LA LECCIÓN DE UN HIJO La pasión de mi hijo Daniel por el surf empezó cuando tenía trece años. Todos los días, antes y después del colegio, se ponía su equipo, se ubicaba mas allá de la línea de surf y esperaba que lo desafiaran sus compañeros de noventa centímetros a un metro ochenta. Una tarde, el amor de Daniel por las corridas fue puesto a prueba. -Su hijo tuvo un accidente -informó el guardavidas por teléfono a mi marido Mike. -¿Grave? -Grave. Cuando el agua lo levantó, la punta de la tabla le dio en el ojo. Mike lo llevó a toda velocidad a la sala de guardia y allí lo derivaron al consultorio de un cirujano plástico. Recibió veintiséis puntadas, desde el rabillo del ojo hasta el puente de la nariz. En el momento en que a Dan le cosían el ojo, yo regresaba de regreso a casa en avión, luego de dar unas charlas. Mike fue directamente al aeropuerto al salir del consultorio médico. Me saludo en la puerta y me dijo que Dan estaba esperando en el auto. -¿Daniel? -pregunté. Recuerdo que pensé que ese día las olas seguramente habían estado agresivas. -Tuvo un accidente, pero estará bien. La peor pesadilla de una madre que viaja por trabajo se había hecho realidad. Corrí hasta el auto tan rápido que se me rompió el taco del zapato. Abrí violentamente la puerta y mi hijo menos, con el ojo emparchado alargó los brazos y me gritó: -Oh, mamá, me alegra que estés de vuelta. Sollocé en sus brazos diciéndole lo mal que me sentía por no haber estado cuando llamó el guardavidas. -Está bien, mamá -me consoló. De todos modos, no sabes hacer surf. -¿Que? -pregunté, confundida por su lógica. -Estaré bien. El doctor dice que puedo volver al agua en ocho días. ¿Estaba loco? Quería decirle que no iba a permitirle acercarse al agua hasta los treinta y cinco años, pero me mordí la lengua y rece para que se olvidara del surf para siempre. Durante los siguientes siete días insistió en que lo dejara volver a la orilla. Después de haberle repetido enfáticamente "No" por centésima vez, me venció en mi propio terreno. -Mamá, nos enseñaste a no abandonar lo que amamos Entonces trató de sobornarme. Me había comprado un poema enmarcado de Langston Hughes "porque me hizo acordar a ti". Me di por vencida. En ese entonces, Daniel era simplemente un chico apasionado por el surf. Ahora es un hombre con responsabilidad. Está entre los veinticinco mejores profesionales del surf del mundo. Me pusieron a prueba en mi propio campo con un principio que enseño a los públicos de ciudades lejanas: "Los apasionados se entregan a lo que aman y nunca lo dejan". Danielle Kennedy Del Libro "Otra Taza de Chocolate Caliente para el Alma"