M u s i g r a f í a s


Lucho Azcárraga
Magnífico embajador de la música panameña
Luis Enrique Azcárraga Deliot, era de familia chiricana, todos sus hermanos habían nacido en esa región. Empero como él iba a ser diferente, aprovechó el traslado de sus progenitores a la ciudad capital (Panamá) para nacer allí un 1ro. de enero de 1912.
¡Te recordamos con cariño!
Sin embargo, como lo hizo en la Calle 1ra. del Casco Antiguo –la que va a terminar en lo que se llamó el Cuartel de Chiriquí, o sea la Plaza de Francia y las Bóvedas de hoy– a todo el mundo le decía que por ello él era chiricano también. Su abuelo, Francisco, había sido el alcaide de la cárcel que hubo allí.
A los 6 meses de nacido contrajo polio, esto evitó que su pierna izquierda se desarrollara normalmente. Esto, lejos de convertirse en una tragedia, más adelante resultó ser una bendición, ya que el tamaño y flexibilidad resultantes le permitieron hacer maravillas con los pedales del órgano.
Siendo aún muchacho, vivió en la Calle Cuarta de esa misma área, cerca de la Bahía de Panamá. Tenía entonces una panga (canoa) con la cual salía a navegar. De las pequeñas embarcaciones caían muchas frutas al mar, él las recogía y les sacaba el mejor provecho después.
Haber sufrido la poliomielitis le dejó como secuela una gran debilidad en su miembro inferior izquierdo, pero como sabemos esto no fue obstáculo para que hiciera lo que le gustara. Inicia su carrera musical alrededor de los 8 años cuando empieza a tocar un viejo piano que había en casa. Su hermana mayor, América A. de Andrión, viendo su talento, le dió sus primeras clases de música. Su padre, al ver que era un músico nato, lo puso en manos de María Inés Endara de Riba, consagrada maestra de piano quien pulió los conocimientos y técnica de Lucho.
A sus 9 años acudía en las tardes al viejo Club Unión, para poder practicar, esto debido a la cercanía. Logró tal dominio que, los socios reunidos, allí le pagaban con morrocotas de oro por usar el instrumento en algunas de las fiestas de aquel exclusivo lugar. Estas se las guardaba su abuela y él se contentaba con algún sencillo con el cual compraba helados en el negocio popular del griego Puruñoti que también quedaba por allí.
Su primer conjunto lo formó estando en la escuela secundaria en el Instituto Nacional, siendo sus integrantes: José Manuel "Chema" Varela (flauta), su hermano Roberto Azcárraga (batería), y Encarnación Picota (violín).
En esos tiempos los teatros más famosos de Panamá: el Variedades, El Dorado y el Cecilia proyectaban películas mudas, es decir sin sonido, pues este aún no se había inventado. Nuestro novel artista interpretaba temas de fondo desde un piano, situado bajo la tarima, las escenas que el numeroso público acudía a ver, y con tan convincente exactitud que lágrimas, risas, angustias o lo que fuese les hacía producir. El dólar que recibía por película, tres veces diarias, ya constituía un verdadero capital.
Pronto el piano del Cecilia fue reemplazado por un órgano, y entonces era un gringo el que debía tocarlo, mas este resultó ser demasiado amigo de los tragos y con frecuencia no cumplía por estar en la cercana cantina Tiperary. Para qué decirles que la administración del teatro le entregó ese trabajo a este personaje, que era de aquí, no chupaba, sí trabajaba y lo tocaba mejor.
En 1930 viajó a EE.UU.. para tomar clases de órgano. Obtuvo una audición con el maestro Leo White, quien al escucharlo expresó: «así es como yo quiero tocar».
Un famoso locutor de radio de esas épocas, Lucho Tapia, organizó un programa de radio basado en música de órgano. Se transmitía a la hora de almuerzo desde el Jardín El Rancho por la Radio Panamericana, y lo escuchaba todo el público local. Nuestro personaje no es otro que Lucho, Lui, o el cojo Azcárraga, quien con toda su genialidad continuaba su ininterrumpido camino hacia su enorme y bien ganada popularidad.
Lucho es, pues, el personaje de la saga anterior, el que no se contentaba con poner a todo el mundo con su música a cantar, llorar o bailar, ya que poseía tan grande buen humor que con sus cuentos, frases y actuaciones arrancaba risas también.
Club Miramar ~ Rest. Panamar
Acá lo vemos sentado (a la derecha), detrás del que toca un violín. Se le ve la pierna derecha para mayor precisión.
Corrían los años de la década del 30 (S. XX) cuando muy cerca de la Playa de Bella Vista (Panamá) se construyó lo que fue el Club Miramar. Allí constantemente se organizaban reuniones –muy concurridas– pues no tenía socios exclusivos, allí podía concurrir el que lo tuviera a bien, con tal que se comportase aún mejor.
¿Quién mejor entonces que Lucho para que organizase junto a amigos y algunos familiares el alegre y popular conjunto? Algunos de sus músicos eran jóvenes zoneítas, otros amigos como Che Quintero o familiares de su alegre director, Roberto Azcárraga.
Lucho tuvo varios conjuntos después. Su aceptación fue tan enorme que lo contrataron en EE.UU. y tocó en el Fuerte Bragg y en líneas de vapores de turismo que lo llevaron a Colombia, Ecuador, Perú, Chile, Argentina, Brasil, Venezuela, durante varios años, convirtiéndose en un magnífico embajador no sólo de la música panameña, sino de los países mencionados, cuyos aires también supo popularizar aún más. En San José (Costa Rica) paraba el tráfico frente a los lugares donde solía tocar. Deleitó con su arte a reconocidas personalidades, tales como: la Reina Isabel de Inglatrerra, al Gral. Dwight D. Eisenhower, entre otros.
A lo largo de su brillante carrera recibió numerosos premios y reconocimientos. Aquí en su país fue condecorado, con toda razón, con las órdenes Amador Guerrero y Vasco Nuñez de Balboa. Don Ernesto De La Guardia y otros presidentes del istmo siempre reconocieron y admiraron su enorme labor. Fue nombrado Socio Honorario del Club de Leones de Panamá y la Asociación Pro Valores Cívicos y Morales lo distiguió como Ciudadano Notable. En las fábricas de órganos Hammond de Chicago (EE.UU.), solía colocar un mantel sobre el órgano que tocaba y así, tocando a ciegas, llenaba de entusiasmo el auditorio y lo hacía vibrar. Supo también sorprender a intérpretes extranjeros y qué decir del pueblo y de otras clases sociales que en su Panamá, debido a su pericia interpretativa, lo convirtieron en figura nacional. Y era que Lucho no sólo fue un músico genial, compositor e intérprete excepcional, con un gran talento musical, lo acompañaba un carácter más que jovial.
Son innumerables las anécdotas que pueden contarse de él. Para unos carnavales se colocó una peluca y vestimenta de mujer. Empero, llegaba un momento que no le gustaba, ya que no lo dejaban entrar al baño de las damas, y si accedía al de los varones intentaban manosearlo. Él se burlaba de la debilidad de su pierna exagerando su defecto para así ganarse el cariño de los que le veían caminar. Si eran damas las que venían de frente, caminaba más recto que nunca, para así poder atraerlas. Para bailar inventó un paso en el que rodeaba al cuerpo de su pareja con la pierna afectada provocando también admiración e hilaridad.
En los carnavales capitalinos
 Siempre con una sonrisa para todos. Foto: Joe Duvall
Compuso muchas piezas musicales, entre ellas: "Querube", "Marta", "Palo de hembra", la cual dedicó a su esposa Aida Prada de Azcárraga, de quien aseguró: «Si volviera a nacer volvería a casarme con ella». Sus admiradores pudieron disfrutar de su música hasta pocos días antes del 10 de noviembre de 1996, cuando falleciera. En su honor la Asociación Nacional Pro Valores Cívicos y Morales hizo una recopilación con piezas musicales inéditas de este gran maestro, las cuales quedaron plasmadas en el CD: Confidencias de Lucho, el cual tiene una edición exclusiva de mil ejemplares.
Damos las más expresivas gracias a Frank Azcárraga por el rato tan agradable que nos hizo pasar recordando a Lucho, su padre, y a la vez, nuestro personaje.

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REFERENCIAS: * Entrevista con Frank Azcárraga.
* La Crítica Dr. Celestino Andrés Araúz & Dra. Patricia Pizzurno
* Diario La Prensa, Sección Raíces. Harry Castro Stanziola / Foto: R. López Arias (D.R.)
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