M u s i g r a f í a s


Chabuca Granda
Esta inmortal nos canta con toda el alma
"La Flor de la Canela", su más grande creación.


"Del puente a la alameda menudo pie la lleva
por la vereda que se estremece, al ritmo de su cadera…
recogía la risa de la brisa del río y al viento la lanzaba,
del puente a la alameda…"
Nos canta... "La Flor de la Canela"
Entre las bellas artes, la música es quizás la que más se adentra en el sedimento de los pueblos porque, a diferencia de la pintura, la escultura y las obras escritas, entra también por el oído hasta insertarse en el alma.
Siempre ligada con instantes y sucesos ocurridos a lo largo de nuestra vida, permanece allí hasta cuando confluye con un verso, una calle, un rostro, un aroma, y entonces, los recuerdos afloran en cascada.
"La flor de la canela" es una de esas canciones que alborotan los recuerdos. Porque ¿Quién no ha tarareado alguna vez los versos aquellos de la limeña con jazmines y rosas en la cara que a su paso va derramando lisura y aromas de mixtura que lleva en el pecho?
Sólo un alma de mujer con la exquisita sensibilidad de Chabuca Granda podía haber escrito líneas de tanta belleza descriptiva, inspiradas en la figura de una sencilla vendedora callejera llamada Victoria Angulo, una morena limeña a quien conoció cuando trabajaba como promotora de productos de belleza en una farmacia.
Así, entretejiendo vocablos como en un poncho multicolor, definió también hermosamente a su padre, el caballero de porte aristocrático ante quien "la cuculí se ríe y la ventana se agita cuando por esta vereda su fina estampa pasea…"
Los documentos oficiales con timbres y sellos dicen que ella nació llamándose Isabel Granda Larco, en la pequeña población de Cotabamba, una zona de minas de cobre ubicada en el Departamento peruano de Apurímac, en las cumbres andinas del Perú, el 3 de septiembre de 1920.
Su propia descripción es, en cambio, mucho más poética: «He visto la luz muy cerca del sol de los incas, a las nueve y treinta de una mañana soleada, entre vetas de oro, amor y sacrificio…Allí nací» -decía- «soy, pues, hermana soberbia y orgullosa de los cóndores, nací tan alto que solía lavarme la cara con las estrellas…»
Su familia se trasladó a Lima cuando contaba con 3 años y desde aquellos días se aficionó por la música y el aprendizaje del piano, que practicaba en su casa de Barranco desde la una hasta las seis de la tarde, cuando su madre tenía que venir a sacarla "de las mechas". Solo que su destino no señalaba que fuera cantante, como descubrió cuando conformó fugazmente el dueto 'Luz y Sombra' con Pilar Mujica, sino que lo encontraría a partir del momento en que decidió componer canciones. Comienza a cantar alrededor de los 12 años.
Compuso su primer tema, "Lima de veras", en 1948, pero su temperamento fino e introvertido que la hacía avergonzarse de darlo a conocer, impidió que recibiera mayor atención. Contrajo matrimonio con un aviador, con quien tuvo tres hijos y de quien se divorciaría años después, pero en su nobleza lo eximiría declarando: «No culpo al señor Fuller porque yo lo idealicé demasiado».
Su despliegue personal como cantautora se inicia luego de su divorcio, que fue visto como un escándalo para la sociedad limeña de aquella época. Es entonces cuando aparece "La flor de la canela", interpretada por el grupo peruano Los Chamas y por primera vez, su nombre como compositora emerge de entre el cúmulo de elogios. El chileno Antonio Prieto la interpreta en la película mexicana "Acapulqueña" y desde entonces se hace una canción del mundo que interpretan decenas de artistas y grupos.
Podría decirse que el primer período de su producción creativa es netamente evocativo y pintoresco; "Chabuca" -nombre con el que se hizo llamar- le canta a la Lima antigua señorial de fines del 1800. Es la ciudad que ella conoció a través de su padre, la del barrio del Barranco, de grandes casonas francesas, con inmensos portales y jardines de invierno. A esta etapa pertenecen: "Fina estampa", "José Antonio", "El puente de los suspiros", "El surco", "Zaguán", "Gracia", "Zeñó Manué", entre otras. Valses y marineras inspirados en personajes reales insertos en estampas coloridas con pinceladas de recuerdos de la Lima de otros tiempos.
¡Una Gran Peruana!
Rompe la estructura rítmica convencional del vals, y sus melodías, de tesitura muy amplia, alternarán el nuevo lenguaje que propuso con el de los antiguos valses de salón. Su producción también revela una estrecha relación entre letra y melodía, que fue variando con el tiempo hacia una tendencia poética cada vez más sintética. Más adelante, quebrantará incluso las estructuras de la poesía convencional, y el ritmo de las canciones seguirá los pasos de esa evasión de las rimas, consonancias y métricas dadas. A esta última etapa pertenece un ciclo de canciones dedicadas a la chilena Violeta Parra y a Javier Heraud, poeta peruano muerto en la revolución de Velasco Alvarado.

En 1957 le es descubierto un cáncer en la laringe y es desahuciada por los médicos de su país, a la temprana edad de 37 años. La operan con éxito en Alemania, pero su salud empieza a resentirse desde entonces y una revisión posterior detecta en ella un padecimiento cardíaco. Su vena poética sin embargo se impone sobre la dura realidad: «debe ser dulce morir del corazón… hay muertes tan dolorosas y penosas…»
En sus últimos años, interpretó un repertorio ligado al renacimiento de la música negra afro-peruana que, a pesar de haber estado presente en el ámbito popular, había sido denostado por razones sociales y raciales. Manejó con maestría "negra" el abanico de ritmos que enriquecieron la música popular peruana y su poesía tomó el sesgo de la acuarela, el trazo sintético y sugerente de colores y sensaciones.
Durante una gira por Colombia en 1980 sufre un espasmo coronario y dos años más tarde viaja a esta nación para ser operada a raíz de haber sufrido un infarto del miocardio. Regresa a Lima a reponerse, pero en 1983 debe regresar nuevamente al Florida Medical Center de Miami para realizarle un 'bypass'. El viernes 4 sufre un paro cardiaco que detiene la oxigenación de su cerebro por casi un cuarto de hora. Reducida al estado de coma, fallece el martes 8 de marzo adolorida porque «en mi propio país no tengo grabada ni filmada mi obra y pedirla al extranjero sería una vergüenza».
Su voz y su vasta creación que engrandecieron el cancionero criollo peruano, se extendieron más allá de las fronteras de su país, recreadas también por intérpretes de todo el mundo que han visto en sus obras una fina y sensible expresión de la música del Perú.
Manuel Alejandro, el famoso compositor español la despediría en la voz del cantante Raphael: «Déjame que te cuente, Chabuca, limeña, que se quedó llorando… que se quedó llorando la flor de la canela...»

REFERENCIA: Humberto Vinasco

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