PROSPERIDAD Y ADVERSIDAD Cuida que la prosperidad no excite tu corazón más de lo debido. Tampoco debe deprimirse tu mente hasta las profundidades porque la fortuna sea ruda contra ti. Las sonrisas de ellas no son estables, por lo tanto no fundes en ellas tu confianza; su ceño tampoco se frunce para siempre, por lo tanto deja que la esperanza te dé paciencia. Soportar bien la adversidad es difícil; pero tener templanza en la prosperidad es la cumbre de la sabiduría. El bien y el mal son las pruebas por las cuales conocerás tu constancia; ninguna otra cosa podrá decirte los poderes de tu propia alma; por lo tanto alerta cuando se te aproximen. No permitas que la adversidad arranque las alas de la esperanza; tampoco dejes que la prosperidad oscurezca la prudencia. Quien desespera del fin, jamás lo alcanzará y quien no ve la celada, perecerá en ella. Quien dice que la prosperidad es su bien; quien dice a ella, contigo fundaré mi felicidad, echa ancla a su navio en un lecho de arena que será arrastrado por la marea descendente. Como el agua que viene de las montañas y en su camino hacia el mar besa los campos contiguos al río, sin detenerse en ningún lugar, así la fortuna visita a los hijos de los hombres; su movimiento es incesante; jamás se detiene, ¿cómo entonces la alcanzaras? El sabio saca ventaja de todo; con el miso semblante contempla todas las fases de la fortuna; gobierna al bien y vence al mal; y se mantiene sin conmoverse. No presumas en la prosperidad ni desesperes en la adversidad; no busques peligros ni huyas bajamente de ellos; atrévete a desdeñar a todo lo que no permanezca contigo. Desconozco su autor.