Leyenda India
"Lobo Hambriento"

 
Un hombre joven y su mujer se hallaban cazando en las quebradas al norte de Little Missouri, detrás de las Montañas del Chorlito. El hombre acampaba allí con su mujer. Tenía éxito en la caza, y su mujer curtía las pieles y freía tiras de carne atasajada. Una noche, él le dijo que lo recogiera todo, pues al día siguiente se irían. A la mañana siguiente, salió temprano para conseguir algo de carne fresca para el viaje, y volvió con trozos de un Carnero de las Montañas Rocosas y su piel, que el Pueblo considera muy valiosa. Encontró los bultos sobre el andamiaje tal como los había dejado, pero su mujer y Perro se habían ido. 

Rodeando la tienda, no halló rastro alguno, pero al cuarto día, encontró unas cuantas huellas de hombres. Con ellas, había las huellas de su mujer y su perro, que se dirigían al sur. Volvió al campamento, majó la carne, asó la más grasa y la guardó en bolsas para ir comiéndosela por el camino, y luego siguió la pista. Los fugitivos ocultaban su pista separándose y volviéndose a juntar, luego, por lo que las huellas eran difíciles de seguir. Así pues, siguió a una partida que él estimaba que constaba de doce personas. Cuando llegó al otero llamado «Parece-como-una-Cola-de-Pollo», giró al suroeste y vio que se elevaba humo de un campamento. Esperó hasta el Ocaso, y entonces penetró en el campamento. Allí, se paró un momento, reflexionando. Se cubrió la cabeza con el manto, bajo el cual llevaba arco y flechas para un caso de ataque. Pudo ver a unos hombres jóvenes yendo y viniendo ocupados en cortejar. Mientras iba de tienda en tienda, escuchando para obtener señales de su mujer, su Perro salió corriendo de una tienda y dio saltos sobre su amo. Este le dio comida. El Perro entró otra vez en la tienda, gañó, meneó la cola y corrió otra vez hacia su amo. Este avanzó y se detuvo en la entrada. Dentro, pudo ver a su mujer, sentada. Una anciana llegó y, con gran sorpresa suya, su mujer le habló en Gros Ventre. Era una anciana que también había sido hecha prisionera, y había vivido entre el enemigo hasta llegar a vieja. 

El estudió la situación del campamento. En las afueras había un barranco, donde una fuente había formado una pequeña laguna. Un sendero, hecho por las mujeres que iban a buscar agua, conducía hasta ella. junto a la laguna crecía la hierba del Castor, larga y fina, hasta la misma orilla del agua. Se ocultó allí, esperando que cuando su mujer baje por agua, podrían planear la huida. Su plan consistía en ponerse en camino por la noche, ir en dirección oeste hacia las montañas y regresar a casa. Por la mañana, una multitud de mujeres bajó por agua. A mediodía, lo hicieron menos, a primera hora de la tarde, vio al Perro que venía por la orilla, meneando la cola. Su mujer llegó al margen de la fuente y, de pie sobre una piedra, se inclinó para sacar agua. El dijo: «Quédate ahí donde estás, corazón mío; te oí hablar anoche con la anciana. Mi plan es que vengas aquí cuando todos duerman. El Pueblo creerá que volveremos a nuestro antiguo campamento, así que iremos hacia las montañas y viviremos de la caza de camino a casa. Más tarde, regresaremos a recoger nuestros bultos al campamento. 

El se tumbó detrás de la hierba. Por la tarde, después que las mujeres que fueron por agua se hubieron vuelto, vinieron los hombres y rodearon la laguna. Lo redujeron, le quitaron el arco y las flechas, lo llevaron a una tienda y le dieron de comer. Llegó su mujer y miró al interior de la tienda. El dijo: «Pienso que eras tú quien me ha traicionado». 

Cavaron dos hoyos en un círculo, pusieron dos palos, le atravesaron los músculos junto al hueso en muñecas y tobillos, y le sujetaron brazos y piernas a los palos; luego le arrancaron el cuero cabelludo y, atándolo a un largo palo, sonaron tambores y todos salieron y bailaron la danza de la victoria y llevaron su cabellera de acá para allá sobre el palo. Trajeron leña e hicieron un montón delante de él y otro detrás con la intención de quemarlo. Pero en aquel momento, apareció un anciano, que parecía tener autoridad, y detuvo la danza e hizo signos hacia Sol, pero sus palabras fueron ininteligibles. La anciana Gros Ventre se llegó a él y dijo: 

- Querido, todo es por culpa de tu mujer. Tú te comunicaste con ella cuando fue por agua. Cuando volvió, dijo al campamento que había un Hombre del Maíz en el charco. Yo fui apresada de joven por este pueblo y he permanecido aquí desde entonces. Me casé y tuve hijos y nietos, de modo que he estado contenta de vivir entre ellos. Cuando trajeron aquí a esta mujer Gros Ventre, como era de nuestra tribu, fui a su tienda a consolarla. Tu mujer fue quien aconsejó que fueses capturado y torturado hasta morir. No se puede esperar que una mujer guarde un secreto. El hombre, que habló al Pueblo les dijo que cuando luchamos ,y ;matamos a un enemigo, lo matamos de forma rápida. Dijo: «El gran Dios de los Cielos nos está observando. Si quemáis a ese hombre, ese Gran Espíritu vengará algún día esta acción y nos castigará. Esperemos a ver lo que va a pasar». 

Al día siguiente, cuando el Pueblo levantó el campo, algunos fueron hasta él y le atravesaron los ojos; luego, lo dejaron y se marcharon. Cuatro días permaneció colgado. Al cuarto día, hacia el crepúsculo, oyó ulular un Búho. Este se aproximó y ululó de nuevo. El hombre podía oír como la hierba crujía como si un hombre anduviera cerca de él. Los pasos se detuvieron delante de él, y un hombre dijo: 

- Hijo mío, el ululato del Búho era yo mismo. He venido para ver qué puedo hacer para que recobres la vista.

Le oyó escupiese en las manos y frotarse las palmas. El hombre le dijo que alzara los ojos y le frotó las palmas de las manos por ellos, recobrando la vista. El hombre le dijo: 

- Debes levantarte y escuchar el amanecer, cuando el Sol viene por las colinas, y oirás temblar la Tierra y el sonido de algo caer a Tierra. Eso que oirás caer y, cuya vibración percibirás es arcilla blanca, que ha sido hecha para ti en el Cielo, y soltada del Cielo a la Tierra. La encontrará cerca del otero Hierba Roja, junto al Río del Cuchillo. Cuando llegues a casa, cuando organices una danza, que la sociedad de la Abuela limpie el solar para una cabaña y amontone la hierba en el centro como símbolo de tu permanencia. aquí. Desgarra un bastón en cuatro puntos como símbolo de los cuatro días que has estado aquí sin agua ni comida. Será un símbolo de larga vida y prosperidad. Da otro bastón igual a un hermano o algún pariente. Los dos bastones son símbolo de los dos palos del tormento. Habrá un círculo para la sociedad del Lobo, y los viejos exploradores girarán en tomo tuyo. Tómate todo un Invierno para preparar todos los artículos para la danza. Pide a todos tus amigos y parientes que te ayuden. Harán flechas y las darán como pago a los exploradores que canten y cuenten sus hazañas, y éstos las darán a sus hijos y parientes jóvenes para que las utilicen contra los que te torturaron. El año que viene encontrarás a ese mismo Pueblo acampado aquí, y matarás a cien de ellos. Capturarás a esa anciana Gros Ventre y a tu mujer. Perdónales la vida, pero no hagas a la mujer otra vez tu esposa. Te casarás con las hijas de tu jefe. Enseña a los guerreros a utilizar en la batalla escudos de piel de Bisonte endurecida con piedras ardientes. 

El Hombre - Búho le dijo que, por la mañana, vería a Lobo del Ocaso danzar con sus guerreros. El debía observar sus vestidos y aprender sus canciones y hacer de esa danza una parte de su misterio. Por la mañana, el Lobo del Ocaso llegó con sus guerreros, que eran una manada de Lobos. Lo soltaron y lo tomaron en su compañía, con el nombre de Lobo Hambriento. Los exploradores vienen a la zaga. El Cuervo, cuando vuela sobre el campo, viendo todo lo que sucede, es como el explorador. El Cuervo era el que había contado al Búho que el hombre estaba siendo torturado y lo había comunicado a Lobo del Ocaso. Por eso los dos hombres que dirigen la Danza del Lobo y que personifican a Lobo del Ocaso y Lobo Hambriento llevan plumas de Cuervo. Tal como hacen los Lobos con los que ayunan en la danza, así fueron los Lobos aquel día, quitaron las tiras de cuero crudo que lo ataban y le dieron a comer lo mejor de la grasa del Bisonte. Dijeron: «Esto te quitará el dolor del tormento. Cuando tu Pueblo mate un Bisonte, después de quitar la piel al esternón, deberán coger un bocado de la grasa, y sean cuales fueren sus dolencias, eso los curará». Cogieron grasa y le untaron las heridas de los brazos y las piernas y sobre la frente. Lo embadurnaron con arcilla blanca por todas partes y luego, como signo de curación, le hicieron marcas con sus uñas en la arcilla de las pantorrillas, del antebrazo y de la frente, dejando así la arcilla en listas. Esta arcilla blanca se usa en la ceremonia del Lobo. El montón en el centro del raso es el símbolo de su tortura. Cuando van danzando, deben irse hacia el lado derecho y danzar de derecha a izquierda para asegurar larga vida y prosperidad; si empiezan por la izquierda es señal de desgracia. Así pues, cuando el Pueblo fuma, la pipa se pasa lo más a la derecha del círculo, y luego se va pasando en derredor. 

Los lobos le dijeron que los siguiera. Cuando pasó por encima de la divisoria, encontró un Bisonte sacrificado y, puesto aparte para que él lo comiese crudo, sangre, riñón, hígado y tripas. El Lobo le puso en la cabeza un pedazo de piel de la cabeza del Bisonte, cantó una canción, y su cuero cabelludo arrancado sanó y el pelo se volvió del color de sus cabellos. De este modo, llegó a casa. Entonces, subió a su vieja cabaña, de cara al oeste y dijo: «¡Hi-hei!» (que significa «¡Escuchad!»). Habló a los lobos del oeste y dijo: «Este invierno tendré para vosotros lechos (pieles de Bisonte) y llevaré a los Lobos de mi cabaña (se refería a los guerreros) para vencer a mis enemigos». Tomando cazadores y Perros, volvió a su viejo campamento y trajo de vuelta sus bultos. Puso comida en aquellas cabañas en las que las sociedades se reunían y, a cambio, le dieron flechas y otras cosas para le ceremonia. Envió a una de sus hermanas a la cabaña del jefe, y pidió en matrimonio a las dos hijas de éste. 

Durante el Invierno, enseñó a los Lobos las canciones de explorador que había aprendido de los Lobos. En el Verano, envió a buscar la arcilla blanca e hizo que se celebrara la danza. Después hizo que el pregonero llamase a los jóvenes y a los viejos que tuvieran resistencia y rapidez y les dio mocasines y provisiones para el sendero de la guerra. En las afueras del poblado, se congregaron los guerreros. Cuando llegaron al otero, se le dijo que ese era el lugar en el que se había de extraer el almagre vivo que se encuentra allí en bolsas. Puesto que tenía demasiados exploradores, seleccionó los catorce corredores más rápidos de entre los cuarenta y cinco. Tenían que correr uno por uno entre dos metas, mientras los demás, en el centro, intentaban agarrarlos. Esto se llama «Pasar corriendo». Si alguno era agarrado antes de Regar a la otra meta, era eliminado. Siguieron y enviaron exploradores por delante. Estos informaron que había ciento cincuenta tiendas. Había dos mil quinientas personas en el poblado. Llegaron junto al campamento, lanzaron el grito de guerra y atacaron al amanecer. Después que hubieron matado a cien guerreros, él dio la señal de parar agitando su manto en el aire. No se mató ni a mujeres ni a niños, ni a anciano alguno. La anciana Gros Ventre y su mujer fueron apresadas. La anciana fue autorizada a volver con la tribu; la mujer fue devuelta al poblado. Nadie quiso casarse con ella, y ella introdujo la prostitución. 

En el poblado se bailó la mayor danza de la victoria que se conoce. Lobo Hambriento vivió hasta edad avanzada y tuvo hijos y nietos. El misterio, él lo pasó a su hijo, y así fue transmitido de generación en generación.


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