Caminaba por el andén mirando mi reloj. Impaciente estaba porque llegase el tren.
Pensando en miles de cosas a la vez, me detuve casi al final de la estación.
Me acomodaba la corbata, y en un momento de distracción fue cuando la vi.
Entonces, me olvide del tiempo y de las preocupaciones. Me di cuenta que estaba prácticamente solo en aquel lugar. Descubrí que ese día, era un hermoso día. Y hasta casi me olvido de subir al tren...
En el mismo vagón viajamos, ella en un rincón y yo al lado de una anciana.
El tren comenzó a detenerse, mire por la ventana y era mi destino. Bajé y al alejarse el tren, reaccioné... Apurado caminé por el andén mirando mi reloj. Pensando en miles de cosas a la vez me fui de la estación.
Al día siguiente, casi en el mismo horario, caminaba por el andén mirando mi reloj.
Ansioso esperaba que llegara el tren. Pensando en miles de cosas a la vez, me detuve casi al final de la estación. Me acomodaba la corbata, y mientras se acercaba la maquina, en un momento de distracción, de ella me acordé. Miré hacia un lado y hacia el otro, pero no la encontré.
Dejé que pase ese tren. Esperé el próximo sentado completamente solo en el andén.
Se acercaba una nueva maquina, e inútil fue la espera. Ella no apareció. Un tanto decepcionado, subí...
Y para mi sorpresa volví a encontrar a la anciana. Con algo de ilusión recorrí el vagón de punta a punta, esperando verla. Pero no estaba.
No sé porque, pero me acerqué a la anciana y le pregunté, describiéndole a la encantadora dama, si la había visto alguna vez. Ella me miró con sus apacibles ojos y transmitiéndome una profunda tranquilidad me dijo: “La conozco. Ella viaja muchas veces en este tren, y cualquier día de estos la puedes volver a ver...”
Le agradecí enormemente su respuesta, ya que sus palabras me llenaban de ánimo. Y para no ser descortés le pregunté su nombre. La anciana se sonrió y dijo: “Me llamo Esperanza...”
Sin querer ser atrevido o insistente, le pregunté tímidamente si también sabía el nombre de aquella mujer. Entonces aprontándose serenamente para bajar, y dándome dos suaves palmadas en la espalda expresó: “Su nombre... su nombre es Felicidad”
"El Lobo"
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sobre Felicidad y Esperanza