|
Jordi Bianciotto
BARCELONA. Cesaria Evora
reaparece hoy en el Palau de la Música (ocho de la
tarde) reafirmada como embajadora de la morna, género
de Cabo Verde con connotaciones melancólicas. Si bien
su anterior disco, Sao Vicente (2001), la mostraba
abordando ritmos latinos y brasileños junto a un pelotón
de colaboradores rutilantes (de Caetano Veloso
a Bonnie Raitt), en el reciente Voz d'amor
se ha impuesto la austeridad: morna a destajo interpretada
en solitario por esta antidiva descubierta en Europa hace
sólo una década.
«En el anterior disco hubo muchas propuestas de colaboración,
y esta vez no, pero puede volver a pasar en el futuro. No
ha sido nada planeado», asegura Cesaria, genio y
figura, engalanada con cadenas y pulseras de oro y fumando.
¿Y no teme que los europeos acaben hartándose
de sus melodías tristonas y de tanta melancolía
y tanta saudade? «Llevo cantando muchos años
y sigo llenando locales, así que no creo que eso vaya
a ocurrir». Argumento, de momento, irrebatible:
sin ir más lejos, las entradas para hoy están
agotadas.
A la morna se la asocia con la pobreza, la emigración
y los sinsabores de la vida en las islas atlánticas.
Y algo de eso hay, claro, pero Evora desea romper el estereotipo
del caboverdiano sumido en una depresión perpetua.
«Mis canciones hablan de la vida en Cabo Verde: del
amor, la saudade, la emigración... Mucha gente ha emigrado,
y eso está presente en mi música. Pero los caboverdianos
no somos gente triste; somos alegres, tenemos un buen clima
y nos gusta la fiesta. Mi música no es triste; es sentimental».
Reconocida en su país
Ya puestos a romper lugares comunes, desmiente ese relato
que le atribuye una singladura artística sombría
y decadente hasta que le tocó la bonoloto de Miss
Perfumado (1992). «No tengo malos recuerdos
de aquellos años en que en Europa aún no se
me conocía, porque siempre he sido muy aceptada en
Cabo Verde. He actuado allí en todo tipo de escenarios,
en fiestas privadas, en barcos...».
Cree que en la morna «hay algo de tristeza, pero
también un espíritu positivo, y eso engancha
al público aunque no entienda las letras».
La lectura de las canciones depende, eso sí, del
oyente. «Hay quien se pone triste al escucharlas y
quien no; hay diferentes reacciones».
Pese a su reconocimiento internacional, sigue viviendo en
Cabo Verde. Y sorprende cuando resume su filosofía
vital, categórica y sin tentaciones místicas.
«No creo en el destino, sino en el día a
día y en el trabajo. ¿Cree usted en los sueños?
Yo no; soy realista».
Afirma que la Cesaria Evora que canta descalza y fuma en
escena no es ningún personaje teatral («yo
soy así»), asume los imperativos del show
business aunque «los viajes son algo cansados»
y, aunque no crea en los sueños, sostiene que le
gustaría grabar con Julio
Iglesias. «He intentado encontrarme
con él en Miami, pero nunca está. Espero que
no se esconda de mí», bromea.
Diciembre
1, 2003.
|