La
muerte, a veces, resulta chistosa, sobre todo si el muerto...
no está muerto. En Kazajstán, un ciudadano
que fue sepultado tras haber sido electrocutado, presentándose
luego a su propio funeral.
La muerte y resurrección del kazajo, o sea, del
ciudadano de Kazajstán, ocurrieron así:
Se hallaba robándose la electricidad de unos cables
de alta tensión, cuando resultó electrocutado.
Lógicamente había que enterrarlo, y como
era musulmán, hubo que hacerlo a la usanza islámica.
Así pues, sus familiares lo envolvieron desnudo
en un sudario y lo depositaron en una tumba abierta, que
cerrarían después.
Allí quedó, pero dos días más
tarde, el kazajo abrió los ojos, salió de
la tumba y corrió desnudo hacia la carretera, donde
le pidió a un motorista que lo llevara a casa de
sus parientes, que lo estaban velando.
¡Y horror de horrores! El abuelo al ver al "muerto"
caminando en traje de Adán sufrió un infarto,
cayendo muerto al instante.