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N o t i c i a s
En tu Centenario

por Diógenes Iván Riley

Desde tu otrora residencia de La Pradera en Pueblo Nuevo, ciudad de Panamá, me comunico contigo, Diógenes de la Rosa, para hacer honor a tu nombre recordándote algunos hechos importantes, entre muchos, ya que hace 10 décadas, el 26 de enero de 1904, llegaste a este mundo terrenal en un istmo que tan solo dos meses antes de tu nacimiento se convertía en una nueva República. El barrio de Santa Ana, escenario de grandes confluencias nacionalistas, fue el panorama de pobreza y tesón en donde se dio tu alumbramiento y desarrollo hasta la juventud.

Lucío de la Rosa (mejicano) y Mauricia Robles (humilde dama del arrabal santanero) fueron tus progenitores, quienes, además de su amor y entrega, te brindaron un hogar, más la entrañable compañía de tus hermanos Víctor y Hermógenes, y de tus hermanas Manuela (la jovial Nena) y Clementina (tu hermana materna). Según tus propias palabras, a Clementina le debes gran parte de lo que fue tu valiosísima educación, ya que veló mucho por ti cuando quedaste huérfano, a muy temprana edad, debido al fallecimiento de Mauricia.

Tu conciencia nacionalista y visionaria indudablemente tuvo su afloramiento gracias a tu estadía en el glorioso Instituto Nacional, de donde egresaste con el título de maestro en 1921, luego de aprovechar el legado de un claustro de docentes de lujo y entre ellos solías recordar mucho a Octavio Méndez Pereira, José Dolores Moscote, Jeptha B. Duncan, Manuel Roy, Fermín Naudeau, José Daniel Crespo y Roberto Lewis. Siendo un discípulo del Nido de Águilas, te estrenaste en 1918 con tu pluma reflexiva en la revista Minerva y en dicho plantel, incluso, colaboraste con Preludios y Cariátides, y en la revista interamericana Cuasimodo. Posterior a tu graduación, laboraste como periodista en los diarios nacionales La Nación, El Diario Nacional, El Tiempo y La Estrella de Panamá.

El quehacer político se manifestó bien temprano, a tus 16 años, cuando formaste parte del Grupo Comunista de Panamá –bajo las ideas propulsoras del español José María Blázquez de Pedro– junto con Domingo H. Turner, Clara González, José A. Broüwe, Pedro López, Lola Collante y otros más.

Tus ideas sociopolíticas expuestas sin ambages, te llevaron a los 20 años, por primera vez, a prisión en la entonces Cárcel de Chiriquí (las Bóvedas, Plaza de Francia) debido a una publicación del Club Carlos A. Mendoza en la cual se protestaba por la solicitud del Dr. Belisario Porras en el sentido de pedir al Gobierno de Estados Unidos su intervención y ayuda para garantizar el voto liberal. Un año después, en 1925, fuiste miembro prominente del Movimiento Inquilinario –grupo en favor de las masas populares– y debido a la represión oligárquica gubernamental en contra del mismo, más la “ayuda” interventora de la soldadesca yanqui, te convertiste en “huésped” durante seis meses de la recién inaugurada Cárcel Modelo.

Esas “estancias” en cautividad a tan tempranas edades, en vez de menguarte te fortalecieron y encendieron la llama del hombre combativo para llevarte a publicar, en 1927, el febril opúsculo intitulado El mito de la intervención. Aquí aprovecho para mencionarte otros aportes significativos logrados por tu ingenio como: Chiarismo y neochiarismo, El 3 de noviembre, Eusebio A. Morales, conciencia crítica de la República, Don Guillermo y don Justo. Dos hombres ante una misma preocupación, Victoriano Lorenzo, I y II parte, Altura y desventura de Belisario Porras, A tres siglos del discurso (un significado de la obra de Renato Descartes al cumplirse 300 años de ella), Ensayos varios y Tamiz de noviembre (este ensayo forma parte de la Biblioteca de la Nacionalidad desde 1999).

Además de los que te acabo de mencionar, publicaste cualquier cantidad de artículos sobre filosofía, política, economía, cultura y sociología en periódicos, panfletos y revistas de tu país y del exterior, y basado en todo ese potencial intelectual se te honró como miembro, tanto de la Academia Panameña de la Lengua como de la Historia. También te hiciste merecedor de muchos reconocimientos, entre los cuales te traigo a colación la Orden Vasco Núñez de Balboa en 1946 y uno de los últimos que recibiste aún estando con nosotros: el Premio Universidad, conferido por la Universidad de Panamá en 1997.

La agitación política te llevó a fundar en la década de 1930, junto con Demetrio Porras, el Partido Socialista de Panamá, y en 1945, bajo esa bandería resultaste electo diputado nacional por votación popular para formar parte de la Asamblea Constituyente que redactó la Constitución de 1946. En dicho cargo participaste activamente en el rechazo del convenio Filós - Hines y anteriormente habías colaborado con el rechazo de los tratados Kellog - Alfaro en 1926. Sé que te agradará recordar que junto a ti, de igual forma, salió elegido el calificado camarada José A. Broüwer, un elemento de gran capacidad de trabajo y con notables dotes de organizador.

Afrontaste con denuedo los embates del exilio en dos ocasiones. La primera en 1954, en El Salvador, por tu oposición al gobierno de José Remón Cantera y la segunda en 1988, en Venezuela, por adversar el “poderío” del general Manuel Antonio Noriega.

Como diplomático ocupaste el cargo de Embajador de Panamá en Venezuela en tres oportunidades. La primera de ellas se produjo en 1958, luego de haber sido asesor político de tu paisano, el presidente Ernesto de la Guardia, hijo. En la tierra de Bolívar aún se te recuerda bastante, debido a las significativas relaciones que lograste con intelectuales, diplomáticos y políticos.

En síntesis, como panameño tu pensamiento estuvo destinado a lograr reivindicaciones para la masa popular, promoviendo la creación de instituciones y leyes específicas para el mejoramiento de la vivienda, el desarrollo agropecuario, la industria y la cultura popular, pero tu aporte como internacionalista fue relevante al participar en pro del exterminio del enclave estadounidense en la antigua Zona del Canal, el cual se estableció en el malhadado “convenio” Hay - Bunau Varilla de 1903. Lo anterior lo justificaste, participando como negociador en el Tratado Robles - Johnson de 1967 y también para 1977 lo fuiste en el Tratado Torrijos - Carter. En ellos viste culminada una quimera latente desde tu adolescencia: la panameñización de la quinta frontera. Coincidencialmente, tu centenario se suscita con el cuadragésimo aniversario de la gesta patriótica del 9 de enero, movimiento que constituyó el último detonante para lograr la culminación de la lucha generacional de la cual formaste parte y que acaeció el 31 de diciembre de 1999.

Para despedirme de ti en este pequeño homenaje escrito, te manifiesto lo siguiente: Diógenes de la Rosa –el pensador, el ensayista, el periodista, el político, el activista social, el diplomático, el negociador– desde que partiste al más allá el 10 de julio de 1998, tus familiares, amistades y seguidores te mantenemos en el mejor sitial de nuestros recuerdos. ¡Feliz centenario, maestro!

El autor es profesor de biología

Publicado en el diario La Prensa


Panamá. Viernes, enero 23 de 2004.

 



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