Se trataba de un joven que le gustaba escribir y de una chica que le encantaba pintar.
El vivía con la punta de sus dedos manchados de tinta azul, y ella con sus
manos salpicadas de pintura en tonalidades azules.
El constantemente trataba de describir en sus poemas, al cielo.
Ella insistía sobre las telas con pintar el mar.
Nunca quedaban conformes con lo que hacían...
Un día se conocen por casualidad, él le cuenta de su obsesión por describir el cielo, y ella la suya por pintar el mar.
El encuentro fue una mañana muy especial en una playa.
El mar estaba en todo su esplendor y el cielo era perfecto.
Los dos sentados sobre la arena dejaron pasar el día supuestamente admirando cada uno a su belleza azul.
La realidad fue que esa vez él observó el mar y ella el cielo...
Al llegar la noche, el joven tomó su pluma y compuso el poema más hermoso de todos los que había escrito, lo tituló simplemente "MAR".
La muchacha se encerró en su cuarto de pintura, y creó el cuadro más bello, de los que había logrado pintar hasta el momento, y lo llamó "CIELO".
Al día siguiente se vuelven a encontrar y ambos tenían una sorpresa para darse.
Ella le regaló el cuadro y él su poema.
Tal vez el muchacho jamás pudo describir, como quería, al cielo, y ella nunca logró pintar, como deseaba, el mar.
Pero al hacerse esos regalos, la incesante búsqueda de la perfección acabó para los dos.
Se enamoraron, la chica no pintó más al mar, ya que con tan solo leer el poema
su imaginación le proyectaba la imagen de su cuadro más perfecto.
El joven no insistió más en describir al cielo, porque con tan solo mirar aquel cuadro, en su mente se escribía el poema más precioso.
Desde entonces viven tomados de la mano, completamente enamorados, y cualquiera de nosotros puede verlos.
Tan solo basta con ir a una playa y mirar al horizonte, ese fino trazo donde se confunden sutilmente el Cielo y el Mar.
El Lobo