Domingo, junio 22 de 2003.
Tiene que haber sido por allá por los jóvenes años 40, el 1 o el 2, cuando leí, por primera vez, Cyrano de Bergerac, de Edmundo Rostand, pero no la entendí como debería haberlo hecho. Muchos años después el puertorriqueño José Ferrer hizo el papel en la película del mismo nombre y me encantó, pero quedé algo decepcionado, pues el final no fue violento y la última palabra de Cyrano fue “penacho", tampoco la entendí en novela. Muchas lecturas, películas de capa y espada después y la lectura de ahora fue que entendí que al despedirse Bergerac de Roxana, su amor secreto y por quien el narizón, prácticamente, sacrificó su vida en lo que él consideraba un amor imposible, el penacho o adorno de plumas que tenían los caballeros en su sombrero, no era propiamente símbolo de vanidad o soberbia, sino su blasón de hidalguía, de caballerosidad o de bonhomía. Me pregunto si en estos tiempos, cuántos que presumen en política, comercio, industrias o simples ciudadanos, podrían lucir un penacho de honor en sus hipotéticos sombreros. Tardé tres días, o noches, en releer el Cyrano y acabo de empezar a releerla por tercera vez. Le recomiendo a quien no la ha leído que lo haga y si lo hizo, que lo haga otra vez. Escrita en verso, es un regalo a los ojos y a los sentidos.

*** No he podido ir todavía, pero tengo un compromiso personal de ir a una panadería Panamá, quizá en la ex Plaza de la Lotería a ir comprar unas michitas calientes, como se hacían hace muchos años. Precisamente en ese lugar había una panadería llamada Aurora, que entre sus productos también vendía algo llamado “coscorrones”, que eran unas bolitas de harina, bien horneadas, que se vendían como a 10 centésimos la libra... sí, se vendían por libra y eran formidables. Desde la Imprenta Excelsior, en Calle 14 Oeste, caminaba y goloseaba dichos "coscorrones”, para después echarlos en la sopa, cualquier sopa y dejarlos desleírse en ella, mientras otros “coscos” seguían llenando nuestra boca a cualquier hora.

*** Le estoy pidiendo al Sr. Alberto Pereira, propietario de una panadería, llamada Tía Mami, que haga esos coscorrones, pero no “tenemos” la receta, pues cuando aquella panadería se vendió, incluyó en la venta las recetas de sus productos. Me puse en el trabajo de llamar a varios Meana, apellido del propietario de aquella panadería y tuve la suerte de conversar con una gentil dama que me atendió con toda seriedad y me comprendió. Se identificó como esposa del dueño y fue quien me dijo que esas recetas, probablemente ya no existan. Yo voy a insistir en que se hagan de nuevo los coscorrones, como también voy a ir, alguna vez, a la panadería La Venezolana, diagonal a la imprenta, en Calle 14, para comprarme un bolsón de unas sabrosas galletas, de ese mismo nombre, y que a mí me regalaban por montones, cuando llevaba trabajos de la imprenta a ese negocio. Lo único que yo tenía que hacer era llevar un cartucho, que me llenaban, pero que dejaron de hacer, cuando me entró la gula. En alguna ocasión llevé un cartucho de mercado, demasiado grande y lo que me gané fue una largada deshonorable, por no saber cuándo es suficiente. Pero es que esas galletas eran formidables. ¿Las harán todavía?

***  Me invitaron a un encuentro tico - panameño para jugar “Scrabble”, nada menos que en Boquete (Chiriquí), lugar al cual no he ido en muchos años. Me encantaría visitar Boquete y en esa actividad, mejor todavía, pues también se está preparando una competencia internacional en México y aun ni siquiera he pensado que podría competir a esos niveles. No deja de ser interesante todo lo que puede aprenderse en ese pasatiempo y viajar a sitios internos y foráneos, sobre todo, cuando no se les ha visitado en mucho tiempo.

***  Tuve el honor de recibir en “Terrasón” a George y Gloria de Brouwer, hijo y nuera de Lin Brouwer, formidable compositor, autor del famoso “Barrio Brujo”, pertinente bolero que cantaron Camilo Rodríguez, Tito Rey y Camilo Azuquita. George, representante comercial de su papá, logró que el trío Angeles, de Colombia, grabara doce boleros, incluido “Barrio Brujo” en un CD de belleza infinita. Invité al maestro y a su representante. Si acaso se hizo la reunión, anoche en Nostalgia, que se pasa por K.W. Continente, la gran audiencia de ese programa pudo conocer el estro armónico y literario del sencillo, pero muy valioso compositor panameño, que durante su vida ha laborado como un barbero muy popular en un lugar de Calidonia.

 
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