En algún lugar del inmenso bosque una vez un lobo encontró un cristal.
Lo veía brillar hasta que la noche convertía a todo el bosque en una especie de mancha oscura.
Desde lo alto en la montaña, bajó curioso y fascinado.
Al acercase descubrió a una hada traviesa jugando sobre aquel cristal.
Decidido a cuidar esa maravilla, por mucho tiempo el lobo no volvió a la montaña.
Y compartió el delicado cristal con la simpática hada.
Una noche el lobo descubrió al cristal destellando, cosa atípica desde que lo encontrara.
Dio unas vueltas alrededor de él y para mayor sorpresa a cada paso que daba lo veía resplandecer, aveces iluminándole la cara y otras transformándose en una pequeña luz con finitas y largas puntas como las de las estrellas. Entre tanto el hada dormía sobre él.
Por un momento el lobo distrajo su atención mirando hacia el cielo, pues los destellos se debían al resplandor de la luna llena. Al instante volvió su vista hacia el cristal, pues a el no le importaba de donde provenía la luz que lo hiciese brillar. Le bastaba con saber que su cristal brillaba por lo puro, limpio, claro y transparente. Con asombro descubrió al hada con un fragmento de cristal entre sus manos y una cantidad de trozos regados sobre el suelo de barro. El hada había despertado y se puso a bailar sobre el cristal. Ella dijo que cegada por el fulgor de la luna,
sin darse cuenta lo rompió (en un tono como quien pide disculpas)
El lobo agachó la cabeza y suavemente con sus dientes comenzó a juntar uno a uno los pedazos, posándolos sobre un pequeño colchón de hojas secas. De pronto escuchó el agudo y frío sonido de otro cristal roto. Era el hada que había arrojado contra una piedra el fragmento que tenia entre sus manos. El Lobo desconcertado volvió a mirarla. Y ella dijo, no te enojes, me pareció que te divertía juntar los restos de cristal. Y como el que yo tenia era el más grande y tu ya estabas terminando...
De inmediato la expresión en la mirada del lobo cambió rotundamente. Entre bronca y tristeza, apretaba fuertemente sus dientes y fruncía el ceño.
El hada sin entender lo que le ocurría al lobo, se fue ofendida por el cambio de actitud. Se alejó perdiéndose en dirección a la luna, soltando una fina lluvia del polvo de un cristal hecho añicos.
El lobo mientras la observaba con ojos desconsolados soltaba una lágrima...
Desde aquel entonces, si te internas en un bosque encantado, puedes encontrar volando a un hada, dejando una estela
"mágica" de partículas brillantes (polvo de un cristal), o a un lobo aullando hacia la luna.
El Lobo