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Roberto Ponce / apro
México, D. F., junio16.- La gran cantante
Celia Cruz, nacida un 21 de octubre de 1924
en La Habana (Cuba), murió a las 16:15, hora de Nueva
York, a los 78 años (se dice que grabó igual
número de discos), luego de haber sido intervenida
a finales del 2002 en el Hospital Presbiteriano de Manhattan
de un tumor canceroso y tras convalecer a comienzos de esta
semana, como consecuencia de los tratamientos de quimioterapia
contra el mal.
Su esposo, Pedro Knight, quien fuera trompetista
de La Sonora Matancera, orquesta con la cual
llegó a México a finales de los cincuenta,
permaneció con ella hasta el final; de hecho, ambos
lograron una importante y fructífera mancuerna, no
sólo amorosa, sino musical, desde su matrimonio celebrado
en México hace cuatro décadas.
«No quiero retirarme, nunca he pensado en eso. Sólo Dios
lo hará, sólo Dios puede retirarme de la farándula.
Si he de morir, quiero que sea en el escenario, pero no aquí en
México, porque México ya ha llorado bastante y no quiero
ser causa de más llanto», dijo durante el homenaje que se
le rindió por medio siglo de carrera en el Auditorio Nacional de
la capital mexicana en noviembre del 2002, tras gritar su famoso: “¡Azúcar!”.
En esa ocasión anunció a la prensa mexicana que estaba
lista la filmación de su biografía, misma que estaría
protagonizada por la actriz negra norteamericana Whoopi Goldberg
(donde Celia sí apareció fue en “Los reyes del mambo”
y “Salsa”, así como en telenovelas y seriales televisivos).
Enemiga acérrima del régimen de Fidel Castro, la vocalista
destacó entonces que esa eventual cinta suya “posiblemente toque
el tema de la Revolución Cubana”, la cual triunfó en enero
de 1959.
La madre de Celia se hallaba enferma, por lo que ella salió
del país para “buscar plata”; según refirió la cantante
en varias ocasiones, su madre murió y el régimen de Castro
no le permitió regresar para enterrarla. Cada vez que algún
periodista le preguntaba cuándo cantaría en Cuba, ella rezongaba:
«Volveré cuando se muera ese tipo (Castro), chico… ¿Por
qué no me preguntas de mis discos? ¿Acaso ves algún
cartel de él aquí? ¿Acaso le preguntarías a
él, si lo entrevistas, que qué opina de mí?»
Y aunque Fidel la sobrevivió, Celia Cruz todavía tuvo
tiempo para expresar agradecida a la prensa mexicana en aquella ocasión:
«No sé si vayan a nombrarme parte de la Revolución
Cubana, sin embargo, creo que es posible porque por ese hecho histórico
yo tuve la oportunidad de darme a conocer en México y ser lo que
ahora soy.»
Hora de luto
La muerte de Celia ocurrió a pocos días de haber fallecido
otro grande de la música cubana, el “viejito” de 95 años
del “Buena Vista Social Club”, Compay Segundo, el domingo
13, en Cuba.
La radiodifusora “Sabrosita 100.9 FM”, que transmite música de
rumba desde la Ciudad de México, declaró luto todo este fin
de semana por ambos artistas, prometiendo difundir sólo sus melodías.
El productor Alejandro Suart, quien representó a la cubana
en múltiples giras, se mostró consternado, al grado que no
supo cómo dar a conocer la noticia al público salsero: «Creo
que lo mejor es recordarla con las cosas positivas, con su alegría,
con su sencillez y olvidar aquello de Fidel...»
Sin embargo, no pudo guardarse las lágrimas: «Yo trabajé
en la compañía de discos suya antes que hiciera sus dos últimas
grabaciones con Sony. Trabajamos mucho tiempo con ella y lanzamos ‘La
vida es un carnaval’, que acá en México vendió
150 mil copias y muchas más en Argentina. A nosotros nos tocó
promover sus grandes discos finales. Ella estuvo 15 veces nominada, pero
ganó primero un Grammy con el tributo en homenaje a Beny Moré,
en 1989; luego, otro con Ray Barreto, ‘El ritmo del corazón’,
y entonces su cañonazo ‘Carnaval’. El día nacional
de la salsa en Puerto Rico está dedicado a ella, y voy a ir a Miami,
para verla, velarla y despedirla, es una obligación sentimental.
Sin lugar a dudas, Celia Cruz no puede dejar de vivir musicalmente.»
Suart habló del profesionalismo de la creadora de grandes éxitos
como “Tu voz” y “El yerberito moderno”, pero también señaló:
«Ella nació en Santo Suárez, barrio de La Habana, quizás
en 1924, estudió en el Conservatorio de Cuba entre 1947 y 1950,
cuando se unió a La Matancera. Vino a México y Castro no
la dejó volver para enterrar a su mamá. Ella preguntaba:
¿para qué iba a ir a Cuba?, y en 1960 se radicó en
EE.UU..»
Homenajes
En la década de los noventa le ‘llovieron’ los homenajes, como
el “Premio Éxito a la Vida”, que le da la Institución Smithsonian;
“La Medalla Presidencial” del gobierno colombiano, así como el Premio
Hispánico Heritage. Uno de los más emotivos fue en 1994,
cuando Bill Clinton, entonces presidente norteamericano,
le otorgó el máximo reconocimiento artístico: el Nacional
Endowement for the Arts, en ceremonia celebrada en la Casa Blanca.
Si bien el escritor exiliado Guillermo Cabrera Infante la alabó
en sus escritos, a la par que criticó al régimen de Castro
por haber mandado “parar los bongóes” (“Celia está a la altura
de Bessie Smith y Billie Holiday, más allá de Sarah Vaughan,
Ella Fitzgerald y Nina Simone”, alababa), en 1995 el periodista colombiano
Humberto Valverde publicó una importante biografía de la
cubana - norteamericana: “Reina Rumba”, en Editorial Atenas, donde afirmaba:
«Su deseo siempre fue morir en el escenario como Miguelito
Valdés. Sería lamentable que tuviera un mal morir...
Su trabajo con La Matancera fue su consagración.»
En diciembre del año pasado, cuando la revista Proceso presentó
su número especial sobre la isla, “Pasión por Cuba” en la
Feria Internacional del Libro en Guadalajara, Jalisco, la delegación
cubana para la cual el evento fue celebrado, tuvo que responder a las preguntas
de por qué Celia Cruz no estaba allí. El trovador Manuel
Argudín señaló entonces: «A ella jamás
se le ha exiliado de la música cubana, al contrario: es una figura
emblemática; pero, además, si aceptara venir, la echarían
de Miami.»
Sus inicios
Celia fue hija del fogonero de ferrocarriles habaneros Simón
Cruz, quien deseaba para ella la carrera de maestra normalista. En el programa
radiofónico “La Corte Suprema del Arte” ganó el primer premio
y así se inició profesionalmente con el tango “Nostalgia”,
a ritmo cubano y acompañándose de unas claves.
Se dio a conocer en Cuba gracias a los programas de radio de la RHC
Cadena Azul, siendo contratada por la emisora comunista Mil Diez, y más
tarde cantó para la Unión Radio y Radio Cadena Suaritos,
según cuenta la cubana Minerva Salado, autora nacida en 1944 en
“Cuba, revolución en la memoria” (IPN, prólogo de Elena
Poniatowska, 1996).
La Sonora Matancera significó su gran escuela y cada vez que
se reunía con ellos para cantar, Celia recordaba aquellas grabaciones
que habían hecho como “insuperables”. Muchos de esos registros únicos
los tiene Genaro Vázquez, del grupo “África”, quien la acompañara
en varios conciertos en México cuando La Matancera ya no pudo seguir
con ella.
Cuando en los sesenta se presentó en el Teatro Blanquita en México,
iba de blanco. Siguieron una serie de presentaciones por Nueva York y la
República Mexicana que duraron 18 meses. A su regreso se casó
con Pedro Knight en la Iglesia de la Santísima Trinidad en México.
Fue en aquel tiempo cuando se unió a Memo Salamanca para grabar
el disco “A ti, México” y “Nuevos éxitos de Celia Cruz”.
Justamente en este disco, mientras cantaba “Te solté la rienda”,
de José Alfredo Jiménez, acuñó
su famoso grito “¡Azúcar!”. El también desaparecido
timbalero Tito Puente, autor de “Oye cómo va”, decía:
«Celia es una guarachera, sonera, es su estilo. No hay muchas mujeres
como ella, es única en su género, como Miguelito Valdés.
Cuando uno hace arreglos para ella debe tomar en consideración su
inspiración y su cosa. Todavía puede dar más, es un
talento único. Cuando se quiera retirar, ya nadie podrá reemplazarla.»
Hace algunos años, colaboró en un disco homenaje a The
Beatles, pero se negó a cantar “Obladí Obladá”
en inglés y se le arregló una letra en español donde
narra el romance con su esposo. Y si bien era y es admirada por el público,
Celia tuvo algunas declaraciones desconcertantes para las nuevas generaciones
que admiraban su capacidad camaleónica, como cuando en diciembre
de 1998 lamentó la autorización del gobierno británico
para que Augusto Pinochet fuera extraditado a España y ser juzgado
por crímenes contra la humanidad.
«Me duele, nada más digo eso. Ya está muy viejito
y deberían dejar que vaya poniendo su cama», expresó
entonces al periodista Arturo García Hernández.
En mayo del 2001 estampó sus huellas y firma en el Paseo de las
Estrellas de Miami Beach y recibió las llaves de la ciudad, luciendo
una peluca guinda. Entonces declaró que sólo volvería
a cantar en Cuba «cuando se vaya el cáncer (Fidel), y si fuera,
primero iría al cementerio para ver la tumba de mi madre que no
me dejaron enterrar, y de ahí al Parque Central, a cantarle a todos
los cubanos que me están esperando».
Y dio más de qué hablar, al sugerir que el Grammy Latino
debía desaparecer, «pues los latinos no sabemos hacer las
cosas organizadamente, peleamos mucho, y ya desde el primer día
del Grammy Latino 2001 ya estábamos peleando, debería desaparecer».
La salsera también participó en Santo Domingo, República
Dominicana, en los festejos del 45 aniversario del merenguero Johnny
Ventura, donde promovió “La negra tiene tumbao” e
insistió en que Woopi haría su vida a la pantalla grande:
«Nos hemos visto, pero no hemos hablado porque yo no sé inglés
y ella tampoco sabe español».
Y a manera de despedida
«Admiro mucho lo que hizo Compay Segundo y BVSC,
pero no creo que dure porque hay que renovarse o morir. Y para no seguir
haciendo la misma salsa y el mismo merengue, se deben hacer mezclas.
“Yo estoy a favor de esto y el día que no encuentre a algún
salsero para colaborar, seguro que entonces me pondré a hacer rap…
Sólo Dios puede retirarme del ambiente artístico y terminar
con mi carrera, pero hay Celia para más y seguiré sacando
discos hasta que el cuerpo aguante.»
El mundo sonero extrañará su canto en conciertos:
“No vayas a olvidar a esta humilde guarachera, así que nunca olvides
mi nombre: yo me llamo Celia Cruz, ¡ay, la bemba colorá!
¿Cómo me llamo?»
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