Al final Alícia consiguió volver a su tamaño original. Y no precisamente gracias a la ayuda del Conejo Blanco y sus amigos, sino probando y probando y probando el contenido de aquellos bidones.
- Hola Alícia. Me alegro que hayas vuelto al país de las Maravillas.- oyó Alícia. Se giró en dirección a la voz, y en aquel momento, una bocanada de humo le vino a la cara.
Era la oruga, que continuaba fumando en pipa.
- Ostras, - dijo Alícia- Has crecido bastante desde la última vez que nos vimos.
- Bien, si un poco, supongo que me he transformado.
-¿ Y cual es tu altura ahora? - preguntó Alícia.
- Mira, ahora mismo, mi altura es de tres pulgadas más la mitad de mi propia altura
- Por qué todo el mundo en este país tiene que contestar una pregunta con otra pregunta?- Murmuró Alícia y se marchó enfadada.