del istmo siempre reconocieron y admiraron su enorme labor. Fue nombrado Socio Honorario del Club de Leones de Panamá y la Asociación Pro Valores Cívicos y Morales lo distiguió como Ciudadano Notable. En las fábricas de órganos Hammond de Chicago (EE.UU.), solía colocar un mantel sobre el órgano que tocaba y así, tocando a ciegas, llenaba de entusiasmo el auditorio y lo hacía vibrar. Supo también sorprender a intérpretes extranjeros y qué decir del pueblo y de otras clases sociales que en su Panamá, debido a su pericia interpretativa, lo convirtieron en figura nacional. Y era que Lucho no sólo fue un músico genial, compositor e intérprete excepcional, con un gran talento musical, lo acompañaba un carácter más que jovial.
Damos las más expresivas gracias a Frank Azcárraga por el rato tan agradable que nos hizo pasar recordando a Lucho, su padre, y a la vez, nuestro personaje. ¿Deseas comprar un CD original de Don Lucho? Haz click» Panamá AQUÍ / E.U.A. AQUÍ
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