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Los
días persiguiéndose |
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27 de octubre de 2005 Conservatorios En la educación mala, canalla y pobre que sufrimos, la enseñanza musical es una cíngara. Los políticos la han convertido en un carromato lateral al sistema, con la vergüenza de sus cubos colgados por fuera y el dinero justo para comprar una braga y una cuerda de guitarra. Los profesores precarios, el material que está podrido o está esperándose, todo lo que le falta como a una bombilla pelada, más el trastero en que la han colocado, algo así como una FP de melancólicos. Hace poco firmé un manifiesto por la mejora de la enseñanza superior de la música (pueden hacer ustedes lo mismo en www.almudenacano.com) que era como un himno por la mera dignidad. Chaves sacó en el comienzo del curso a un niño con piano, pero en los conservatorios los pianos hay que desenterrarlos como anclas y los pianistas practican más que nada en los mostradores. Los políticos están para otra cosa y sólo miran hacia la líquida poesía de lo musical si les sirve para el autobombo o les suspenden a la niña, como en este caso que me cuentan desde La Línea: Dos alumnas de piano suspenden en la última convocatoria, pues por lo visto tocan con los pies, y reclaman al conservatorio, que desestima el recurso porque con los pies no suena nada bien el piano, por mucho que hayan llamado el director del conservatorio de Cádiz, el jefe de estudios del de San Fernando y el inspector de zona para decir que una “es hija de compañeros”. Ante un nuevo recurso a la Delegación de Educación, ésta forma una comisión en la que están... ¡esos tres que llamaron pidiendo pasar la mano!, y las aprueban. Me dicen los profesores, indignados, que una es hija de José Fuentes, aquel alcalde de Tarifa. La otra, una amiga. El próximo año, quizá Chaves las lleve a tocar el piano para su propaganda, en playback, claro. Matando a mi violín, creo que le evité muchos sufrimientos. Los conservatorios no son Montmartre, pero dan buhardillas, sordinas bajo la lluvia y lánguidos menesterosos o suicidas. Son como aprender la música en su hambre. A veces, los echo de menos. |